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14 OPINIÓN VIDAS EJEMPLARES PUEBLA DOMINGO, 8 DE MARZO DE 2015 abc. es opinion ABC LUIS VENTOSO ELLAS Con todo, parece que al final ni Carmona ni Gabilondo van a ganar las elecciones A Rajoy no le va el fútbol de ataque. Lo suyo es más bien el autobús del viejo Maguregui: los once bajo de la portería y a asegurar el empate. Luego, si se marca un golete de chiripa, miel sobre hojuelas. Si le gustase el fútbol ofensivo habría explorado otras soluciones. Por ejemplo, presentar a la alcaldía de Madrid a Soraya Sáenz y a la Comunidad a su mejor ministra, Ana Pastor. De paso, podría haber aprovechado para situar en la vicepresidencia al dialéctico más actual y eficaz de su partido, Feijóo, que entiende y asume que en la era de la comunicación instantánea hay que reaccionar a cada envite en tiempo real. Ese movimiento audaz le habría reportado varias ventajas: presentar la mejor candidatura posible para una tarea tan estelar como Madrid, completar la figura emergente de la vicepresidenta con una victoria electoral que aún no posee, e imprimirle nervio político a un gabinete de oradores melifluos. A pesar del barullo suscitado alrededor de los partidos unipersonales, Rajoy ganará las elecciones. Con el modelo audaz antes citado, las dos personas que se disputarán su sucesión, Soraya y Feijóo, llegarían rodados y seguramente prestigiados. Esperanza y Cristina son hijas de la necesidad. Suponen una solución razonable por emplear la jerga del presidente, que ha hecho de tripas corazón y forzado por las encuestas designa candidata a quien le agitó la silla en 2008 (aunque Rajoy es de buena pasta humana, le habrá costado obviar algo así) El dúo rubio se impondrá en las urnas, porque conforman un tándem electoral competente. Esperanza es perfecta para desarticular a Carmona, tertuliano chisposo al que se ve venir a leguas. Aguirre posee remango para la refriega mediática y el público conecta con sus ideas nítidas y sus reflejos coloquiales, como acreditan tres mayorías absolutas. Cifuentes, aunque todavía no ha demostrado nada, aporta un toque de contemporaneidad a un partido con muchos mandos que huelen a alcanfor. Cristina vuelve antiguo a Gabilondo, socialdemócrata parsimonioso y aburrido, cuya única propuesta hasta ahora es justo la que ha desacreditado a su partido: gastar un dinero que no tenemos. El periplo de Aguirre presenta tintes novelescos. En 2011 gana por mayoría absoluta y un año después dimite por motivos familiares y de salud, para decepción de quienes la habían votado. Ahora, tres años después, vuelve a la liza tras implorar la candidatura. En su mochila arrastra el peso de no haberse percatado de quienes eran Granados y otros golfos que pululaban por sus pagos. Pero es indudable que existe una comunión entre ella y el pueblo de Madrid, que agradece su claridad y su gusto genuino por la libertad. Nombradas innecesariamente tarde, lo mejor que pueden hacer ahora es elevar la mirada; encerrarse un larguísimo fin de semana en sus casas y reflexionar sobre qué quieren para Madrid, pues en eso consiste la política. La capital de España está a un paso de mirar a los ojos a Londres y París, de convertirse en una de las grandes metrópolis del planeta y tirar de todo el país. De eso deben ir estas elecciones, que en contra de lo que parece, no son un concurso de gracejo. PRETÉRITO IMPERFECTO FRANCISCO J. POYATO LA DUALIDAD ANDALUZA Lo mejor para desactivar cualquier atisbo de cambio en Andalucía es convocar elecciones, una cita con el subconsciente B orges elogiaba la buena tradición de no hacer nada en la diversa Andalucía, y las encuestas muestran sonetos borgianos de conformismo onírico. La dualidad andaluza no la representan los dos grandes partidos (PSOE y PP) con sus respectivos satélites mordedores (Podemos y Ciudadanos) en órbita. El bipartidismo andaluz es el campo y la ciudad. Es la gran urbe y la agrociudad, es lo urbano y lo rural, la costa y el interior. Ser o estar. Es la foto demoscópica a color o en blanco y negro. Es el aire que respira la cada vez menos porosa sociedad enrocada en un régimen sin el que no puede pasar y al que no quiere sortear. Es la que intenta romper el statu quo imperante y la que pretende conservarlo. Es la que se cansa hasta el hartazgo y la que ha somatizado un sistema de vida donde la corrupción es sistémica y forma parte del paisaje diario y todos sus niveles. Una irremediable costumbre, hecha ya casi tradición romera. Manga el político, manga el astuto funcionario, trinca el cuñado, burla el empresario deshonesto, miente mi vecino... ¿Qué debe hacer, pues, el honrado y honesto andaluz que cumple las normas... Elecciones andaluzas en Cuaresma, tiempo de perdón y penitencia. Gran metáfora. Y cuando se convierte en un modo de vida, es el placebo perfecto. Todo se retroalimenta y a la vez muestra la curva y contracurva barroca de esta Andalucía paradójica. El sondeo recita contradicciones en dodecasílabos. ¿Cómo es posible que un 60 por ciento de los encuestados diga que quiere un cambio en Andalucía y que los grandes males son el paro y la corrupción, y la opción ganadora siga siendo el PSOE en medio de una escandalera de lustros que mezcla ambos parámetros... ¿Cómo es verídica esta propensión con dos expresidentes imputados por el Tribunal Supremo, cinco exconsejeros por el TSJA, cerca de 300 imputados en el caso ERE que instruye Alaya y en plena oleada de detenciones de la Policía en la Operación Edu que suma más de 200 arrestos por fraudes en los cursos de formación... Tierra de María Santísima que todo lo aguanta. Dicho queda: no hay sociedad ni partido más conservadores que la andaluza y el PSOE andaluz. Suspenso demoscópico a la gestión de la Junta de Andalucía, pero el alumno volverá a pasar de curso. Como la vida misma. Cada día estoy más convencido de que la mejor herramienta política para desactivar cualquier atisbo de malestar general en la ciudadanía andaluza frente al régimen y un cultivo de cambio es convocar unas elecciones. Una especie de cita con el subconsciente que nos recuerda quiénes somos, de dónde venimos y adónde tenemos que ir sin desviarnos del camino correcto. Una llamada al orden... de las urnas. La convocatoria de unos comicios, aunque la jugada de la estabilidad y el antojo de la señora Díaz le pueda dar un sobresalto y complique sus ambiciones personales, es el mejor desinhibidor, porque con las cosas de comer no se juega. Todos a la mesa, hora de almorzar. ¿Votar con el estómago o con la cabeza? Arranca la campaña electoral de los indecisos y aquellos otros electores del voto vergonzante que ni saben, ni contestan. En las encuestas solo hablan los que tienen muy claro qué opción van a elegir sin caravana política que atraviese sus pensamientos para convencerles de lo contrario. Inoculados en el paisaje y paisanaje. A los mítines van los convencidos, como a los colegios electorales. A la abstención, los resignados, descreídos e hijos de esa abulia poética de Borges.