Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC LUNES, 18 DE MAYO DE 2015 abc. es opinion LA TERCERA 3 F U N DA D O E N 1 9 0 3 P O R D O N T O R C UAT O LU C A D E T E NA ¿POR QUÉ ESTALLA BALTIMORE? POR GUY SORMAN Este problema negro estadounidense se ha convertido en un problema europeo. Los negros de Europa no son necesariamente negros, ya que a menudo son de origen árabe, pero su número aumenta con la afluencia de refugiados. Ya es hora, o a lo mejor es demasiado tarde, de impedir que Europa esté salpicada de Baltimores de esta cultura de guetos, de la que los negros son víctimas y actores. ¿Son víctimas del racismo de los blancos? La acusación ya no se sostiene cuando el alcalde, el jefe de la Policía y el fiscal de Baltimore son negros. Numerosos analistas lo achacan a la ausencia del padre en estas familias pobres y violentas, pero esta ausencia es una consecuencia de la cultura del gueto, no la causa. Lo que resulta más probable es que la cultura del gueto y los comportamientos que genera son consecuencia del propio gueto. El mero hecho de concentrar a una población de riesgo en un lugar refuerza las características más negativas de esta población. n Baltimore, el modelo que los jóvenes negros tienen ante sus ojos es el del jefe de una banda, no Barack Obama. El único tipo de familia que conocen los jóvenes del gueto es el de una familia sin padre. Los mapas de poblaciones publicados después de los disturbios de Baltimore que demuestran que el destino de un joven afroamericano en EE. UU. está condicionado básicamente por la geografía prueban lo contrario. Si nace y se cría en un barrio en el que los negros son poco numerosos, sus posibilidades de éxito escolar, familiar y profesional son iguales que las de cualquier otro estadounidense. El problema negro estadounidense no es una consecuencia del racismo o un rasgo cultural inmodificable, sino un asunto que tiene que ver con la vivienda. Todos los Gobiernos estadounidenses, desde hace medio siglo, han favorecido la vivienda social lo que ha generado una geografía de la pobreza. La paradoja es que la vivienda social reproduce involuntariamente la segregación de antaño, especialmente en Baltimore donde los negros y los blancos, antiguamente, no tenían derecho a vivir en los mismos barrios. Este error fatal se comete también en Europa, donde los inmigrantes más recientes son reagrupados en entornos sociales y sus hijos crean allí espontáneamente una cultura del gueto que imita a la cultura negra estadounidense, con las mismas consecuencias desastrosas. Este problema negro estadounidense se ha convertido en un problema europeo. Los negros de Europa no son necesariamente negros, ya que a menudo son de origen árabe, pero su número aumenta con la afluencia de refugiados. Ya es hora, o a lo mejor es demasiado tarde, de impedir que Europa esté salpicada de Baltimores GUY SORMAN ES ENSAYISTA E L pasado 28 de abril, unos disturbios que no se vivían en EE. UU. desde el verano de 1992 en Los Ángeles asolaron los barrios negros de Baltimore. El detonante de una noche de destrozos causados por adolescentes afroamericanos fue la muerte inexplicada de un delincuente de poca monta, Freddie Gray, como consecuencia de una paliza de la Policía. El estallido de violencia en Baltimore, precedido los meses anteriores por disturbios comparables en la periferia de San Luís y en Nueva York, sacó a EE. UU. de su letargo: la elección de un presidente negro no ha resuelto el problema negro Parece que el propio Barack Obama se sorprendió porque en seis años de presidencia nunca había abordado este tema de frente, al considerar sin duda que su trayectoria ejemplar bastaría para inspirar a todos los negros. En vano. De hecho, Barack Obama y su mujer son un ejemplo del éxito y de los inconvenientes de una política voluntarista de selección de las élites negras, llamada discriminación positiva. A partir de la década de 1970, por iniciativa de jueces activistas, las administraciones públicas nacionales y locales, al igual que la Policía, los bomberos, las empresas que trabajan para el Estado, los colegios y las universidades se vieron obligadas a cumplir unos cupos y a contratar afroamericanos y miembros de otras minorías (por ejemplo los indios, los nativos americanos para reflejar la diversidad del país. La discriminación positiva ha sido un éxito porque ha alejado a las élites afroamericanas de la tentación de la revolución predominante en la década de 1960 al incorporarlas a las altas esferas de la vida pública. El éxito de estas élites, del que los Obama son el mayor exponente, también redujo el racismo al poner de manifiesto que los afroamericanos estaban tan capacitados como los blancos para asumir las más altas responsabilidades. Pero esta política ha hecho que las élites afroamericanas se concentren en la administración pública en vez de en el mundo empresarial. Ahora bien, en EE. UU. la empresa es más respetada que el servicio al Estado. Otro inconveniente de la discriminación positiva es que un negro que tiene éxito en EE. UU. abandona el barrio del que es originario y deja de ser un modelo para sus congéneres. En los barrios E negros solo quedan los más desfavorecidos, aproximadamente las dos terceras partes de los 30 millones de negros estadounidenses. ¿Por qué estos, cuando son adolescentes, pasan más tiempo en la calle que en el colegio, por qué las madres están más a menudo solteras que casadas, por qué la mitad de los jóvenes negros de Baltimore o de San Luís están desempleados, por qué se reconocen en la cultura de las bandas, por qué constituyen la mayoría de los delincuentes, de los autores y de las víctimas de crímenes y, por consiguiente, la mayoría de los reclusos? En Baltimore, una ciudad de mayoría negra, un hombre afroamericano de cada dos, a los 25 años, ha estado en la cárcel. Freddie Gray, víctima de malos tratos, estaba custodiado por policías negros, en una ciudad en la que el alcalde es una mujer negra, y el fiscal que inculpó a los policías también es una joven negra. Baltimore simboliza al mismo tiempo el éxito de las élites negras en la política como consecuencia de la discriminación positiva y el encerramiento de todos los demás en una cultura de la violencia. Los sociólogos y los economistas estadounidenses no dejan de reflexionar sobre la existencia