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ABC DOMINGO, 8 DE MARZO DE 2015 abc. es opinion OPINIÓN 15 EL RECUADRO UNA RAYA EN EL AGUA ANTONIO BURGOS ¿CURRO DE CAMAS? Es Rajoy quien le debe un público desagravio a Romero por la ofensa E L presente, estimado lector, no es un artículo. Es un alegato en defensa de un gran señor: del excelentísimo señor don Francisco Romero López. Un alegato en defensa de un gran señor de Sevilla, del toreo y de la vida, tras la agresión que ha sufrido por parte del monaguillo que tiene puesto Rajoy en Extremadura, un gachó que gobierna gracias a los comunistas y que no es un verso suelto dentro del partido, al villalobesco o gallardonesco modo. Y hago esta obligada defensa de Curro Romero por tres razones. La primera, porque es todo un señor y parte sustancial de la Historia del Toreo; la segunda, porque no hay derecho a que un antiguo bombero haga ese fuego amigo a costa de su nombre; y la tercera, la más poderosa, porque me honra con su amistad y me sale del alma... por no decir de otro sitio. Andalucía está en campaña electoral. Y en Extremadura, noble tierra, llena de grandes hombres, ha habido un mequetrefe con poltrona, un bombero que tiene cosas de bombero, que sin que nadie le haya dado vela en este entierro se ha dedicado incomprensiblemente a echar gasolina al fuego de la campaña. Y ha enfrentado temerariamente y en vano a extremeños y andaluces. Ha tratado de darle una bofetada a Susana Díaz... en toda la boca de Curro Romero, de sus partidarios, de Sevilla y de los andaluces. Ha usado su nombre en vano. Ha manipulado su imagen. Lo ha ultrajado. ¿Es que Curro Romero, el Faraón de Camas, es acaso un símbolo del Régimen Andaluz, de los mangazos del PSOE, de los ERE, de quedarse con el dinero de los parados, del por aquí te quiero ver y del vámonos que nos vamos, y por eso lo pone verde como metáfora de Susana Díaz el bombero que tanto dinero público gastó en billetes de avión. Todo lo contrario. Romero ha dado muchas veces la cara en público por el PP, asistiendo en primera fila a mítines de Aznar y de Rajoy; ha servido cada lunes y cada martes a su amigo Arenas. ¿Y así paga el PP a sus leales, burlándose de ellos en los vídeos que presuntamente son contra los adversarios? Pues si este bombero nada torero trata así a los simpatizantes del PP, no sé qué vídeos será capaz de perpetrar contra los del PSOE... Enfrentando, además, como digo, y sin necesidad alguna, a Curro de Camas con Paco de Zafra, a andaluces y extremeños. Cuando los andaluces pensamos en otros extremeños, bastante más ilustres que este mindundi, cual el poeta Félix Grande, que de mayor quería ser andaluz y flamenco, y que tocaba la guitarra para acompañar sobrado de compás. O cual mi muy dilecto director de la Real Academia de Extremadura, Santiago Castelo, con un respeto por Andalucía, una veneración por nuestra copla, nuestra literatura y nuestros símbolos que ya los quisiéramos muchos de esta tierra. No, no hay que confundir a la Extremadura de Luis Chamizo y de Gabriel y Galán, a la de Zurbarán y del Maestro Juan Solano con este señor que en nombre de esa tierra hace pasquines audiovisuales en forma de vídeos tan impresentables como él. Y con la de Curros que hay en la Historia de España, no ha podido fijarse este gachó más que en nuestro Faraón. Si se trataba de meterse con Susana Díaz y con el PSOE, tenía que haber puesto mejor a Curro Jiménez, un Curro que quitaba las carteras y se quedaba con la manteca como los actuales bandoleros de los ERE y de los cursos de formación. Y lo más triste de todo es que a ese excelentísimo señor que tanto ha dado la cara por el PP, el partido, en público, no le ha hecho la menor reparación. Ni una disculpa oficial. No, no es su monaguillo extremeño, es Rajoy (que bien que se lució como vicepresidente inaugurando el monumento a Curro en Sevilla) quien le debe un público desagravio a Romero por la ofensa. Como nos lo debe a sus partidarios y a todos los andaluces. IGNACIO CAMACHO LA PRIMA LEJANA En los platós de TV había contadores cuyos dígitos medían el avance de los decimales que nos empujaban al abismo ACE pocos años, en pleno estallido de la crisis, los españoles descubrimos la existencia de un familiar inquietante: la prima de riesgo. La mayoría no sabía muy bien de qué se trataba pero la temía más que a una suegra impertinente. La célebre pariente se metió de lleno en nuestras vidas acompañada de otros temibles demonios familiares, los hombres de negro, unos desconocidos tíos que amenazaban con liquidar la herencia de la abuela a base de rebajas de pensiones, enajenaciones de patrimonio, dramáticos recortes de servicios públicos y despidos masivos de funcionarios. La prima metió más miedo en España que el virus del ébola; en algunos platós de televisión discurrían las tertulias delante de un contador cuyos dígitos medían el avance de los decimales que nos empujaban al abismo. Los que sí la conocían sacaron su dinero del país o lo invirtieron en bonos alemanes a interés negativo: era tal la zozobra que Merkel nos cobraba por guardarnos los ahorros. Todos los días se hablaba en los medios de un rescate, lo que parecía presagiar un secuestro. Eran tiempos de histeria. En 2012, con la prima cerca de los 700 puntos casi nadie acababa de comprender qué rayos eran esos puntos pero los entendidos los señalaban como una especie de temperatura de fusión de materiales un asesor entró alarmado en el despacho de Rajoy. La prima está en 678 informó, lívido, calculando cómo en Bruselas los hombres de negro andarían metiendo sus lúgubres trajes en las maletas. El presidente lo debió de mirar por encima de las gafas y despachó el asunto con su característica pachorra: Ya bajará Y bajó. Bajó tanto que esta semana ha quedado por debajo de los 100 puntos, el nivel que tenía cuando la deuda española era Triple A. Sí, ha sido por la intervención a manguerazos de Mario Draghi, el conde Draco del BCE. Pero también porque Rajoy, cuyos méritos proactivos son escasos, no se puso nervioso. Porque se fijó como máxima prioridad evitar el rescate. Porque es el clásico tipo gélido que nunca te proporcionará emociones pero al que te gustaría tener al volante de un autobús con los frenos rotos. En esta sociedad volátil ya no importa lo que sucedió hace tres años. Y sobre todo no importan las cosas que no ocurrieron, aunque fuese porque alguien las impidió. Sólo cuenta la verborrea nihilista y alborotada de los telepredicadores del sábado. De modo que poco debe esperar el presidente un reconocimiento a su sangre fría. Tal vez aquella fuera por otra parte la única vez en que resultó eficaz su propensión a no hacer nada, a sentarse encima de los problemas y esperar que se resuelvan solos. Pero funcionó. Y la prima se fue por donde había venido y los parientes de negro no tomaron el avión en el que tenían reserva. Nadie los echa de menos pero volverán si, aburridos por la rutina de la estabilidad, volvemos a caer en la tentación aventurera. H JM NIETO Fe de ratas