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ABC JUEVES, 16 DE ABRIL DE 2015 abc. es opinion OPINIÓN 15 EL CONTRAPUNTO UNA RAYA EN EL AGUA ISABEL SAN SEBASTIÁN DIEZ VALIENTES POR LA VIDA La indisciplina hacia el partido de los rebeldes del PP en el aborto es un gesto de lealtad hacia sus votantes T AL y como está estructurada la política en España, lo que hicieron el pasado martes cinco diputados y otros tantos senadores populares es un acto heroico. Votar en conciencia la modificación parcial de la ley del aborto siguiendo a rajatabla los principios mantenidos por el propio PP hasta fecha muy reciente, a costa de romper la férrea disciplina del grupo parlamentario, que ni siquiera permite a una de sus señorías hacer declaraciones a los periodistas sin permiso previo, significa jugarse el puesto y probablemente ser borrado de las listas. Explicar además ese voto discrepante por escrito, poniendo al partido ante el espejo de sus propias contradicciones e incoherencias, constituye un desafío abierto a la costumbre imperante de oír, obedecer y callar, causa y consecuencia de que ya no asciendan en la escala jerárquica los más brillantes o mejor preparados, sino los más sumisos. Resumiendo; José Eugenio Azpiroz, Lourdes Méndez, Javier Puente, Antonio Gutiérrez Molina, Gari Duran, José Ignacio Palacios, Luis Peral, Ángel Pintado y Ana Torme han demostrado una valentía encomiable. Un coraje que les honra y debería garantizarles conservar el acta, porque en el espíritu del programa popular y en toda su trayectoria política, en el proyecto que respaldaron con su sufragio once millones de ciudadanos hace tres años, estaba la defensa de la vida por encima de coyunturas o conveniencias electorales, y no este cambalache. O sea, que su indisciplina hacia el partido ha sido un gesto de lealtad hacia sus votantes. Como explican estos diez rebeldes en la carta cursada a sus compañeros de bancada, el compromiso del PP con el derecho a la vida de los no nacidos era tan inequívoco que el 20 de diciembre de 2013 el Consejo de Ministros en pleno aprobó un anteproyecto de ley firmado por Ruiz- Gallardón, que derogaba la legislación vigente para volver a un sistema de supuestos similar al vigente hasta que Zapatero y Aído decidieron entronizar el aborto como derecho de la mujer, sin encomendarse a consenso alguno. Esa propuesta chocó en Sigüenza con la sabiduría de Arriola y sus consejos, proclives a sacrificar esa ley en aras de centrar al partido. Y tan radical fue el sacrificio que la liquidación del embarazo sigue siendo un derecho ilimitado de la madre hasta la semana 14 de gestación y hasta la 22 (o sine die) en caso de enfermedad o malformación grave. Un aborto eugenésico, este último, que contraviene frontalmente la Convención de las Naciones Unidas sobre Discapacidad, tal como la propia ONU nos ha recordado en más de una ocasión. ¿A quién le importa? A la abrumadora mayoría de nuestros representantes en el Congreso, no. Aduce el argumentario oficial elaborado por los estrategas populares que, a falta de sentencia del Constitucional sobre el recurso planteado en su día, la Ley no debe cambiarse, ya que volvería a ser modificada por la izquierda en cuanto tuviese ocasión. Lo cual ofende nuestra inteligencia, primero porque da por hecha una independencia de criterio en el TC que no es real (dicho más claramente, los integrantes de ese órgano son receptivos a las sugerencias de quien les ha nombrado) segundo porque en España no legislan los tribunales sino la cámara legislativa, en la que el PP dispone de una holgada mayoría absoluta; tercero, porque el citado anteproyecto de Gallardón fue redactado y aprobado sin que se pronunciara el TC. Si el PP ha dejado las cosas como estaban, limitándose a exigir autorización paterna para que aborten las menores, es porque así lo ha querido. Sería de agradecer que al menos lo reconociera. IGNACIO CAMACHO MENCHEVIQUES En vez de asaltar el Palacio de Invierno, Iglesias se ve a sí mismo tomando café como invitado en el de La Zarzuela N sus sueños de grandeza, algo rebajados últimamente por la deflación electoral, Pablo Iglesias se ve a sí mismo entrando en La Zarzuela, descorbatado y coletudo, a despachar con el Rey como presidente de su Gobierno. Como todo hombre ambicioso Iglesias es más pragmático que idealista y por tanto sueña con escenas asequibles y hasta confortables aunque invite a los demás a fantasear con utopías revolucionarias. En vez de tomar por asalto el simbólico palacio de invierno se empieza a imaginar tomando café en el de Somontes. Felipe VI, que tiene cintura borbónica, ha alejado de sus predios la foto que buscaba el líder de Podemos empaquetando el encuentro en una cita con los diputados españoles en un pasillo del Europarlamento. Un efímero minuto de gloria para el posmoderno experto en Juegos de Tronos frente a un monarca que ha leído El Príncipe de Maquiavelo. Para llegar a ser la mano del Rey equivalente a primer ministro en la sangrienta serie de moda a Iglesias le hace falta algo más que su contrastada intuición para el efectismo y la propaganda. Su estrella luce algo apagada desde las elecciones andaluzas y él mismo ha cometido errores tácticos de relieve en las últimas semanas. El principal, entrar a la refriega con Ciudadanos, celoso como una madrastra de Blancanieves porque Albert Rivera le roba planos en el espejito mágico de las encuestas. Al discutir la primogenitura regeneracionista con el otro nuevo partido ha rebajado sus propias expectativas: el arrogante político que se proclamaba auténtico líder de la oposición está disputándose el papel subalterno de bisagra. Y su ególatra protagonismo para coquetear con la Corona le aleja del rupturismo cimarrón que le había convertido en mesías del cabreo antisistema. La sonrisa de Pedro Sánchez parece estos días más blanca: si los que querían expropiarle el voto útil de la izquierda se conforman con un pedigrí socialdemócrata es probable que el electorado prefiera, como en Andalucía, el original a la copia. En este proceso de paulatina lima de garras, los socialistas consideran a Podemos a punto de pasar al estadio pesebrero de la política, en el que ellos son expertos. Quizás en mayo estén negociando juntos el reparto de concejalías, que no es exactamente el modo por el que se empieza a derribar un régimen. Iglesias y su partido están en ese momento crítico en que hacerse mayor implica aceptar renuncias. Primero te envainas la república, luego la renta básica y acabas porfiando por unos puntos de déficit. Los bolches se han vuelto mencheviques porque el proyecto de revancha social y de miedo estratégico era tan sincero que ha resultado contraproducente. Inspirarse en Juegos de tronos conlleva el riesgo de fascinarse con la lucha por el poder olvidando que en la política real lo único que se conquista es el presupuesto. Y con eso te puedes cargar el país, pero no el sistema. E JM NIETO Fe de ratas