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22 CÓRDOBA MIÉRCOLES, 6 DE MAYO DE 2015 cordoba. abc. es ABC La Señora de Córdoba recorre las calles y los conventos arropada por los fieles en una estampa que recuperó aires de Viernes Santos antiguos E La Virgen de los Dolores o la historia extraordinaria POR LUIS MIRANDA staban las flores de mayo en muchos balcones, la ropa ligera y colorida de la baja primavera, el sol que no era de abril, sino premonitorio del verano. Si no hubiera sido por ellos, y la memoria y las fotografías serán capaces de aislarlo, podía ser un Viernes Santo del siglo XIX, el camino que hacía la Virgen de los Dolores en busca de la Compañía para ir detrás del Santo Sepulcro, cuando su pañuelo ya servía para secar lágrimas y para alegrar tantos corazones de la ciudad. Lo decía incluso la luz declinante de la tarde, la música vocal antigua y la sencillez de las andas, porque lo demás- -la estética de la imagen más venerada de la ciudad, el rostrillo, la mano que se tiende, el corazón traspasado, las joyas, el manto- -era parte de la estampa de toda la vida. Era mayo y estaba en la calle la Virgen de los Dolores, justo cuando mayo comienza a mirar al día 9 en que fue su coronación canónica. En este año en que los números dicen que hace medio siglo de aquel día histórico, su cofradía quiso que fuese a la Catedral, y más que una salida fuera de lo habitual, tenía que ser una jornada extraordinaria por las formas, por ir con toda sencillez en unas andas y con música vocal, y por su camino de conventos. A las siete de la tarde se abrieron las puertas de San Jacinto y apareció la lujosa cruz de guía, y tras ella el cortejo de hermanos. Poco después, anunciada por los ciriales, aparecía la Virgen de los Dolores, y había quien recordaba la escena de tantos Viernes Santo hasta 2001, cuando salía para subir a su paso y empezar la procesión. Muchos la miraban salir de su templo por primera vez desde entonces. Llevaba la saya blanca del Espíritu Santo con que la coronaron, y el manto de camarín de Esperanza Elena Caro, y le daban frescor de primavera calas blancas, tan presentes en su paso en los últimos años, y rosas de pitiminí. El Bailío La coral Cantabile comenzó entonces a acompañarla con piezas vocales, sobre todo renacentistas y barrocas, que no debieron de ser muy ajenas a sus procesiones y a sus cultos en muy distintas épocas. La tarde se había puesto de crepúsculo dulce por el Bailío, revestido del color primero granate y Atuendo La Virgen, entre calas blancas y rosas de pitiminí, llevaba la saya del Espíritu Santo, la de la coronación