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ABC MIÉRCOLES, 6 DE MAYO DE 2015 cordoba. abc. es CÓRDOBA 23 A la izquierda, la Virgen justo después de bajar la cuesta del Bailío, al comienzo de su recorrido. Sobre estas líneas, las clarisas del convento de Santa Isabel esperando a la Señora de Córdoba. Arriba, el cortejo de hermanos y a la derecha, Nuestra Señora de los Dolores en un momento de su camino por las calles en la jornada de ayer FOTOS: VALERIO MERINO luego morado de las buganvillas, perfectas como una ofrenda de una cuesta que mucha gente llamó durante muchos años de los Dolores. Bajó con honda solemnidad los escalones, porque la esperaban en el primero de los conventos. Las clarisas de Santa Isabel la recibieron con el magníficat que ilustra su retablo. A esas alturas cada vez la seguía más gente, y la acompañaba por las aceras, con la discreción y el suave disfrute de quien sabe que no habrá muchas veces para verla tan cer- cana, a la vez tan extraordinaria y tan de toda la vida como nunca dejó de ser. Pocos podían contar haberla visto por la calle Conde Arenales, una de esas vías estrechas, antiguas e impolutas que conducen hasta Santa Marta, y pocos también quisieron perdérsela. Entró la Virgen de los Dolores al patio del convento, donde las religiosas jerónimas le recibieron también con cantos. Haendel y Tomás Luis de Victoria, el Stabat Mater de Kodaly y Los Dolores de José de la Vega, iban arropando su caminar ligero, por calles con giros en ángulos rectos en que su paso rara vez podrá entrar. No era una procesión fuera de tiempo, sino una ocasión extraordinaria, y los que se apostaban contra las paredes encaladas, quienes la recibían santiguándose o murmuraban una oración lo sabían y lo ponían en práctica. A esas horas ya había gente que esperaba en la plaza de Capuchinas, donde había cita con las Hermanas de la Cruz y con el convento de San Rafael, bajo la mirada de Osio. Se multiplicaron los rezos en uno y otro lugar, se sucedieron las Salves, en el año dedicado a la vida consagrada. Pasó por la Compañía y Santa Victoria, se recordó a Santa Teresa en el convento, también jubilar, de Santa Ana, y, mirando ya la torre de la Catedral, se detuvo en las Siervas de María de Blanco Belmonte. Cercana la medianoche llegó la que tiene el título de Madre de Córdoba a la espera del triduo que en su honor empieza hoy.