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32 ANDALUCÍA LUNES, 9 DE FEBRERO DE 2015 abc. es andalucia ABC 30 años de la apertura de la verja de Gibraltar Salté la valla y me entregué a la Guardia Civil para poder ver a mi padre muerto Testimonios humanos a un lado y otro del Peñón certifican que a pesar del enrocamiento político de las Administraciones, los verdaderos protagonistas siempre son sus ciudadanos ROMUALDO MAESTRE SEVILLA Página oficial del Gobierno de Gibraltar. En inglés. Requisitos para casarse en La Roca un no residente. Entre otros demostrar que se va a pasar al menos una noche después del matrimonio en el istmo. Y si no tiene un propio, súbdito de la Gran Bretaña que le acoja en su casa para la ocasión, la propia web da una lista de los hoteles válidos que podrán certificar dicha obligación. Es sólo un detalle. ¿Qué es Gibraltar? ¿Una oportunidad de negocio? ¿Un error histórico en forma de cesión? ¿Un termómetro político donde se evalúan nuestras buenas o malas relaciones con la Corona británica? ¿Un paraíso fiscal? ¿La península con el mayor número de fumadores por metro cuadrado del mundo a raíz de los cigarrillos que venden? ¿Un anacronismo? ¿Una economía pujante? ¿Una sociedad dinámica multicultural? ¿El saco de boxeo donde descargar las iras patrias de uno y otro lado? Cuentan que en 1942 los estudiantes falangistas del SEU se apostaban frente a la embajada británica en Madrid protestando a la vez que tiraban piedras. Entonces el em- bajador británico en España, Samuel Hoare, telefoneó a Ramón Serrano Suñer, en aquella época ministro de Interior. Serrano Suñer preguntó si quería que le mandase más policías. No, quiero que me mande menos manifestantes contestó el embajador. Serrano lo desmiente Esa anécdota era un chascarrillo con mucho éxito hasta que Serrano Suñer en una tribuna en este periódico el 11 de febrero de 1973 lo desmintió: Pues bien, al lector que sea afecto a la verdad le interesará saber que aquella frase sin duda ocurrente, graciosa y hasta simpática Hoare no la pronunció nunca, al menos no me la dijo nunca a mí, ministro dialogante en aquella ocasión Si era cierta o no lo que sí es evidente es que Gibraltar, treinta años después de abrir de par en par la verja que la mantenía aislada con el resto de España, es casi indiferente a nuestra sociedad. Para bien o para mal, cada uno juzgue según sus intereses, la colonia británica, así lo estableció Naciones Unidas en 1964, tiene un estatus a día de hoy casi neutro Ninguna de las partes implicadas va a dar su brazo a torcer para salir de este atolladero político sobre soberanía, hasta dónde llegan las aguas territoriales y su encaje fiscal dentro de la Unión Europea. Las partes se han enrocado, nunca mejor dicho, en que la razón jurídica les asiste a ellos y no al contrario. Eso en el apartado político, donde los avances y retrocesos tienen la dimensión de sólo pequeños pasitos. Pero hay otros planos, los humanos, los que componen ese tejido que atraviesa casi a diario las aduanas, tiene familia a un lado y a otro, trabaja en un sitio y vive en el otro, soporta colas y se beneficia o se perjudica de te- ner a pocos pasos dos mundos tan diferentes. Hemos querido recoger sus testimonios. Hasta Tánger Manuel Márquez, 56 años, soldador, afirma que si se teclea su nombre en una base de datos solo aparece un delito: haber saltado ilegalmente la valla en 1980 cuando murió su padre. Con 18 años fue a ver a su hermana viuda de un gibraltareño y su sobrino disminuido al Peñón. Quería pasar allí unas vacaciones de ocho días y se quedó para trabajar hasta hoy. Al principio como fontanero, luego como soldador, en la base naval y ahora en una naviera. Cuando le comunican que su padre ha fallecido en La Línea, primero intenta entrar por el mar a España. Imposible, le ven y lanzan bengalas. Entonces no le queda más remedio que saltar la valla por las bravas y entregarse inmediatamente a la Guardia Civil. Era en noviembre, un frío horrible, me metieron en el calabozo directamente, y yo sin poder decirle adiós a mi padre muerto, ir al velatorio nos relata Márquez aún emocionado. Menos mal que después de mucho insistir un sargento comprobó que era cierto todo y habló con el comandante a ver que se podía hacer; me soltaron con la condición de que me presentara después del entierro continúa este trabajador español en Gibraltar. Al día siguiente me metieron en un barco y me acompañaron hasta Tánger, en Marruecos, allí me pusieron en libertad y pude regresar al Peñón prosigue. Cuando se le pregunta qué sintió el día que abrieron la verja no lo duda, una alegría Fronteras mentales Stephen Payas es partidario de abrir no solo fronteras físicas sino mentales Burlar el bloqueo El patrón de los pescadores recuerda cómo se acercaban en botes de recreo para burlar el bloqueo La apertura de la verja supuso para la comarca de Gibraltar un punto de inflexión económica, a pesar del estancamiento del diálogo entre las partes