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ABC MARTES, 17 DE MARZO DE 2015 abc. es ENFOQUE 5 A la derecha, el etarra Lasarte asesino, entre otros, de Ordóñez y Múgica abandona en coche la prisión de Nanclares de Oca. Fue condenado a más de trescientos años de cárcel, de los que ha cumplido diecinueve. Arriba, paseando por Lodosa con su mujer y su hijo, en un anterior permiso penitenciario DIAZ URIEL EFE El etarra Lasarte, en libertad Recortes que no indignan JAIME GONZÁLEZ A esta España con la sensibilidad a flor de piel se le abren las carnes por los recortes en sanidad o educación y clama contra los supuestos recortes de libertades contenidos en la ley de Seguridad Ciudadana, pero se agita muy poco cuando a un pistolero etarra condenado a más de trescientos años por su participación en siete asesinatos se le recorta sustancialmente la pena y se le pone en la calle sin temor a que nadie lo zarandee o increpe a la salida de la cárcel. Que Valentín Lasarte haya sido puesto en libertad antes de tiempo nos indigna lo justo, tal vez porque los automatismos que agitan nuestra conciencia han sido programados para excitarse de manera discrecional, en función de criterios mediáticos que empiezan a resultar inquietantes. Rodeamos a los titulares de las tarjeta negras con un cordón de oprobio que es como una soga al cuello de la presunción de inocencia y, sin embargo, a un terrorista sanguinario le colocamos corriendo el cartel de arrrepentido sin reparar en que el perdón de Lasarte que se ha negado a colaborar con la Justicia es de pura boquilla. Lasarte sale de prisión con el nihil obstat de una sociedad a la que le vale el mínimo dolor de los pecados de un asesino, pero señala con el pulgar al suelo y pide la mayor de las condenas para quien se ha gastado 200.000 euros con una tarjeta corporativa. ¡Al paredón! Esta falta de proporcionalidad en el reproche social me lleva a concluir que las demandas de justicia del pueblo se rigen por criterios tan extraños que seríamos capaces de aplicarle en bruto la prisión permanente revisable a cualquier consejero de Bankia antes que a un terrorista confeso. Que España tenga la sensibilidad a flor de piel para bramar por los recortes me parecería un reconfortante síntoma de exigencia democrática, si no fuera porque hemos hecho con nuestra conciencia crítica un gigantesco embudo. Que contemplemos con total naturalidad que Valentín Lasarte haya salido de la cárcel y pidamos la privación de libertad para cualquier comportamiento antiético antes de que la Justicia determine la existencia de un delito de corrupción significa que nos han manipulado el sentido de la percepción de la realidad. Supongo que tendrá que ver con el hecho de que la conciencia individual ha sido sustituida por la conciencia catódica, ese código de valores que se rige por el share y el prime time ESPAÑA