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20 PRIMER PLANO El año más electoral de la democracia Los sondeos DOMINGO, 8 DE MARZO DE 2015 abc. es ABC Generales 1993 Muchas encuestas daban como ganador al PP de José María Aznar, algunas hechas a pie de urna. El resultado, y la historia, fue otra: Felipe González siguió en el poder Generales de 1996 El 3 de marzo de este año, las encuestas vaticinaron una amplia victoria del PP, incluso la mayoría absoluta. Ganó por un punto y solo obtuvo 156 diputados Andaluzas 2012 El 25 de marzo, el PP esperaba mayoría absoluta en Andalucía. Lo decían las encuestas. El resultado fue diferente: se quedó a cinco escaños y gobernó PSOE- IU Catalanas 2012 CiU convocó elecciones el 25 de noviembre para llegar a la mayoría absoluta desde sus 62 escaños. Las encuestas lo vaticinaron, pero fue al revés: cayó a 50 escaños Las encuestas se juegan su fiabilidad este año tras sus fracasos históricos Los expertos alertan de la dificultad de acertar resultados por los movimientos de nuevos partidos Las elecciones europeas de mayo de 2014, el último fracaso sonoro: nadie supo ver la fuerza de Podemos MARIANO CALLEJA MADRID El primer gran patinazo mundial Los resultados en las elecciones se anticipan en las democracias por las encuestas electorales desde la década de 1930. Casi siempre aciertan en sus tendencias, pero la historia está llena de asombrosos patinazos. El primero fue en 1948. George Gallup predice en EE. UU. la derrota del candidato Demócrata por 5 puntos. Al final, el que fuera vicepresidente de FD Roosevelt, Harry Truman, gana por más de 4 puntos. La imagen de Truman con la portada del Chicago Daily Tribune y el titular Dewey derrota a Truman se convirtió en el icono del primer planchazo demoscópico. Buenas noches, señor presidente del Gobierno Pasaban las ocho de la tarde del 6 de junio de 1993, una hora que más de uno desearía borrar de su memoria por las meteduras de pata grandiosas que se vivieron en ese momento. El presidente del Gobierno era, en teoría, José María Aznar, y quien saludaba, un periodista, uno más, que había creído a pie juntillas las encuestas que daban como claro ganador de las elecciones generales de ese día al candidato del PP. Fue uno de los fracasos más sonoros de los sondeos en España, que tuvo su segunda versión, precisamente, en 1996, cuando muchas encuestas pronosticaran una amplísima mayoría del PP en las urnas, incluso una mayoría absoluta. Tampoco acertaron esa vez, porque Aznar ganó esta vez, sí, pero por los pelos, con 156 diputados. Los pinchazos de las encuestas son habituales en España, y en realidad en todo el mundo. Predecir el comportamiento exacto, voto a voto, de una po- blación es una tarea reservada casi a los magos. Por eso, los investigadores sociológicos no se cansan de repetir que las encuestas solo son una foto fija del momento en que se hacen, y que no tratan de reflejar el futuro, sino de marcar las tendencias. Y en eso, arguyen, sí aciertan. En las elecciones europeas de mayo de 2014, nadie, ni siquiera el CIS, supo prever la fuerza que tendría Podemos, con más de un millón de votos. En las autonómicas andaluzas de 2012, muchos medios anunciaron una mayoría absoluta del PP: se quedó a cinco diputados... y en la oposición. En las catalanas de ese mismo año, el CIS catalán daba a CiU una mayoría absoluta holgada de 71 diputados: se quedó con 50. Los ejemplos podrían llenar fácilmente estas dos páginas, ¿Pero por qué se hacen tantas encuestas para tratar de descubrir el futuro que nos espera, si los errores se repiten? Para responder a esta pregunta, podemos situarnos en el otro extremo. Imaginemos que no se hicieran encuestas. Ni una. Andaríamos a ciegas, sin tener un solo dato que nos indicara quién está fuerte, o quien cae en picado. Fren- te al desconocimiento absoluto, la encuesta te ofrece muchas pistas, pero no se puede exigir que sea capaz de acertar en cada uno de los datos, porque la realidad cambia, es muy variable comenta Narciso Michavila, presidente de GAD 3. Marcar tendencias Las encuestas no quieren acertar, sino marcar tendencias. Son un producto libre, que se crea en un escenario muy volátil explican fuentes del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) El director del Euskobarómetro, Fran- cisco Llera, advierte que no es lo mismo hacer una encuesta que una estimación de voto. Esta es una proyección que el investigador hace a partir de los datos de una encuesta. Se mezcla la calidad del estudio, la destreza, la finura, la experiencia y el conocimiento del modelo de estimación lo que se llama coloquialmente la cocina Para fijar la estimación de voto, cada maestrillo tiene su librillo. Parte de la intención directa de voto que es la respuesta espontánea que dan los entrevistados, pero que contiene un alto porcentaje de no sabe no contesta La estimación trata de traducir ese porcentaje indeciso en voto probable, a partir de respuestas de recuerdo de elección o simpatía. Las estimaciones de voto fallan por muchos motivos. Si hay una muestra pequeña (a menudo vemos en algunos medios encuestas de 200, 300, 400 entrevistas) el resultado, de entrada, tendrá un margen de error muy alto. No es fiable. Si se pretende hacer una asignación de escaños con menos de 1.500, se roza la osadía. Y si la encuesta se hace seis semanas antes de unas elecciones, el resultado no será tan exacto (respecto a las urnas) como las que se realizan una semana antes. En una buena encuesta cuenta todo: la seriedad del organismo que hay detrás, el cuestionario, las entrevistas, el método (no es lo mismo que sea por teléfono fijo que a domicilio, con una entrevista personal de 15 o 20 minutos, como hace el CIS) la serie histórica, la fecha de realización y, por supuesto, el proceso de datos. No es comparable una empresa que hace una encuesta de 600 entrevistas por primera vez, que el barómetro del CIS, que como mínimo hace 2.500 entrevistas