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32 PRIMER PLANO 28- F Reportaje Cántame cómo pasó SÁBADO, 28 DE FEBRERO DE 2015 abc. es ABC sidencia. Del Valle dibuja de aquellos iniciales tiempos una realidad compleja, engorrosa y chocante: salían unos de las instituciones y entraba otros que llegaban con muy poco respaldo institucional. En román paladino, con menos papeles que una liebre. Es el caso de Plácido Fernández Viagas, como primer presidente preautonómico. Cuando se les instalan en la primera planta de la Diputación Provincial de Sevilla, el entonces presidente de la misma, casado con una hija de Carrero Blanco, Manuel Borrero, presenta su dimisión por, digamos, incompatibilidad de caracteres políticos. Para muchos políticos y funcionarios del antiguo régimen los nuevos eran unos verdaderos invasores que llegaban para echarlos de sus trabajos sin más respaldo que un acuerdo de parlamentarios andaluces reunidos en Cádiz en enero de 1978. Vale. Muy bien. ¿Y qué? En Madrid se atendía más a las órdenes que aún emanaban de los poderes franquistas que los que nacían de la nueva situación. Así las cosas, a Plácido Fernández Viagas y al equipo de la primera Junta preautonómica se le asignan dos despachos, un teléfono de centralita, un Seat negro muy usado del parque móvil de la Diputación y un chofer de Los Pajaritos, maravillosa persona, llamado Anarte. Y la terrible sensación de ser, en aquella casa, una especie de ocupa al que se le miraba de soslayo. Aquella noche del 28 de febrero de 1980, cuando se celebró el referéndum, el Casino de la Exposición de Sevilla estaba a reventar para seguir los resultados en la famosa pizarra que hoy se encuentra en el museo de la Autonomía Instalados en la austeridad La austeridad, precariedad y escasez de recursos lo perfila ajustadamente esta anécdota vivida por Manuel del Valle, jefe del gabinete de la Presidencia, sin dudas un nombre pomposo para una realidad tan canija. Viajaron el presidente y él hasta Valencia. Se subieron al Catalán el tren que unía la Andalucía del subdesarrollo con la Cataluña que se nutría de la mano de obra sureña para seguir despegando y creciendo. Tenían una reunión en Valencia. El tren salió a las seis de la tarde de la antigua Estación de Córdoba, hoy complejo de ocio, gastronómico y de tiendas situado frente a la estación de autobuses de la calle Arjona. Y cuando llegaron a la ciudad del Turia, sobre las seis de la mañana, tuvieron que caminar y hacer tiempo para poder desayunar, ya que los bares no estaban ni abiertos. No es de extrañar la sana pelusa que el señor Fernández Viagas y su director de gabinete de la Presidencia sintieron cuando José Tarradellas, presidente de la Generalidad, los recibió en la Casa de los Canónigos en Barcelona. A diferencia de los gobernadores civiles andaluces y los alcaldes de la comunidad preautonómica, Tarradellas acogió a sus invitados sin dilación y haciendo gala del poder que siempre tuvo Barcelona. Era inevitable suprimir la tentación de con- ABC Nuevo espíritu En las gargantas de muchos de los manifestantes de aquel 4 D del 1977 se oía la letra y la música de Carlos Canos cantando: De Ronda vengo Medios El sueño comenzó muy austeramente. En los despachos más modestos de la Diputación Provincial de Sevilla Personal Plácido Fernández Viagas, Lola Cintado y Manuel del Valle, conformaban la plantilla del arranque político de la preautonomía Nueva situacion Para muchos políticos y funcionarios del antiguo régimen los nuevos eran unos verdaderos invasores trastar. Y no había color entre La Casa de los Canónigos con la infraestructura puesta al servicio del nuevo poder con los dos despachos y medio y el Seat de color negro que tenía nuestra preautonomía en la Diputación. Del Valle salió de aquella entrevista con la plena convicción de que Tarradellas era un tipo de peso y quedó atraído de su personalidad política. No varió gran cosa la situación (en espacio sí) cuando el Ayuntamiento de Sevilla les ofreció mudarse al Pabellón Real de la Plaza de América. Allí, recuerda Alfonso Lazo, consejero de Cultura de la Junta preautonómica por el PSOE, gozaron de más metros cuadrados. Pero no de mucho más. Su consejería tenía un presupuesto de dos millones de pesetas anuales. Y de ahí se pagaban dos directores generales y una secretaria. Recuerda Alfonso Lazo que pudimos montar un espectáculo musical en el Lope de Vega, con flamencos y roqueros andaluces. No había para mucho más Pero Rafael Escuredo, que por entonces era consejero de Obras Públicas, no dejaba pasar la ocasión para mostrarle a los periodistas su gran idea para articular Andalucía de costa a costa: la autovía del 92. La red de carreteras que conectaban las diferentes capitales andaluzas era muy deficiente. Y Rafael Escuredo estaba convencido de la necesidad de llevar a cabo aquella gran obra pública para poder cohesionar Andalucía y superar su aislamiento. Cada vez que podía, convocaba a la prensa, y vendía con fotos, gráficos y algún que otro panel aquel proyecto que nunca pudo abordar. Su camino era distinto. La autovía del 92 estaba destinada para que fuera su sucesor, José Rodríguez de la Borbolla quien la acometiera no sin posteriores polémicas sobre su financiación. El sueño va sobre el tiempo Escuredo no pudo conectar Andalucía de costa a costa. Pero sí se dio cuenta de lo que estaba pasando en la comunidad a raíz de la explosiva irrupción parlamentaria de los andalucistas del PSA. Habló y trató de convencer a la máxima autoridad del partido de que se quedaban sin clientela si no se echa-