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LUNES 18.5.2015 Editado por Diario ABC, S. L. San Álvaro, 8, 1 3, 14003 Córdoba. Diario ABC, S. L. Reservados todos los derechos. Queda prohibida la reproducción, distribución, comunicación pública y utilización, total o parcial, de los contenidos de esta publicación, en cualquier forma o modalidad, sin previa, expresa y escrita autorización, incluyendo, en particular, su mera reproducción y o puesta a disposición como resúmenes, reseñas o revistas de prensa con fines comerciales o directa o indirectamente lucrativos, a la que se manifiesta oposición expresa. Número 36.299 D. L. I: M- 13- 58 Apartado de Correos 43, Madrid. Publicidad 957 497 675 Suscripciones 901 400 900 Atención al cliente 902 530 770. Homo hispánicus VISTO Y NO VISTO El samaritano En la vitrina de especies autóctonas hay también ejemplos vivificantes, que no todo van a ser pillos, espabilados y zarramplines. En España hay seis millones de voluntarios, gente que ayuda porque sí. Admirable ÁLVARO MARTÍNEZ bíblico que creíamos sepultado en el tiempo. Un 15 por ciento de la población (en grandes cifras, cerca de seis millones de personas) participan activamente en proyectos de voluntariado, lo que convierte al país en el sexto silo europeo de participación ciudadana. Millones de personas, por tanto, dedican las tardes libres, los fines de semana o parte de sus vacaciones para asistir a ancianos sin familia ni apenas recursos, enseñar español a inmigrantes, entretener a niños hospitalizados o, lejos de España, poner en pie un proyecto de canalización de agua en Malí, por ejemplo. No se trata de un menester de jubilados aburridos de echar pan a las palomas del parque, pues solo el 8 por ciento de ese inmenso ejército de voluntarios tiene más de 65 años. El grueso del pelotón solidario (un 42 por ciento) son menores de 35 años, lo que también fortalece la imagen de la juventud española, o al menos de parte de ella, que hace compatible esta actividad con sus estudios o su trabajo, o, si es un nini, con el botellón. Hablamos, desde el terreno laico, claro, porque en el asunto de la entrega en la ayuda a los demás, la Iglesia barre en solidaridad desde hace mucho tiempo con propia red de ayuda, tanto dentro como fuera de España. Como a los soldados el valor, a los misioneros la entrega a los demás se les supone prendida al oficio. Dentro del reino del homo hispánicus la especie voluntario no precisa el aparentar. Se trata de seres que vivaquean tan campantes al raso de su anonimato y que ayudan porque sí, sin ninguna contraprestación o recompensa más allá de ese combustible para el alma que les conduce a estar a gusto consigo mismos y echar una mano a alguien que lo pasa mal; o a la colectividad. De la misma manera que el crecimiento de España no se basa en los camareros (por importante que sea la contribución de estos al bienestar) sino que aún hay un fornido músculo en la industria o en la investigación, en el terreno de la catadura moral, España no es solo un país de Bárcenas o Lanzas el de los billetes en el colchón. Los aquí nacidos, por ejemplo, encabezan algunas de las clasificaciones mundiales de generosidad. En donación de órganos, por ejemplo, no hay quien tosa al homo hispánicus que dobla la media europea... y subiendo, que cada año bate su propio récord. La donación renal en vivo creció el año pasado un 11 hasta alcanzar los 423 donantes. Ese tengo dos riñones, te doy uno es un caso de extremo altruismo, naturalmente, pero supone un reconfortante ejemplo de que aquí quedan muchos buenos samaritanos, gente que en siglo XXI nunca pasa de largo ante la adversidad ajena. IGNACIO RUIZ- QUINTANO ENFOSCADOS Cuando la Santa Transición suprimió el Bachiller, no sabíamos que lo hacía para censurar a Aristóteles, un sabio con sus manías, pero también con sus aciertos A l menos desde el Siglo de Oro, España corre con la fama de ser una tierra trufada de tunantes y trincapiñones, donde la picardía, el escaqueo, el egoísmo y el a mi plin hacen opaca la probidad, la entrega, la generosidad y la ayuda a los demás que dispensa el personal autóctono. Pero hay reservas naturales que invitan al optimismo y deshacen la leyenda de la mala pasta que abunda en la morfología de parte del homo hispánicus En contra de la teoría de los cenizos oficiales que todos los días nos recuerdan que está muy próximo el apocalipsis, los españoles son una potencia ayudando desinteresadamente al vecino, aquel prójimo C J. C. RANGEL EFE Dentro y fuera Una voluntaria de un comedor social Arriba, payasos en la fiesta para los niños en el hospital Virgen del Rocío, en Sevilla. A la derecha, equipo de rescate camino de Nepal uando la Santa Transición suprimió el Bachiller, no sabíamos que lo hacía para censurar a Aristóteles. Aristóteles era muy del Bachiller. Un sabio con sus manías, como creer que las mujeres tienen menos dientes que los hombres, pero también con sus aciertos, como que la dictadura da en oligarquía, la oligarquía en democracia y la democracia en dictadura. Lo de los dientes de las mujeres no importaba: para desmontar el error aristotélico la Santa Transición siempre podía enseñar a Ana Belén (amor platónico, ay, de Rubalcaba) Pero lo de los regímenes políticos eran palabras mayores. ¿Qué era eso de que una dictadura da paso a una oligarquía? ¡Fuera Bachiller! Censurando a Aristóteles se evita el conocimiento de su ley, pero no su cumplimiento. Y ante el temor de que, después de cuarenta años, sea el momento de pasar del sistema proporcional al sistema representativo (la señal de alarma es que ya nadie cree en nada) parece natural que los beneficiarios de lo que hay ¡el cuarentañismo! intenten salvarse enfoscando el edificio. Más fina que la española, la picaresca italiana ha inventado el Italicum un enfoscado que consiste en que los votos que no ponga el votante los pone el Estado. Y a mandar. En España, con el Italicum enfoscaríamos la caseta del partido mayoritario (que son dos) pero los nacionalismos periféricos quedarían colgados. Ahí entraría el abracadabra del federalismo que venden los jóvenes Snchz y Rivera, a cuyo lado, según el riverismo organicista, Gustavo Bueno sólo es un ignorante (por viejo) Vascos y catalanes, federados, y los demás bailando el Italicum como quien baila una rumba alrededor de un jamón. Al corte del jamón, los filósofos de reconocido prestigio como Savater, que piden el voto obligatorio para los ciudadanos, y los economistas de prestigio internacional como Garicano, que, pasando de Michels ¡por viejo! promueven la democracia interna de los partidos.