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62 CULTURA MIÉRCOLES, 6 DE MAYO DE 2015 abc. es cultura ABC Orson Welles El mejor contrapicado de la historia Hoy se conmemora el centenario del nacimiento de uno de los grandes genios del cine OTI RODRÍGUEZ MARCHANTE N o. Orson Welles no es el gran póster del siglo XX, pero sí es, y no hay duda, el gran contrapicado de ese siglo ya envuelto para regalo. Si una cámara apuntara desde el suelo al cielo, y hubiera que meter ahí la imagen de alguien, sólo podría ser la suya. Orson Welles es el mejor contrapicado de la historia. Con el disfraz de Ciudadano Kane, con el de Macbeth, con el de Otelo, con el de Harry Lime... el contrapicado de Orson Welles es exactamente el mercurio del termómetro de su grandeza como artista que recoge en su manaza hasta la última miga expresiva del arte de su época, o de su siglo. Artista excesivo, pero aún más hombre abundante, sin límite y de itinerario vital inacabable: nunca terminó nada sin empezar antes algo. En fin, un tipo dinámico y formidable que, evidentemente, no iba a estar aquí el día en que su mundo, su siglo, conmemorase el centenario de su nacimiento: Orson Welles, ausente como de sus proyectos, de sus rodajes, habrá de estar en otro sitio, en otra fiesta, en otro mundo y en cualquier siglo. Explorador de placeres Su biografía y su filmografía han dado tanto pábulo literario como el de una civilización entera, y es difícil arrimarse a ellas sin la sensación humana del vértigo; solemos conformarnos con atisbar su enormidad como genio del cine, como enorme renovador de los recursos narrativos, lingüísticos y estéticos del arte cinematográfico, o también como fecundo explorador de los placeres al alcance de nuestra especie, como amante, bebedor, vividor, zampador y viajero... Una tarjeta de presentación que podría intercambiar con Hemingway, con quien intercambió antes unos derechazos y después unos litros de whisky. Si hubiera que enumerar los motivos por los que hoy es inevitable recordar a Orson Welles, necesitaríamos también el papel de la competencia. Es posible adecuarlos sólo al nuestro si obviamos sus primeros y arrebatadores veinticinco años (a los diecinueve, además de matrimoniar con la actriz Virginia Nicholson, ya era una estrella mundial del teatro y un inminente inventor del lenguaje radiofónico) en realidad, a esa El mundo del cine hace un guiño al centenario de Orson Welles edad, ya acometió una empresa cinematográfica tan rotunda e imperecedera como Ciudadano Kane la película que nunca se apeó, ni se apeará, del pódium olímpico del arte del siglo XX, por el irrebatible argumento de que lo inventó todo, incluso lo que ya estaba inventado (otros reinventan verbo vulgar que no tiene recorrido más allá de una década, pero Orson Welles consigue la máxima dificultad: descubrir lo ya inventado) La luz, la sombra, el encuadre, el plano contrapicado, la profundidad de campo, el gran angular, el montaje, el ojo de la cámara, el ojo del sonido... todo husmeado, visto, hecho... todo descubierto, todo flamante, insólito, moderno... Con cualquier otro no habría duda, con él sí: Ciudadano Kane es su mejor película, a pesar de que las que ABC hizo después fueron incluso mejores, El Cuarto Mandamiento Macbeth Otelo Sed de mal Con Sed de mal se da la extraña circunstancia de que comparte con Vértigo la obra maestra de Hitchcock, no sólo el año (1958) sino también el olvido de los grandes premios y, sobre todo, la evidencia de que no es fácil encontrar otra película mejor, de Hitchcock, de Orson Welles o