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12 OPINIÓN LLUVIA ÁCIDA PUEBLA LUNES, 23 DE FEBRERO DE 2015 abc. es opinion ABC DAVID GISTAU THE FIGHT Pacquiao viaja con su mujer. Mayweather, con un gang como el de los raperos L adoctrinamiento de la Transición, al excluir el boxeo de las pasiones tolerables para el nuevo español democrático que era tallado entonces, tiene como consecuencia que España sea uno de los pocos países en los que pasa casi desapercibido el anuncio de un acontecimiento gigantesco, la pelea entre Mayweather y Pacquiao. Al boxeo no le ocurría nada igual desde que un escuadrón de escritores aerotransportables seguía a Alí hasta cualquier rincón del mundo. De hecho, y habida cuenta del poco tiempo que les queda a los púgiles para conceder episodios de revancha, tal vez estemos ante el destello final de una época después de la cual es difícil detectar la aparición de un gran púgil planetario que aúne hegemonía y carisma y mueva millones de dólares sólo con ubicarse en su esquina. Todo quedará dispersado en los Canelo, los Cotto y los Golovkin, excelentes peleadores de los pesos medios pero sin estatura legendaria. Mayweather es el último gran personaje, heredero de un sentido arrogante del show fomentador de odios, burlón. Lo mismo se hace grabar cuando obliga a todos los empleados de una sucursal bancaria a contar los billetes que trae metidos en bolsas de deporte que cuando se encierra en una suite de hotel con una docena de prostitutas para que le hagan el baile del perreo mientras él las contempla sentado en una butaca con veleidades de trono pagano. Hace algún tiempo, le recomendaron que tratara de proyectar una imagen más familiar. Colgó un vídeo doméstico en el que aparecía tumbado, rodeado de velas, mientras su esposa, vestida apenas con lencería, le aplicaba un masaje erótico. La de Mayweather es una fanfarronería que no extiende cheques sin fondos: sus combates siempre pagan la baladronada. Una parte inmensa de la afición lleva tiempo esperando que alguien le dé por fin la lección de una primera derrota. Los últimos en intentarlo fueron el Canelo y Maidana, éste por dos veces. Ahora se produce la conjunción anhelada, la que le pone delante a Pacquiao, un boxeador discreto, familiar y religioso, derivado ya a la política, que se erige como la Némesis perfecta en el reparto de roles maniqueos. Es una adaptación de cuando Alí se pretendía un liberador racial y hacía pasar a sus rivales por Tíos Tom resignados a ser entretenimientos del hombre blanco. Pacquiao viaja con su mujer. Mayweather, con un gang como el de los raperos al que a veces se incorpora Justin Bieber con rango de mascota, doblados los brazos por el peso de los cinturones. Mayweather arriesgará en el combate el récord de 49- 0 que pretende robar para la posteridad a Rocky Marciano. Es difícil ver sobre un ring a dos púgiles de estilos más antagónicos. Elusivo Mayweather, demonio de la esquiva, escurridizo contra las cuerdas. Ofensivo Pacquiao con esas combinaciones poco ortodoxas que podrían batir una mayonesa y por las cuales a veces se descuida, como cuando Márquez le enganchó de contra un swing estremecedor. Hasta mayo, ya todo será estar en vísperas. E VIDAS EJEMPLARES LUIS VENTOSO NO, AITANA, NO Asegura la actriz comprometida que nunca hemos estado peor... E STE texto fue escrito ayer tarde, antes de la madrugada de los Oscar. Todo indica que Eddie Redmayne, un inglés enjuto y pecoso de 33 años, que pasó por las exclusivas aulas de Eton, se llevará la estatuilla como el perfecto clon de Stephen Hawking. Si es así, a Redmayne le preguntarán qué siente tras ganar, qué opina del valiente científico de Cambridge, cómo fue el rodaje... Lo que resulta improbable es que la prensa anglosajona le solicite con avidez su punto de vista sobre la situación política del Reino Unido. Redmayne es un actor. Interesa lo que diga sobre su oficio, porque es ahí donde puede ofrecer opiniones cualificadas, o su faceta mundana de estrella, pues nos guste o no, eso divierte a sus seguidores. Pero nadie lo abordará para saber cómo manejar el déficit o reformar la sanidad. Aitana Sánchez- Gijón es una excelente y experimentada actriz. Si la corrección política me lo tolerase, añadiría además que es una mujer de una guapura distinguida, hermosura que no la ha abandonado a sus 46 años. Juan Cruz, un buen conversador, le ha hecho una entrevista en El País En este momento la actriz trabaja en el teatro junto a Mario Vargas- Llosa. El premio Nobel ha escrito una obra que recrea la atmósfera del Decamerón y hasta se sube al escenario como actor. Vargas- Llosa es uno de los tres mejores novelistas en castellano de la segunda mitad del siglo XX. Pero sus cualidades como autor teatral y actor han suscitado un entretenido debate. Parte de la crítica celebra su pieza y su arrojo actoral. Otros confiesan que la sesión es soporífera y que el Nobel despacha el reto con el salero de quien dicta una conferencia: zapatero a tus zapatos. Así que tenía su miga ver qué opinaba de esta polemiquilla una actriz tan capacitada como Aitana, que además comparte tablas con el literato por segunda vez. Pero en la entrevista ella habla monográficamente de ¡política! Aitana es lo que en España se llama una actriz comprometida Es decir, defiende de manera militante sus ideas de izquierdas. En un país tan sutil y ponderado como el nuestro, huelga decir que si a la admirable Aitana le hubiese dado por Hayek en vez de por Marx, la actriz comprometida pasaría a ser tildada de facha y abrasada en Twitter. Tras defender a Podemos, partido que regurgita el retrógrado ideario comunista y que tras dar lecciones de pureza ya atufa, la prestigiosa actriz concluye que España nunca ha estado tan mal como ahora. Pues, no Aitana, no. Hemos estado mucho peor, y tampoco hace tanto. Por ejemplo, durante la presidencia del comprometido José Luis Rodríguez, que firmó en 2009 una caída del PIB del 3,6 por ciento, destruyó empleo como nunca en la España moderna en tiempo de paz, agravó una recesión que parecía perenne y escamoteó los datos reales del déficit. Estábamos bastante peor cuando el presidente Rodríguez y su gobernador amateur del Banco de España pilotaron una chapucera reordenación de las cajas incluida la salida a bolsa de Black Bankia que nos abocó a pedir un auxilio europeo. Estábamos peor cuando el gran Rodríguez dio alas al separatismo, reabriendo alocadamente un problema territorial que estaba en sordina. O cuando pulverizó la continuidad histórica de la diplomacia española y tejía delirantes alianzas con el autócrata Erdogan. O cuando bloqueaba las iniciativas contra los desahucios, irrumpía en las empresas privadas como un paquidermo (la operación Endesa) o echaba sal en las heridas ya cerradas de la Guerra Civil. Pero el mundo se puede contemplar a la luz de los datos o con las orejeras del dogma inamovible que un día nos ganó el corazón.