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ABC LUNES, 18 DE MAYO DE 2015 abc. es opinion OPINIÓN 17 VIC LA CERA QUE ARDE RAFAEL GONZÁLEZ EL FUTURO OTRA VEZ Aparcamientos, parques, ayudas al pequeño y mediano empresario, bajadas tributarias, polideportivos. Es tiempo de promesas S PROVERBIOS MORALES ración de mortadela como si fuese la capa de San Martín. El primer acceso masivo de los pueblos de occidente a los platos refinados de las dietas oligárquicas se debió a la invención de la lata de conserva por un ingeniero inglés, Brian Donkin, en 1810. La muy conservadora Albión completaba así la obra social de la Revolución Francesa con un artilugio industrial conservador a más no poder, gracias al cual, cinco años después, los soldados británicos, atiborrados de albóndigas de Hereford con habichuelas, aplastaron definitivamente al famélico ejército del Corso en la morne plaine (Victor Hugo) de Waterloo. Sin embargo, el modernismo proscribió cualquier mención de las latas de conserva en la literatura o en las artes plásticas (según John Carey, los modernistas odiaron las latas, las cámaras fotográficas Kodak y los periódicos, en este orden, considerándolos instrumentos y símbolos de una rebelión cultural de las masas) Qué habrían dicho ante la invasión actual de las parrillas televisivas por la cocina de autor y otras vainas. Como es sabido, Andy Warhol reivindicó la comida en conserva en su famosa serie pictórica de las treinta y dos latas de sopas Campbell (1962) poniendo fin al modernismo reaccionario. Hay quien sostiene que trataba de exorcizar así la pérdida de aura de la obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica, según el diagnóstico de Walter Benjamin. Pero parece que fue, sobre todo, un sentido homenaje a mamá Warhol, devota de las susodichas sopas. Esto último es lo que sostiene David de Jorge, uno de los poquísimos cocineros españoles que no han incurrido en la abyección ni en la pedantería y que, por eso mismo, acaba de perder su programa en la cadena de televisión preferida de los horteras. Los platos de De Jorge, Robin Food, posiblemente maten, pero alimentan. Un solo mollete guarro de lomo por ejemplo, podría mantener a flote durante un día a todo el monipodio de la línea Cercedilla- Guadalajara. Proclamo pues que la mayor parte de lo que queda en la gastronomía catódica tras la salida de este cocinero vasco y barojiano se reduce a pienso (luego Sanders) bajo un camuflaje de charlatanería ampulosa. Viva Rusia. JON JUARISTI PIENSO La invasión de los medios por la cocina de autor, nueva etapa hacia la granja global D E vez en cuando, alguno de los mendigos que fatigan las pocilgas rodantes en que se han convertido los trenes de cercanías demanda de los viajeros algo de comer o un vale de comedor Qué tiempos. Los pordioseros de mi infancia pedían de casa en casa una limosnita y un cacho de pan y mi abuela que en gloria esté les daba ambas cosas, una perra gorda y un mendrugo con lardo, porque suponía que todos los pobres españoles eran cristianos viejos como ella. Hoy la mendicidad globalizada y aconfesional juega con la mala conciencia de unas nuevas mayorías sociales cuyo dios es el vientre y que, si bien no pisan iglesias ni restaurantes de más de dos tenedores, se preparan recetas de alta cocina sacadas de la tele o de internet. Por supuesto, los mendigos posmodernos no pretenden que nadie les ceda su bocata calamares de media mañana. Quieren cash. Si cayera un vale para menú del día, tampoco le harían ascos (puede revenderse) Pero casi nunca cae, porque la gente de corazón de izquierda (como Luis García Montero) y la que viaja en metro o tren de cercanías (como Pablo Iglesias) recuerda aún la burla cruel que consistía en ofrecer a guisa de limosna o propina un terrón de azúcar añadiendo en tono compungido: No puedo darle más. Tenga, buen hombre, para un café, aunque sea de recuelo O sea, que quedas mejor ante el mendigo con un Dios le ampare a la manera de Larra que partiendo con él tu I a usted no le ha salido una plaza de aparcamiento subterráneo bajo el salón- comedor es que vive en Vicálvaro. Aunque en esta época del año puede que en Vicálvaro le ocurra lo mismo. Se ha dado rienda suelta a los candidatos y ya no puede uno ni dedicarse a rezar o a la vida contemplativa sin que le asalten las infografías con el futuro parque temático que se puede hacer en el huerto de pimientos que abastece a la comunidad religiosa. Han tomado por asalto la ciudad y debemos ir esquivando promesas como cuñados en una cena de Nochebuena. Sobre todo, porque bastante tiene uno con sus cosas como para que encima le prometan otras, por las que al final habrá que pagar, no le quepa duda. En estos primaverales días, ocurre cada cuatro años, Córdoba se transforma para ofrecernos un futuro mejor. Es como si hubiese estado aletargada en este periodo, o al ralentí, y de pronto entra un frenetismo de plazas de parking, carriles bici, zonas verdes, agilidad administrativa, ahorro al contribuyente, apoyo al pequeño empresario, cariño al mediano empresario, búsqueda de nichos empresariales, cursos de coaching gratuitos para emprendedores, abrazos a emprendedores, terapias grupales para emprendedores, patios abiertos todo el año regados por drones, ir a las Moreras y descubrir que, en efecto existe un barrio que se llama Las Moreras y que incluso hay gente que vive por allí, ver como señoras que se acaban de bajar de una pasarela de Gucci conocen mejor el Campo de la Verdad que tú, comprobar que el Rey Heredia se puede reivindicar de buen rolllo, que los proyectos de la Junta ahora son urgentes para quienes antes no, que se puede construir un polideportivo polivalente con polibiblioteca y polipiscinas justo al lado de tu bar favorito, que el botellón no existe y que en caso de que existiera, será erradicado con diálogo y fiestas alternativas, que la palabra maqueta cambia de significado- -sin que la Real Academia de la Lengua lo sepa- -para traducirse en proyecto de futuro que antes teníamos pensado pero que como estábamos con las autonómicas no hemos tenido tiempo de mostrar que los asesores son prescindibles o directamente innecesarios y que lo primero, querido contribuyente, es la transparencia y la buena gestión. Podríamos entretenernos en esta ocasión en tomar nota de todos los parkings, las zonas verdes, los asesores de menos, la transparencia informativa, la bajada de impuestos, y la nunca bien ponderada obsolescencia programada de las obras en tu calle para recordarlos con cariño dentro de cuatro años, cuando vuelvan con amabilidad a dibujarnos el futuro otra vez, ese en el que todos tendremos una vivienda que además nos pagará puntual y anualmente el ayuntamiento, de tanto que nos van a bajar el Impuesto de Bienes Inmuebles, que es que será el alcalde o alcaldesa el que directamente se lo abone a usted, querido iluso.