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8 ENFOQUE SÁBADO, 20 DE JUNIO DE 2015 abc. es ABC Grecia, al borde de la quiebra El susto es nuestro JESÚS LILLO Cuando el año pasado el Banco Central Europeo examinó las posibilidades de supervivencia de las entidades financieras de la eurozona, los expertos de Fráncfort, metidos a ingenieros, se limitaron a comprobar su resistencia ante unas condiciones sobra explicar que adversas de carácter exclusivamente técnico. A partir del análisis de los activos de los bancos, el BCE evaluó su capacidad para soportar las peores y más aparatosas tormentas macroeconómicas. No se les pasó por la cabeza, ni por la calculadora, porque no era su cometido, testar la fortaleza de estas entidades para soportar los devastadores efectos del populismo, que ya por entonces se anunciaba en los carteles. El miedo se puede detectar por el sudor de las manos o el aumento de la frecuencia cardiaca, pero también por las colas de los cajeros automáticos. El pasado jueves, los griegos sacaron de los bancos más de mil millones de euros, y ayer seguía el chorreo, a una velocidad que obligó a Mario Draghi a convocar una reunión extraordinaria del BCE y aprobar un crédito urgente de más de 3.000 millones para evitar el descalabro financiero de Grecia, cuyos cajeros y mostradores son la mejor vara para medir el pánico que provoca la irresponsabilidad política, mayor cuanto más poder tiene quien la ejerce. Desde que a finales del pasado enero comenzó el pulso entre el Gobierno de Atenas y sus acreedores, Alexis Tsipras ha confiado en el miedo para intimidarlos y hacerlos ceder. Ayer estuvo con Putin en San Petersburgo, que es la boca del lobo, la última frontera, el pasaje del terror, la antimateria y el no va más, todo junto, para quien se dedica a negociar a base de sustos. Ni por esas. Los socios europeos, como las bolsas, ya habían descontado los efectos de la fantasmada rusa, y han sido los griegos los que finalmente han terminado por ponerse a sudar y a sacar billetes de unos bancos que quizá la semana que viene no lleguen a abrir sus puertas. Putin, que siempre está para lo que haga falta, hizo ayer de figurante, como la niña del exorcista en un parque de atracciones, para que Alexis Tsipras lograse su propósito. Pero ya no es Europa la que se asusta, sino los propios griegos, incluso los que pensaban prejubilarse con 52 años a costa de Alemania. En España, donde el populismo se solía tapar con máscaras de V de Vendetta y pasamontañas, muy casual, como de planta joven, está por ver cuánto tarda en acelerársele el pulso a la gente. En Europa están ya muy trabajados. INTERNACIONAL AFP Vladímir Putin saluda ayer a Alexis Tsipras en San Petersburgo