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46 ABCdelDEPORTE Córdoba CF- UD Almería La clave LUNES, 9 DE FEBRERO DE 2015 abc. es deportes ABC Héldon y Crespo protestan al árbitro ya en la segunda mitad mientras intentan levantarse en presencia del excordobesista Verza VALERIO MERINO El descanso saca del partido a los hombres de Djukic, que pasan del sobresaliente al suspenso en un cuarto de hora Adonis, en la caseta califal JOSÉ M. DOMÍNGUEZ CÓRDOBA or definición, el descanso divide las dos mitades de un partido de fútbol. Sin embargo, el intermedio del Córdoba- Almería separó algo más. Trazó la línea entre el final del optimismo y el comienzo de una nueva etapa oscura para el Córdoba, que tendrá que volver a encontrar el cuchillo, colocarlo entre sus dientes y apretarlos más que nunca si no quiere perder las opciones de salvarse antes de tiempo. ¿Qué pudo ocurrir en el vestuario de uno y otro equipo para que cambiasen tanto los futbolistas del Córdoba y el Almería en el segundo tiempo? Juan Ignacio Martínez, técnico rojiblanco, aseguró en rueda de prensa que sus hombres se miraron la cara Difícilmente verían en el espejo algo agradable. Durante 45 minutos, el gesto del Almería sólo había reflejado impotencia, fruto de la estéril fatiga que P suponía perseguir sin éxito a los futbolistas califales. Una colección de rostros desencajados fue el estímulo que necesitaba el conjunto visitante para reaccionar. Quince minutos de hipnosis; de un tratamiento poco convencional, mucho más conectado con lo anímico que con lo táctico. Porque en cuanto a fútbol, poca solución se vislumbraba al baño que estaba recibiendo el club del Oriente andaluz. Lo que ocurría mientras en la otra caseta, la blanquiverde, se convertirá probablemente en un tabú. La vergüenza o la culpa de quienes allí estuvieron impedirán que se conozcan los detalles de un cuarto de hora que puede decidir una temporada. Con 10, resultaba obvio que un parón perjudicaría, como siempre, al equipo que dominaba. Si el reglamento lo hubiese permitido, Juan Ignacio Martínez hubiese cortado mucho antes el ritmo del Córdoba con un tiempo muerto. El pitido de Martínez Munuera (otro árbitro para la colección de enemigos de El Arcángel) fue en cambio el que puso fin, después de 45 minutos, al recital de fútbol califal. Los jugadores blanquiverdes saborearon cada uno de los pasos que les dirigían al túnel de vestuarios. El público se quitaba los guantes para aplaudir. Merecía la pena. Vitoreados como héroes y conscientes del espectáculo que acababan de ofrecer, bajaron las escaleras los futbolistas. Si al Solución Los jugadores del Almería se miraron la cara en el intermedio para recuperar su mejor versión Tabú Resultará difícil conocer qué ocurrió en el vestuario local durante quince minutos decisivos llegar a la caseta alguno se miró al espejo, debió ver a un adonis. Con la confianza por las nubes, se hubiese pasado los quince minutos del descanso recreándose ante su propia imagen. Quizá Miroslav Djukic, que hablaba al fondo, decía algo sobre el Eibar, que empató hace menos de un mes en El Arcángel tras un primer tiempo calcado... O algo así. La autocomplacencia taponaba los oídos. Nadie consideró el asueto como una parte del partido. El cuchillo en la boca afeaba una sonrisa ganadora, perfecta. Así que el Córdoba lo dejó en el vestuario. Saltó al césped sin el arma que semanas atrás lo había sacado del descenso. Y, como Adonis, se encontró sobre la hierba con un jabalí herido, furioso. Sólo habían pasado quince minutos, pero ni siquiera los colores de las camisetas permitían reconocer a los protagonistas del primer acto. Los de casa permanecían embelesados. Intentaban, como al principio, arrancar el aplauso de la grada. Ya no sabían hacerlo. No podían. El Almería, mucho menos agraciado desde el punto de vista estético, les hizo pagar con la muerte su petulancia. A los rojiblancos les bastó con mirarse la cara. Deberá probar a hacerlo el Córdoba para recordar que nunca fue tan guapo y, de paso, para encontrarse a sí mismo en un mes temible, en el que recibirá al Valencia y visitará los campos de Sevilla y Espanyol.