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ABC DOMINGO, 11 DE ENERO DE 2015 abc. es estilo GENTESTILO 105 A ESTA ALTURA El Soho destrona al Midtown El sur de Manhattan se consolida como la zona más interesantre para las firmas de moda MARÍA LUISA FUNES Un barrio de Nueva York se ha convertido en el nuevo polo de interés para las marcas de moda. Es el Soho. Tras décadas de predominio del Midtown la zona de Manhattan alrededor de la Quinta avenida, Madison Avenue y la calle 57 el mundo comercial ha girado al sur. En el clásico Midtown, se asientan Bergdorf Goodman, Barneys o el antiguamente imprescindible Hotel Plaza, así como las potentes marcas del establishment tradicional, de Tiffany a Gucci y de Cartier a Valentino. Con el tiempo, el Midtown se convertía en una zona más parecida al cuadrilátero milanés, a la Avenue Montaigne parisina o el Mayfair londinense, compitiendo con nuevos polos de compra en otras capitales del mundo y perdiendo su supremacía. Las marcas punteras olfatearon el potencial de la zona sur de Manhattan, el Soho, un barrio industrial, con un pasado manufacturero, grandes puertas, gigantes ventanales, estructuras en acero y edificios en ladrillo visto. En los años 70, se había convertido en zona de talleres para artistas bohemios y sus edificios se fueron llenando de lofts con nuevos residentes y galerías de arte. Las marcas de moda se fueron acercando al Soho, intentando apropiarse de los valores que representaba: autenticidad, modernidad, arte y mezcla de culturas. como muy avant garde. Desde entonces, otras empresas de moda más alternativa han sucumbido al encanto de la modernidad del barrio: Stella McCartney, Derek Lam, Alexander Wang o Balenciaga, e incluso los potentes Saint Laurent o Chanel han abierto tienda, todos deseosos de estar a la última. Pequeñas tiendas, como las de Opening Ceremony, Ina, Evolu- MARTA BARROSO TAN CERCA, TAN LEJOS C FOTOS: CORDON Habituales en el Soho Actores, cantantes, modelos o iconos de estilo van de compras en este barrio. Taylor Swift (arriba) y Alexa Chung en Navidad Los pioneros En 2001, los pioneros de Prada plantaron un Prada Epicenter en pleno Soho, desplazando hacia el sur el eje de la moda neoyorquina para siempre. Creado por el arquitecto Rem Koolhaas, amigo y confidente de Miuccia Prada, fue un espacio revolucionario que si bien nunca ha sido rentable para Prada, sí que reposicionó la marca tion o Aurélie Bidermann, dan un toque único a la zona. Años después, la competencia de Inditex Topshop, Uniqlo y H M abrió con éxito enormes tiendas en la zona; desde entonces en Zara no han parado hasta encontrar local propio. La llegada de las grandes low- cost al Soho y los nuevos espacios disponibles en Manhattan en parte debido al cierre de grandes almacenes como J. C. Penney o Macy s reconfigurarán el aspecto comercial de la gran manzana. Para Zara, ya era el momento de subirse al tren. EXEMPLAR meros 5 y 6 de la plaza St. James, por el que el hombre más rico de España ha desembolsado 335 millones de euros (265 millones de libras esterlinas) El inmueble, situado en una de las zonas más caras de la capital británcia, fue adquirido con objeto de ser remodelado por la firma Exemplar, según reza la web de esta compañía que se han encargado de la restauración de otros prestigiosos inmuebles en el Reino Unido. El proyecto, que arrancó en 2010, fue completado en marzo de 2014. Poco antes de la Navidad, Rio Tinto cerró la operación de venta a la inmobiliaria Pontegadea con una rentabilidad inferior al 4 La multinacional minera se queda como inquilina de 7.340 metros cuadrados del edificio, mientras que el resto de la superficie permanece vacante para otros clientes. Amancio Ortega, quien dispone de un capital de 46.000 millones de euros, ha adquirido edificios comerciales y de oficinas en diversas ciudades del mundo. En Londres, además del inmueble de la plaza St. James, destaca la compra del bloque de oficinas de Devonshire House, en diciembre de 2013, por 480 millones de euros. ierro los ojos y pienso. ¿De qué escribo? Me han arrancado el sentido del humor de cuajo y no soy capaz siquiera de pensar en algo divertido. Una y otra vez la misma imagen resurge en mi interior. No lo puedo evitar. La del terrorista pegando un tiro al policía que yace en el suelo. Parece que pide ayuda. Pero lo que recibe es la muerte. Con un solo y certero tiro le remata con una seguridad aplastante. Tengo miedo. De la crueldad humana. Pienso en tantos muertos que se han ido injustamente. Los yihadistas asesinan a sangre fría la libertad de prensa. La realidad supera la ficción y las imágenes parecen mostrarnos una película de guerra. Los más pequeños preguntan. ¿Quiénes son los buenos y por qué les matan? Los buenos son gente normal y corriente, dibujantes magníficos, periodistas independientes, los miembros de una redacción que saca una revista con el sudor de su pluma. Se me hiela la sangre. Al imaginar otra terrible escena. Los encapuchados malignos disparando sangre a diestro y siniestro. Los teléfonos sin parar de sonar en la redacción. Como cualquier otro día. Pero nadie contesta. No están ocupados, su extensión ya no tiene ningún sentido. Su extensión ha muerto. La noticia, terrible, desgarradora, protagoniza el día, la tarde, la noche. Del miércoles. Y deja en segundo plano una matanza mayor. La que se realiza la madrugada de ese miércoles fatídico, y que deja para el recuerdo a casi 40 víctimas mortales. Pero es en Oriente, no en Occidente. Aunque los asesinos sean los mismos pero con distinto nombre. A nadie, a mí la primera, nos impacta igual. ¿En Yemen? Pobres. Pero parece que por estar allí ya están acostumbrados. Y parece, que por ser de allí, sus familias van a sufrir menos. Pero qué nos importa Yemen. No están cerca y no son occidentales. El terror continúa. Los asesinos siguen matando. En total a 17 personas. Tres días de guerra auténtica. La realidad supera la ficción. París, tomado. Francia, en pie de guerra. Europa, francesa. El mundo, pendiente de lo que sucede en la ciudad de la luz. El mundo se siente francés. El mundo llora lágrimas. Menos los que pertenecen a él, pero son de otra casta. La inhumana. ¿Cómo arrancar una sonrisa estos días? No soy capaz. Hasta que todo, tristemente, vuelva a la normalidad. Porque volverá.