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14 OPINIÓN VIDAS EJEMPLARES PUEBLA SÁBADO, 6 DE JUNIO DE 2015 abc. es opinion ABC LUIS VENTOSO DIVORCIÁNDOSE En España se registran 365 al día, y cada vez más S amuel Johnson es uno de mis héroes, junto a Bob Dylan, Valle- Inclán, Adam Smith, Rosalía de Castro, Kubrick y John Ford, Bach y Battiato, Michael Caine, Jep Gambardella o Miguelón Indurain... Johnson está en la historia por haber compilado el primer diccionario de lengua inglesa y por sus ensayos literarios sobre Shakespeare, que tienen tanta calidad que puede permitirse el raro lujo de tutear al esquivo Will. Pero siendo todo eso mucho, a mí no me interesa el Dr. Johnson por tales sapiencias, sino por su amistad a prueba de bombas con el putañero y dipsómano Boswell, su biógrafo, y por su sentido común apabullante, a prueba de bombas y oportunismos. Boswell, un noble escocés que derrapaba en las tinieblas de la noche, se pegó a Johnson como una garrapata. Cada noche, por muy beodo que aterrizase en el lecho, anotaba las sentencias del maestro. Con ese material, aquel zángano, por el que nadie daba un penique, escribió Vida del doctor Johnson que pasa por ser la mejor biografía de la historia. Los ingleses, pueblo tan friki como admirable, todavía conservan el culto a Johnson, tres siglos después de su muerte. Incluso es posible tomarse una pinta en el pub cavernoso de Fleet Street donde el sabio se corría sus parrandas. Su mesa favorita está coronada con un retrato del Doctor, con su rostro hosco de labios libidinosos y su peluca siempre mal encajada en demasiado cabezón, rebosante de neuronas. Johnson era un tipo excéntrico, que gustaba de tirarse a rolos de cuando en vez por la pendiente de alguna colina verde, para pasmo de sus pares, perplejos ante esas chiquilladas del venerable sabio. Sin embargo su buen juicio no fallaba. Hombre sentencioso, de voz tronante, ha dejado muchas frases memorables. Zapatero, que era agnóstico, concedió una vez una entrevista en la que hablaba del más allá y decía que no le preocupaba en absoluto. El Dr. Johnson no compartía esa opinión: Señor, un hombre que no tenga un miedo cerval a la muerte es un cretino solía bramar. También se ocupó del tema del divorcio, con una observación genialoide: Casarse por segunda vez supone el triunfo de la esperanza sobre la experiencia España vive, sin que se hable mucho de ello, una epidemia de divorcios. El año pasado subieron un 7,4 y hubo 365 cada día. A veces son inevitables, y hasta necesarios (aversión absoluta, maltratos) Pero otras se percibe que vivimos en una sociedad infantilizada, donde lo queremos todo y ya. Acabo de ver un divorcio en la sesentena de un matrimonio aparentemente feliz, con hijos veinteañeros y tres décadas de rodaje conyugal. Un día el tipo llegó a casa y soltó de sopetón: Ya no te quiero y me quiero divorciar Un clásico: la llamada de una piel lozana, la ilusión de una bola extra vampirizando el brillo de una persona joven. Tal vez le salga bien. O tal vez solo descubra la verdad: que las más ardientes pasiones son solo la antesala de más rutina y aburrimiento. Los bares están llenos de divorciados melancólicos, que un día pensaron que un cariño antiguo cotiza menos que un culo prieto. Allá, en la primavera de Westminster, Jonhson se carcajea en su tumba de la Esquina de los Poetas. HORIZONTE RAMÓN PÉREZ- MAURA DESPRESTIGIO AUTOINFLIGIDO ¿Es incompatible ser jugador de baloncesto y comprender que sorber y soplar al mismo tiempo es imposible? O, David Cameron, juro por Dios Todopoderoso que seré leal y guardaré verdadera fidelidad a Su Majestad la Reina Isabel, sus herederos y sucesores según la Ley. Que Dios me ayude Además de Cameron, otros 644 diputados británicos pronunciaron ese juramento el pasado mes de mayo cuando tomaron posesión de su escaño en la Cámara de los Comunes. Sólo hubo cinco que no lo hicieron, porque se niegan a guardar fidelidad a la Reina. ¿Quiénes son? Los amigos de Bildu y de ERC, que en el Reino Unido se presentan bajo el nombre de Sinn Feinn y son republicanos irlandeses. Los miembros de ese partido se niegan a hacer el juramento desde 1905. Y ¿qué ha pasado en todos esos Parlamentos habidos desde hace 110 años en los que unos diputados se negaban a efectuar el juramento requerido? Que no han podido tomar posesión de su escaño. Igualito que en España, donde, como debemos de saber de democracia parlamentaria más que los británicos, los amigos del Sinn Feinn llevan demasiados años haciendo del juramento a la hora de tomar posesión de su escaño en las Cortes lo que les place. Afortunadamente, la Junta Electoral Central (JEC) anunció el pasado 24 de mayo una resolución que daba respuesta a una consulta realizada por el Ayuntamiento de Falset (nombre muy adecuado en el caso Y que nos ocupa) sobre la validez de una fórmula que la Asociación de Municipios por la Independencia ha pedido a los concejales electos que pronuncien en su toma de posesión del próximo sábado 13 de junio: Por expresión democrática de la voluntad ciudadana, anuncio que quedo a disposición del nuevo Parlamento, del presidente y gobierno de la Generalidad de Cataluña que surja de las elecciones del 27 de septiembre del 2015, para ejercer la autodeterminación de nuestro pueblo y proclamar, junto con todas las instituciones, el Estado catalán, libre y soberano Afortunadamente, la JEC dijo que eso carece de validez. Aunque me cabe la duda de si al fin en España se va a desposeer de su acta de concejal a quien se empeñe en soltar la parrafada. A lo largo de los años se ha permitido saltarse la ley a quien ha querido hacerlo en materia identitaria. Y es evidente que uno tiene que poder reivindicar y ensalzar lo propio. Pero jamás a costa de lo de todos. En estos días tenemos un ejemplo que para mí llega al súmmum del desprestigio autoinfligido, que algunos quieren interpretar como generosa liberalidad. El pasado miércoles la Fundación Princesa de Asturias otorgaba su premio del Deporte a los hermanos Pau y Marc Gasol. Creo que los méritos deportivos de ambos están fuera de toda duda. Pero Marc se descolgaba al día siguiente con unas declaraciones comprensivas hacia la pitada que recibieron Don Felipe y el Himno Nacional en Barcelona en la final de la Copa del Rey. Es decir, Marc Gasol justifica el ataque a aquel por quien se creó el premio que él parece encantado de recibir. ¿Es incompatible ser jugador de baloncesto y comprender que sorber y soplar al mismo tiempo es imposible? Yo supongo que no lo es, pero como no parece que este hermano Gasol lo sepa, sería conveniente que la Fundación Princesa de Asturias encontrara una fórmula para impedir que reciba uno de sus premios quien apoya que se pite a quien le va a hacer entrega del galardón y al Himno Nacional de todos los españoles, incluso de Marc Gasol. Mal está tener que soportar pitidos injustificables. Pero quedarse nuestras instituciones impasibles mientras el Rey pasa de ser apaleado en el estadio a ser rebajado a la condición de cornudo por quien él mismo va a premiar parece una indignidad.