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88 DEPORTES DOMINGO, 8 DE MARZO DE 2015 abc. es deportes ABC El Real Madrid ofrece el liderato en San Mamés Los de Ancelotti cayeron ante un Athletic enérgico. El equipo blanco confirmó su bache HUGHES BILBAO ATHLETIC CLUB Iraizoz Iraola Gurpegi Etxeita Balenziaga Beñat Rico (90) Williams (74) De Marcos Muniain (64) Aduriz Susaeta (64) Guillermo (74) Toquero (90) GOLES 1- 0. m. 26: Aduriz EL ÁRBITRO Undiano Mallenco (Col. Navarro) Amonestó a Gurpegi, Etxeita, Aduriz, Isco, Marcelo, Illarra, Kroos. 1 REAL MADRID Casillas Carvajal Pepe Varane Marcelo Kroos (75) Illarramendi (71) Isco Bale C. Ronaldo Benzema (80) Jesé (71) Silva (75) Chicharito (80) 0 El Madrid ha pasado del dedo de Mou a la mano de Ancelotti. En Madrid ha habido mano dura, la del latigo, o la mano de medir los tiempos. Entre las dos estaría la mano intermedia de Ancelotti, o como dice la prensa: Con guante de seda ¿Cómo es el Madrid? Pues como esa mano de Ancelotti, ni blanda, ni dura, adaptativa, acariciante. Mano cuenco, mano de sombra chinesca. Ancelotti había exprimido sus meninges para alinear a Illarra por Silva. Ese baile en el interior es la variable técnica del invierno. Es como estar dos meses cavilando el movimiento de un peón. Es un puesto que parece tener la función de tapar la espalda de Carvajal, con el que, por cierto, pudo Williams (un amenazante adelanto de Danilo) El partido comenzó con dos robos de Muniain a Illarra. Pretender que Illarra modifique algo es como pretender que Moreno Bonilla ponga en su sitio a Putin. El centro del campo del Madrid pudo prensar a Muniain, pero poco más. Estuvo blando, sin agresividad. Sólo Kroos respondió a las embestidas locales. Es decir, sólo Kroos dio una patada, respuesta brutal que en el Madrid ya parece algo inconstitucional. LA FIGURA Aduriz Su cabezazo, de rematador consumado, decidió el partido. Además se movió bien por campo LO MEJOR Comunión estadiopúblico. Lo clásico de Aduriz y las carreras de Williams LO PEOR Dos cosas del Madrid: la falta de nervio o vida y cómo se desdibujó al final Ancelotti saluda con a Valverde en presencia de un abatido Illarra para Benzema; otra de Bale para Cristiano. Con el Balón de Oro, Cristiano lanzó un uh monstruoso al mundo del fútbol y el fútbol se lo devuelve en cada estadio. Es algo inaudito que en parte desactiva al jugador. Al Madrid se le oye llegar e irse por esos abucheos. Tras ese arranque, un dominio del Madrid acompañado de sensación de aburrimiento, de espectáculo visto. Importancia de Pepe en la segunda parte. A la vez cortaba y lanzaba con esa interposicion de pecho y hombro acompañada de zancada posterior. En esas acciones suyas había coraje y riesgo y se transmitía algo. El ataque estático era ataque estético, moría en el úl- EFE Viejos fundamentos El Athletic empezó a buscar los viejos fundamentos. De Marcos o Rico colgaban balones para Aduriz, que es un nueve antropológico, que da sentido al equipo, al club, al estadio. Sus cabezazos parecen un deporte rural. Y eso que el Madrid venía de un par de conjuras de la plantilla. Cualquier día en una de esas conjuras se equivocan y toman el Congreso. De la santiaguina a la conjura se ha pasado. En el segundo balón hacia Aduriz llegó el gol local. Rico la eleva y el delantero llega desde atrás con la admirada mirada de Pepe como única marca. No se puede culpar a Casillas en esta ocasión ¡Íker hace a veces de portero expiatorio! A partir de ahí, el Madrid demostró que su centro del campo es el espacio Schengen de esta liga. Tras el descanso, dos ocasiones para el Madrid. Una jugada enorme de Isco Sin dibujo al final El Madrid jugó gran parte de la segunda mitad en 4- 24. Lo que ganaba en peligro lo perdía en control Un Athletic eterno Aduriz, con las ayudas de Rico, De Marcos y las carreras de Williams, remite al fútbol de siempre timo intento de requiebro minimalista (japonesito, geisho) de Isco a Rico. Vimos en ese duelo el futbol ibérico resumido. Pocas contras vascas, pero Aduriz ofrecía salida a la pelota seguido respetuosamente por Varane. Varane es el guardaespaldas tímido que sigue a Underwood en House of Cards. Estas segundas partes del Madrid ya tienen una pauta: furia brevísima, sucesión de fútbol de toque sin profundidad ni miedo y, cuando eso remite, Marcelo, que hace del ataque el pasacalles de Carlinhos Brown. Cuando el equipo se parte, el único nervio que sobrevive colgando es Marcelo. En el minuto 70, el Madrid ya estaba en dos partes: una era Isco y la BBC. Ancelotti, para dar coherencia a lo que se veía en el campo, retiró entonces a Illarramendi por Jesé. Un 4- 2- 4 perfecto. Si estuviera Núñez diría que para acabar en 4- 2- 4 ya está mi portera. Es el esquema de la conjura. La ovación de San Mamés a Williams fue metalúrgica, unánime, vibrante. El lehendekari negro de Bajo Ulloa está más cerca. Tremendo despliegue del jugador que añade a la verticalidad vasca y anglófila tradicional sus carreras larguísimas. Después, un balón mal despeja- do por Carvajal lo empujó Aduriz al palo. El Madrid eran Pepe, la ofuscación de Cristiano e indefiniciones rubias intermedias hasta que apareció Bale con un zurdazo desde el centro de campo que dio en el larguero. Hubiera sido el gol del año, pero quedó en recordatorio de lo que haría si se diese o le diesen la libertad necesaria. Parece jugar encorsetado en una sucesión de fintas contra su naturaleza. Eso le pasa al Madrid. En algún momento se quedó bien colocado, mediano y bonito, pero sin el arrebato (si fuera pedante diría que sin hybris) Y se sospecha que esa paralización del ánimo deriva de algo conjunto y táctico que no funciona. El partido se acabó con un sonido familiar. No era el Isco, Isco, sino el Rico, Rico de San Mamés, que, eterno, dispensa siempre el mismo trato al Madrid cuando comparece con un equipo difuso y blando. Las imágenes del duelo en San Mamés entre Athletic y Madrid