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76 CULTURA LUNES, 29 DE JUNIO DE 2015 abc. es cultura ABC Oriana Fallaci La mujer que miró a los ojos del poder y el islam Una biografía descubre el lado más personal de la periodista, desde sus días como cronista en Hollywood hasta su enfrentamiento con distintos jefes de Estado JORGE S. CASILLAS MADRID P resumía de no pesar más de 48 kilos y muchos se asustaron cuando la vieron por primera vez. ¿Cómo cabía tanto carácter en un cuerpo tan pequeño? Era Oriana Fallaci, considerada por muchos una de las mejores periodistas de la historia, que hizo del mal genio una virtud y de la pregunta impertinente un género. Su historia vuelve a la luz en una biografía escrita por Cristina de Stefano, compatriota, que ha construido a través de sus cartas, sus libros y los testimonios de aquellos que la acompañaron un perfil vibrante y equilibrado. En La corresponsal (Editorial Aguilar) conocemos primero a la madre de la criatura, Tosca, una mujer esclava de un embarazo joven convertida en Cenicienta por su propia suegra. Tosca dio a luz a Oriana, una niña preciosa. No estabas roja ni arrugada como los demás recién nacidos le decía al tiempo que le rogaba constancia en los estudios para no terminar como ella, convertida en una ama de casa sin aspiraciones. Desde muy joven, Oriana cultivó el carácter que más tarde le permitió echar raíces en un mundo reservado a los hombres. Oriana Fallaci entrevistando al ayatolá Jomeini La próxima guerra estallará entre los que comen carne de cerdo y los que no Además de un carácter reconocible, Oriana Falacci desarrolló una asombrosa capacidad para anticiparse a los hechos. Fallaci era una feminista convencida y en más de una ocasión chocó con la forma en que el islam trataba a las mujeres. Esta sábana dijo en referencia al burka tiene dos agujeros a la altura de los ojos o una densa rejilla de dos centímetros de altura y seis de ancho; a través de estos agujeros o de esa rejilla las mujeres miran al cielo y la gente como si lo hicieran desde detrás de los barrotes de una prisión Pero no fue hasta finales de los ochenta cuando vaticinó mucho de lo ocurrido en los últimos tiempos con la amenaza yihadista y el Estado Islámico. En su libro Inshallah publicado en 1990, ponía en boca de uno de sus personajes la siguiente reflexión: Pero, ¡qué rusos y americanos, qué comunistas y capitalistas ni qué ocho cuartos! La próxima guerra no estallará entre ricos y pobres: estallará entre güelfos y gibelinos, es decir, entre los que comen carne de cerdo y los que no la comen, entre los que beben vino y los que no lo beben, entre los que susurran el paternóster y los que gritan ¡Alá es grande! Me volví dura y agresiva Según me decían, antes de ir al colegio era muy apacible contó una vez. En él me volví dura y agresiva, me convertí en una persona rabiosa cuando descubrí que era mejor que los demás y que ellos eran ricos Esto fue un estímulo para Oriana, que sacó siempre muy buenas notas con el fin de corregir esa injusticia. Empezó la carrera de Medicina que pagaba escribiendo con regularidad en Il Mattino pero no tardó en dejar la Facultad: Obligada a elegir entre la Medicina, que no me pagaba, y el periódico, que me pagaba, opté por el periódico Se instaló en Milán para trabajar en L Europeo donde terminó de hacerse grande. La mandaron a cubrir información de Hollywood como redactora a caballo entre la cultura y la alta sociedad. Era tan irrespetuosa escribe Cris- tina de Stefano, autora de la biografía que el lector se sentía poco menos que vengado en su gris rutina A partir de ese momento, sus jefes comprendieron que meter la firma de Oriana en portada era sinónimo de vender más. En Estados Unidos quiso conseguir una entrevista con Marilyn Monroe. Olvídalo, yo llevo seis meses buscándola en vano le advirtió un compañero. Para dar con ella, acudió junto a una tal Giovanna al estreno teatral de una amiga de la actriz. Oriana iba a todas partes con una grabadora inmensa, que hoy no pasaría como equipaje de mano en mu- chas aerolíneas. Buscaron por los pasillos y entre los camerinos sin éxito. Pasaron tanto tiempo que se quedaron encerradas en el teatro. Durmieron en unos sillones y al día siguiente las echaron. Fue muy dura con las estrellas de Hollywood, sobre todo con aquellas que no le prestaban mucha atención o, en su defecto, no le dejaban grandes titulares. Elvis no quiso recibirla y lo pagó. En el siguiente número, Oriana le describió como un idiota que solo se movía si iba precedido de una multitud de jóvenes Frank Sinatra tampoco la recibió y ella se prometió no volver a hablarle, hasta que coincidieron butaca con butaca en el estreno de una película. Miré hacia la pantalla fingiendo que no lo veía. Pero Frank Sinatra tiene buena memoria. Poco antes de que las luces de la sala se apagaran me tocó con un dedo en un brazo y con la más ingenua de sus sonrisas me dijo: Hello, ¿Aún estás enfadada? Eso domesticaría hasta a una serpiente. No digamos a una mujer Se quita el velo Su éxito en Estados Unidos la convirtió en la corresponsal de guerra más cotizada del momento. Debutó en Vietnam,