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8 ENFOQUE SÁBADO, 6 DE JUNIO DE 2015 abc. es ABC Alexis Tsipras, ayer en su escaño, antes de intervenir ante el Parlamento griego REUTERS Nuevo desafío a la troika Tsipras invierte en miedo JESÚS LILLO Toda Grecia viendo ayer la tele. Ponían otra vez Syriza La han visto mil veces, pero es lo que dan y lo que hay. Así llevan desde finales del pasado enero. Sale Alexis Tsipras, ayer en el Parlamento, y dice más o menos lo de siempre: las exigencias de los acreedores son absurdas, pero el acuerdo está más cerca que nunca. A este paso llega la fiesta de San Juan, que es cuando los hombres del campo solían hacer las cuentas y cuando Santiago Castelo se mudaba al dormitorio de dentro, más fresquito, y seguimos en las mismas. El populismo tiene raíz latina, pero la demagogia viene del griego clásico y remite a la misma idea de pueblo, utilizado como excusa, rehén y soporte de la irracionalidad. We the people es lo que también dice con aire constitucional y clamando al cielo Barack Obama cuando se pone hondo y patriótico, pero el pueblo griego, gastado de tanto repetir su nombre y de retocar sus necesidades y actitudes, solo aparece ya en los peores papeles oficiales. Víctima de su propio miedo, que va a más, el pueblo heleno aún consiente que Tsipras lo utilice. Se deja hacer, pero confiesa su temor. Una encuesta publicada ayer en Atenas revela que más de la mitad de los griegos son partidarios de un acuerdo con la troika, aunque supere las líneas rojas bajo las que el pasado enero intentaron cobijar su angustia. El 75 por ciento de los sondeados tampoco quiere abandonar el euro. Alexis Tsipras conoce estas cifras, pero son las pasiones las que le permiten encarnar al pueblo al que agita y asusta. Ahora, con los rusos: después de sacar de paseo a los muertos de la guerra y señalar a la Alemania nazi, que setenta años después es la que abona las pensiones a sus jubilados, Tsipras anuncia para dentro de dos semanas una reunión con los del Kremlin, que es lo que más miedo da a Europa desde el año 45, pero también a los griegos que un día llegaron a sentirse occidentales y que, puestos a fabular, incluso creyeron que en la UE cabían sus mentiras, pagadas por todos. Cuatro meses lleva Tsipras invirtiendo en miedo, incluso lo que no tiene, con la esperanza de que sean otros la troika o sus votantes los que frenen primero. De momento, acelera. INTERNACIONAL