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14 OPINIÓN LLUVIA ÁCIDA PUEBLA LUNES, 29 DE JUNIO DE 2015 abc. es opinion ABC DAVID GISTAU EL VOTO FUNDADOR Que el PP no tenga asegurado el voto de su fundador debería considerarse un síntoma de madurez y buena calidad de la militancia L PP no tiene garantizado el voto de Aznar. De hecho, debe recuperarlo. Si no el voto, al menos una disposición mejor que el profundo mal humor con el que lo concede a regañadientes según la expresión atribuida a una señora votante por el propio Aznar en la entrevista de Bieito Rubido y Montserrat Lluis en ABC. Que Aznar se esté pensando votar al PP puede sonar tan inquietante como la cólera de un dios menor ante las desviaciones de sus propios hijos, castigados con estatuas de sal y lluvias de sapos. Pero el tono de la entrevista sugiere un contexto menos dramático. Primero, porque Aznar no trata de agitar dentro del PP una nostalgia sebastianista que sea el preludio de alguna maniobra de restauración. No está fletando nada para salir de Elba. Además, después de un largo silencio, ha elegido para expresarse un momento casi tardío, con el desastre electoral del 24- M ya digerido, con ciertas resignaciones del PP definitivamente enquistadas. En el PP, las reflexiones ya parecen todas autopsias del marianismo después de un desastre en las elecciones generales. No contienen hálito creador y además están abrumadas por el tiempo que se acaba, que parece el del condenado que escucha pronunciar en su galería la terrible apelación litúrgica de quien va hacia el cadalso: Dead Man Walking Que Aznar llega con cierto retraso se aprecia en que dice cosas muy parecidas a las que sostuvo con varios artículos Cayetana Álvarez de Toledo sin el auxilio de nadie en el ambiente monolítico y en un momento en que la presión era mayor y la infantería marianista acudía presta a sofocar al discrepante. Contra Aznar quiero verla ahora, por cierto, ya que por fin se ha puesto a decir las mismas cosas que hace un cuarto de hora te marcaban como traidor. Pero no llueven sapos porque Aznar se detiene justo antes de pedir un proceso interno de renovación, a pesar de que todo su diagnóstico no puede abocar sino a eso. Pero, claro, no en vísperas electorales: ahí sale la costumbre de aparato, la prioridad táctica. Que el PP no tenga asegurado el voto de su fundador debería considerarse un síntoma de madurez y buena calidad de la militancia. Más, al menos, que la concesión innegociable e irreflexiva del voto que hacen, mientras agregan prebendas a su historial, comisarios profesionales como el de RTVE. El PP debería estar satisfecho por contar entre sus votantes a muchos con suficiente instinto moral como para retirar el voto si le estafan los principios. Que el PP actual es estéril se nota en que comprende esto y sólo es capaz de reaccionar traficando miserablemente en las esquinas con el miedo a la horda. En la búsqueda de un PP sin Rajoy, sin decepción y sin corrupción, el votante comete el autoengaño de detectar la derecha idealizada en Ciudadanos, y entonces trata de silenciar esa voz interior que le advierte de que no tiene ninguna garantía de que ese voto no lo use luego Rivera para investir a Schz. Esa paradoja tal vez sea la pirueta terminal del marianismo. E EL ÁNGULO OSCURO JUAN MANUEL DE PRADA PAMPLINAS DE NENAZA Para combatir este fin necesitamos hombres como Carlos Martel, como Pelayo y Juan de Austria. No necesitamos hombrines arrugados AS recientes masacres islamistas nos han permitido escuchar algunas pamplinas que dan grima. El primero en piar chorradas blandengues ha sido Pedrín Sánchez, plusmarquista del lugarcomunismo miramelindo y rebozadito en almíbar: La unidad de los demócratas vencerá y derrotará a la barbarie terrorista. ¿De qué unidad está hablando este cuitado? ¿De la unidad llorona de los pacifistas de hashtag y hachís? ¿De la unidad trincona de los arrebatacapas y los mamandurrieros? ¿De la unidad resentida de los que enarbolan la bandera de los indignados para poder vivir de bóbilis bóbilis? ¿De la unidad orgullosa de los vientres yermos y los apóstoles del ojete? ¿De la unidad bobalicona de los curas del ecumenismo happy- pandy? ¿Cómo van a derrotar los demócratas desfondados, incapacitados para cualquier empresa colectiva, ensimismados en el disfrute de sus derechos de bragueta y sus migajas de bienestar material, a los bárbaros que vienen a cortarnos la cabeza? ¿Alguien en su sano juicio puede creer que una sociedad desdeñosa de las leyes naturales y divinas, sin más norma que el hedonismo, corruptora de la juventud y envenenada de rencor va a derrotar a los bárbaros? Este Occidente terminal, huérfano de certezas, aferrado a sus placeres embrutecedores, tembloroso como un álamo, sólo suscita desprecio en el islam, que nos considera L con razón- -una chusma maricona, fofa y pusilánime, el vómito terminal de un paganismo con olor a caquita y a papiloma. La dura realidad, Pedrín, es que Occidente es un archipiélago de gentes divididas y gangrenadas por el escepticismo; y que nuestra división no tiene remedio, porque la argamasa sobre la que se fundó nuestra civilización, que es la fe cristiana, ha sido disgregada. Con siete mil hombres, más los cinco mil que le aportó el traidor Julián, consiguió Tarik derruir la Hispania visigótica; con apenas setecientos prestos a cortar cabezas podría el Estado Islámico derruir esta democracia, Pedrín. Y tú lo sabes. También lo sabe Rajoy, que puesto a soltar pamplinas ha optado por otro tópico majagranzas de una apestosa falta de decoro intelectual: Todos sabemos que la verdadera fe musulmana condena la violencia. ¿Qué condena ni qué niño muerto, alma de cántaro? Desde sus mismos orígenes, el islam se expandió a través de la violencia, lanzando una formidable ofensiva contra una Cristiandad pululante de herejías, en el norte de África y en Oriente Próximo, y también en Europa, que detuvo Carlos Martel en Poitiers, para que luego Pelayo iniciara una difícil reconquista de la Hispania visigótica que duró ocho largos siglos. Y la siguiente expansión del islam, que llevaron a cabo los turcos, fue también violentísima y en medio de masacres espantosas, iniciadas con la toma de Constantinopla y frenadas en Lepanto por don Juan de Austria, y luego a las puertas de Viena. Este proyecto de expansión guerrera, Marianico, no es algo coyuntural, porque el islam es una religión política, cuyo fin último es acabar con el mundo de la impiedad fin que, si en determinadas coyunturas el islam posterga, es por razones puramente tácticas. Y para combatir este fin necesitamos hombres como Carlos Martel, como Pelayo y Juan de Austria. No necesitamos hombrines arrugados como prepucios bañados en bromuro, blandos como cagalera de jilguero, que no hacen sino soltar pamplinas. Y que cuando los moros empiecen a rajarnos la gola harán lo mismo que hizo el traidor obispo Oppas, cuando el emir Muza entró en Toledo: entregar una lista con las cabezas que había que cortar. Podéis poner la mía en primer lugar, nenazas.