Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
122 GENTESTILO SÁBADO, 28 DE FEBRERO DE 2015 abc. es estilo ABC CORZAS MELLIZAS Adonis en Yamaha DAVID GISTAU n casi todas las revistas aparece Irina Shayk con un vestido que me estoy imaginando la cara que pondría la mamá de CR 7 si la viera presentarse así para una Nochebuena. Las transparencias, los besos como disparos contra una lata lanzada al aire... Todo en Irina es la eclosión sensual y extrovertida de una mujer que parece decir ahora me toca a mí después de liberarse de una tiranía doméstica que nos la tenía desperdiciada, tratando de aprender a freír huevos para obtener la aprobación de una familia nuclear tan vulgar como otra cualquiera (véase Tolstoi) El come- back de Irina revela que lleva la separación bastante mejor que Cristiano, dejado atrás en un submundo de tacklings y preguntas de periodistas deportivos mientras ella E asalta el cielo de Hollywood con un lomo más explícito que toda la verborrea de los redentores. Me imagino a CR 7 triste al amanecer en el cadillac de Loquillo, pensando en Irina: Siempre quise ir a L. A. cruzar el mar en tu compañía Pues no, Edipo. Elegiste. Te quedas con mamá en Pozuelo de Alarcón. No es frecuente que las revistas aborden asuntos prosaicos de la política. Lo hace Lecturas con un perfil, digamos que poco técnico en cuanto a análisis económico, del ministro griego Varufakis. Quien al parecer tiene más sex- appeal que nuestro Montoro, cosa inaudita. La redactora que lo describe, bien predispuesta desde el instante en que le parece fascinante que el ministro se mueva en Yamaha ella ve a Rodolfo Valentino en un potro alazán dice cosas como que Varufakis es un griego de manual ¿Y qué es un griego de manual? ¿Un filósofo en albornoz? ¿Un falsificador de cuentas públicas? ¿Un evasor fiscal? Pues no. Un griego de manual es un señor que lleva un marinero dentro, que tiene un aspecto de Adonis y que lucha indefectiblemente por la utopía. O yo he estado en otra Grecia, en la que hasta con caballeros obesos me he cruzado, o este maravilloso artículo es la demostración de que el calentón sexual es incompatible con la frialdad de mente necesaria para el análisis político. Ande, pruebe usted a hacerlo con Merkel. O con Rajoy, pruebe a endosarle las palabras marinero, Adonis y utopía y luego imagíneselo usted aparcando la Yamaha en su fantasía sexual. En Semana me encuentro con Raquel Mosquera. Embarazada. Enfundada en pieles y con una hija a caballo, con un aire como de haber sido la khaalesi de Jesús Gil cuando éste entró en Madrid como un rey dothraki a lomos de Imperioso. Raquel tiene un novio nigeriano que se llama algo parecido a Amunike y cuyo rostro lleva cincelado en un colgante dorado que parece la muela de un zíngaro. No sé por qué me estoy de- morando en esto. Tal vez porque la alternativa es un hijo de Carmina Ordóñez, ¿Julián? que siempre sale contando su ruina y contagiando tanta tristeza hasta su inapetencia sexual nos cuenta, el tío alegre que al terminar de leer la entrevista uno busca el número de la cuenta corriente abierta para auxiliarlo. En Pronto sale Bárbara Rey rebajada con corrección como el vino con agua. De una mujer tan vivida y baqueteada, tan incrustada en el Wild Side de la Santa Transición, lo que menos apetece es que decida imitar a Jaime Peñafiel y valer más por lo que calla que por lo que cuenta. Con otro estilo, igual de apasionante me parece Isabel Preysler incluso cuando habla de los ungüentos que vende. Cada día más Nefertiti, habla de su duelo, de su tristeza de viuda, de los vacíos en el hogar, y se declara dispuesta a volver a amar alguna vez. Ni siquiera necesita las transparencias ni los besos al aire para que los hombres acudan a ella como a un casting.