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38 CÓRDOBA DOMINGO, 8 DE MARZO DE 2015 cordoba. abc. es ABC En el Campo de la Verdad LA HISTORIETA DE CÓRDOBA POR JAVIER TAFUR Y VIC CÓRDOBA La ciudad estuvo con los Trastámara por las muchas y muy variadas ofensas que realizó Pedro I El Cruel lfonso XI, cordobés de corazón, dejó- -no por serlo, suponemos- -dos hijos legítimos y diez bastardos. La cuestión sucesoria tenía que complicarse necesariamente. En vida del rey, los vástagos de la amante fueron más atendidos que los de la reina, lo que no haría sencillas las relaciones de Pedro I con sus hermanastros y provocaría la guerra civil. Probablemente este trauma de desasistimiento infantil, unido a un carácter de por sí bronco y sanguíneo, procuraría al nuevo rey la fama de cruel que lo acompañaría a la tumba y a la historia, si bien tuvo a la par entre el pueblo cierto renombre justiciero. En Córdoba el reinado de Pedro I el Cruel transcurrió con pena, con mucho susto y con épicas y leyendas al cabo. Pero sin ningún vínculo afectuoso ciudadano, pese a que Beatriz, su hija primogénita, naciese aquí. No obstante, alguna casa noble le mantuvo su fidelidad hasta el final, como la de Hinestrosa y la parte de los Córdoba encabezada por Martín López, cuya hija Leonor fue valida ilustre y escritora que inaugurara el género autobiográfico en las letras castellanas. Los otros Córdoba, con Alonso Fernández de Montemayor al frente, estuvieron con los Trastámara desde el principio. Y su determinación dio origen al hermoso topónimo que preside la zona sur de la ciudad. Aunque hoy anidan en este paraje más mentiras y engañifas que verdades- -desde la Acampada Rey Heredia hasta el Espacio de Creación Contemporánea, pasando por el ya olvidado Centro de Congresos- hubo ocasiones en que fue referente de ac- A titudes valerosas que acrecieron la de los que los asediaban. Por la leautoestima moral de la ciudad. Si ya che que mamaste de mis pechos te los mozárabes cordobeses mostra- pido que no entregues la ciudad No ron su gallardía cuando en el siglo IX sabemos las cuitas que atenazaban se levantaron contra la codicia de un a don Alonso, pero sabemos que su intolerante omeya, que luego de oportuna respuesta fue cumplimasacrarlos roturó la tieda: Señora, al campo varra del arrabal de Samos y allí se sabrá la verqunda para que no dad Y se supo. Córquedara memoria de doba había Leyenda su osadía, iguallevantado bandera Al campo mente sus heredepor Enrique porvamos y allí se ros, cinco siglos que eran muchos sabrá la verdad después, lucharon los sanguinarios origen del sobre la misma tieagravios inferidos hermoso rra roturada para a la nobleza cordotopónimo defender sus libertabesa por el rey Pedro, des y sus compromitales como los asesisos. natos de varios caballeEl topónimo viene, pues, ros calatravos hechos por de una frase que Alonso de Córsu propia mano. De modo que el doba, señor de Montemayor, dio en pueblo se hizo uno con sus caudillos respuesta a las prevenciones de su y salió al campo a defender su razón madre, Doña Aldonza López de Haro, con uñas y dientes. No otra cosa paque creía que su hijo menguaba y que rece que hicieran los piconeros, corno sería capaz de aguantar la presión dobeses duros transformados en al- mogávares para la ocasión, que con Juan de Aguilar alentándolos cortaban con sus hocinos las corvas de los caballos de moros de Granada y de cristianos que, aliados con ellos, los asemejaban. Córdoba ganó en el Campo de la Verdad la última batalla contra el musulmán que se trabó en estas tierras y la ganó también a favor de la nueva dinastía, que al menos estaba más limpia de extrañas compañías. Por aquellos cordobeses, por el recuerdo de cada uno de los integrantes y descendientes de aquella gente de especial dignidad que ganó la batalla del Campo de la Verdad, las campanas de la Catedral tañerían con un toque distinto que mantuvo viva la memoria de su gesta. Por aquella gente, que sin duda procedían de una cepa singular de cordobeses, aquel doble de campanas conservó ese apelativo, de la cepa que consagrará para siempre a los que fueron bien nacidos.