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62 CULTURA SÁBADO, 20 DE JUNIO DE 2015 abc. es cultura ABC Música The Chemical Brothers: bailando con los ojos en el Sónar DAVID MORÁN BARCELONA Noche de estreno y, también, de disyuntivas nada menores. ¿Bailar u observar? ¿Entregarse al frenesí polirrítmico de los hermanos químicos o quedarse rígido como una farola para no perder detalle del vasto arsenal de luces hipnóticas, proyecciones chillonas, visuales saturados de neón, reinterpretaciones de la iconografía japonesa y formas geométricas de lo más variadas? He aquí el dilema al que debían enfrentarse quienes el jueves asistieron al preestreno mundial hoy repiten, esta vez con entrada normal y no con invitación de la nueva gira de The Chemical Brothers en la jornada inaugural de las noches del Sónar. Un dilema que, en realidad, se esfumó pronto, ya que si hablamos del dúo británico lo uno va con lo otro y, por más que manejen como nadie la ciencia del ritmo y los entresijos del acción- reacción, es el aparato visual el que añade atractivo y actualidad a sus montajes. Es más: su música sigue deambulando aún por los noventa, con esos beats gruesos como pezuñas de elefante, los chorretones de acid y la conexión hip hop a los diez minutos ya habían soltado Hey Boy Hey Girl y Do It Again ¿quién dijo sutileza? así que la consigna estaba clara: bailar, sí, pero sin dejar de mirar. Tampoco parece que su nuevo trabajo vaya a moverles demasiado de esa baldosa de techno moldeado como por el martillo de Thor, así que la novedad estaba ayer en ver cómo lucía su vieja fórmula, la de Star Guitar o Believe con nuevos ropajes. Así que había que bailar, sí, pero también mirar las ingeniosas proyecciones de los patinadores de Go uno de los estrenos de su nuevo trabajo, Born In The Echoes o contemplar el escenario fundiendo a rojo infierno en Setting Sun o invadido por siluetas de animales con Doesn t Matter No quitar ojo del escenario mientras Ed Simons y Tom Rowlands desataban la enésima tormenta de electrónica de estadios. Mirar y remirar esos simpáticos robots gigantes que aparecieron antes de Under The Influence disparando rayos por los ojos desde los laterales del escenario y seguir los pasos de baile del monigote danzante de Galvanize primera detonación de esa bacanal final que completó la infalible Block Rocking Beats para, en fin, espantar la sensación de que, en realidad, uno lleva bailando lo mismo desde hace más dos décadas. Juanjo Mena, esta semana durante un ensayo en el Auditorio Nacional ISABEL PERMUY Juanjo Mena: Hay un mundo más allá de Google El vitoriano dirige hoy las seis sinfonías de Chaikovski en tres conciertos JULIO BRAVO MADRID Como una figura del toreo, Juanjo Mena se encierra hoy en el Auditorio Nacional con seis astifinos: las seis sinfonías de Piotr Ilich Chaikovski. Las interpretará a lo largo del día en tres conciertos incluidos dentro de la tercera edición de ¡Solo música! que organiza el Centro Nacional de Difusión Musical. Nadie hasta ahora lo ha hecho. El director vitoriano dirigirá las seis obras en tres conciertos: a las 12, con la Joven Orquesta Nacional de España, tocará la Primera y la Cuarta; a las siete, con la Orquesta Nacional de España, la Segunda y la Quinta; y a las diez, con la Orquesta Sinfónica de RTVE, la Tercera y la Sexta. Este último concierto se podrá seguir también a través de una pantalla gigante situada en la plaza de Rodolfo y Ernesto Halffter, junto al Auditorio. Tres conciertos en un mismo día suponen una exigencia física grande. Sobre todo por el aspecto emocional dice Mena la música de Chaikovski es tan expresiva que no se puede estar al margen; físicamente se debe entrar en la emoción, y exige una gran implicación. Eso el cuerpo lo nota Asegura el director que su única preparación física ha sido llevar tres semanas sin parar de dirigir. Pittsburgh, Copenhague, Madrid... Pero ya, con la edad, noto que no es igual que antes; que debo cuidarme, pero no lo hago porque no tengo tiempo Chaikovski, dice Mena, es un compositor ideal para proyectos como este. Tiene un lazo de conexión grande con el público. Por su estructura, por su forma tan unida a la danza y a los cantos populares es una música tan expresiva y tan emocional que resulta muy cercana No está de acuerdo con quienes lo consideran un compositor menor. Utilizar melodías populares en una sinfonía y hacer las variaciones maravillosas que él hizo no es algo liviano. Se puede decir que la estructura, a nivel armónico, es demasiado básica y esencial. Pero a partir de la Cuarta Sinfonía, sin embargo, hubo un gran cambio en su vida, tras el fracaso de su matrimonio, y empezó a componer de una manera mucho más emocional y descriptiva. Ese creo que es el éxito de las tres últimas sinfonías, en las que él describe vivencias muy personales Trabajar en un mismo día con tres Nuevos espectadores Cuando damos al público música fácil y simplona le hurtamos lo más grande que tiene: su profundidad orquestas diferentes, como va a hacer hoy, resulta estimulante y enriquecedor. Hay que reaccionar de manera diferente a lo que suena. A veces los directores y durante algún tiempo yo también cometí este error preparamos los detalles en nuestro estudio personal, y luego se llega a la sala de ensayos y sucede otra cosa. Yo cambio mi manera de dirigir con los jóvenes, y hay que trabajar de manera diferente con cada orquesta Con proyectos como ¡Solo música! se busca llegar a un público distinto al que va todas las semanas al Auditorio. Juanjo Mena está acostumbrado a este tipo de propuestas, ya que como titular de la BBC dirige habitualmente en los Proms londinenses. Es obvio que la sociedad está cambiando. Está cambiando nuestra cultura, nuestro humanismo, el respeto... Me hago viejo cuando hablo de estas cosas... Pero me preocupa lo que está pasando; creemos que con internet lo sabemos todo y lo tenemos todo, y creemos que no necesitamos leer. Pero hay un mundo más allá de Google. En este sentido, la sociedad tiene mucha más actividad recreativa, muchas más cosas que le pueden atraer, y al mundo de la música clásica le preocupa cómo atraer al público. Yo estoy en contra de cambiar la música clásica para llamar al público, porque entonces le daremos algo descafeinado. Cuando damos al público música fácil y simplona para cautivarle le hurtamos lo más grande que tiene: su profundidad, su vivencia personal, diferente cada día. La música se produce en el instante; lo que creamos hoy mañana será otra cosa