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ABC DOMINGO, 11 DE ENERO DE 2015 abc. es cultura CULTURA 89 DE PRIMERA MANO Toros Máximo a doble página Nunca se sintió humorista. Se le puede considerar un dialéctico inquisitivo, un hombre libre, coherente con la contradicción y activo reflexionador, que no reflexivo LUIS ÁNGEL DE LA VIUDA Apasionante toreo solidario de El Juli y Talavante en Manizales ROSARIO PÉREZ MANIZALES (COLOMBIA) E n enero de 1961 me incorporé a la Secretaría de Redacción del diario falangista Arriba Unos días antes, se había hecho cargo de la dirección del periódico Rodrigo Royo, nombrado director del matutino madrileño por el ministro José Solís, a requerimiento del entonces delegado nacional de Prensa, Jesús Florentino Fueyo. Como se ve, falangismo en vena. Pero otro falangismo, que el que hasta entonces había permanecido en el periódico de la calle Larra y cuyo representante más genuino era el entonces subdirector del periódico, Vicente Cebrián. A las funciones propias de un secretario de Redacción, que iban desde contestar a las cartas de felicitación hasta valorar el trabajo de los colaboradores, el director Royo me encargó la coordinación técnica que no ideológica de las páginas editoriales. Un día entre los días me apercibí de que había una persona que llevaba bastante tiempo, horas tal vez, esperando ser recibido, creo que por un redactor jefe. Como la espera se prolongaba, le pregunté que cuál era su propósito y me respondió que enseñar unos dibujos que pretendía poder ser incluidos en las páginas del Con Café de ministros Máximo fue el primero que publicó en la prensa española caricaturas de los miembros del Ejecutivo diario. Entonces los dibujantes del rotativo eran Ballesta y Puig Rosado. Sin entrar en más detalles, entre Máximo, que tampoco era falangista, y yo se estableció una relación de afecto, paisanaje y colaboración, que tuvo su mejor desarrollo en la revista SP a lo largo de varios años. La culminación de este esfuerzo común se materializó en octubre de 1967, cuando me hice cargo de la dirección del semanario, y le propuse a Máximo que, con el referente acreditado del francés Cesc en el semanario L Express realizara semanalmente una doble página a su libre voluntad, que podía ser de texto, de dibujo o de mezcla de ambas disciplinas. Desde el primer momento Máximo acertó de pleno y ya su primer artículo fue un largo repaso, Pesadillas de un adicto a la letra impresa en el que después de una somera lectura de la prensa del día, que le llevó de sol a sol y parte de la noche, cayó rendido y soñó... Del fenomenal trabajo de Máximo, que se prolongó en la revista hasta después de abandonar yo su dirección, existen dos hechos muy significativos. El primero, la publicación en la prensa española de un primer dibujo con las caricaturas de los miembros del Ejecutivo, Café de ministros y el segundo, una apabullante y descomunal lección de economía política, Gorra y Coyuntura que narra las vicisitudes de un ciudadano que decide ir a comprarse una gorra y establece las consideraciones, consecuencias y problemas que tan importante decisión le acarrea. Luego el trabajo profesional nos separó. Aunque no coincidí con Máximo en el diario Pueblo pues, tras una discusión con mi director, Emilio Romero, se fue a El País donde permaneció hasta 2007 en que, de una manera abrupta e inexplicada, tuvo que abandonar las páginas del entonces diario independiente de la mañana y desde donde fue acogido en ABC, lugar donde terminó su trabajo profesional hasta que él mismo decidió gloriosamente desvanecerse. Máximo Sanjuan, burgalés de Mambrilla de Catrejón (1933) nunca se sintió humorista, según declaraciones reiteradas, y se le puede considerar un dialéctico inquisitivo, un hombre libre, coherente con la contradicción y activo reflexionador, que no reflexivo. Sintió y amó a su tierra, pero como muchos buscó horizontes donde pudo: Valladolid, Madrid y, sobre todo, sin menospreciar a Maeztu, que dijo aquello de que el que anhelaba la seguridad del árbol que muere donde nace él pensó que eso era muy hermoso pero con esa doctrina Colón no hubiera descubierto gran cosa y tiene que haber de todo, señores que se queden donde les plantan y otros que se van de paseo, pero siempre vuelven. Yo estoy muy contento de haber vuelto y quiero decir que ese árbol lo llevo conmigo allí donde estoy Y todo a media luz. Miles de velas y almas iluminaban y adoraban a la Virgen Macarena en su procesión por el ruedo antes de una noche taurina por una buena causa. Buena no, superior. Todo lo recaudado en el festival de Manizales iba destinado al hospital infantil de la Cruz Roja. El mismo que por la mañana habían visitado algunas figuras del cartel entre sonrisas y lágrimas emocionadas. Una de ellas, Alejandro Talavante, con dos orejas simbólicas, vivió la gran apoteosis de la velada. Todo lo antitorero que tenía ese look con perilla se tornó en lo opuesto desde que asomó el sexto novillo. Entusiasmó en las verónicas con aires de Curro (Vazquez, su ex) y en unas chicuelinas de bello remate. Se presentía algo grande. Y así fue desde los estatuarios. La izquierda brilló con torería y naturalidad. ¡Qué manera de torear! Mágica borrachera, con cambios de mano excelsos, trincherillas, dos arrucinas que enloquecieron, los de pecho de pitón a rabo... Y un juego de muñecas que era esencia en el proceso de éxtasis general. Cañonero continuaba con la boca cerrada y obediente a la tela de Alejandro, que se entretuvo con listeza en manoletinas y bernadinas mientras se agigantaba la petición de indulto. No le quedó otra al presidente que concederlo entre la algarabía del personal. Emoción a raudales se había vivido antes con el faenón de El Juli al estupendo segundo pese a sus flecos mansitos. Flor de té se llamaba. Tila parecía portar en las venas Julián. ¡Bendita despaciosidad! Relax desde el saludo. Y por triplicado cuando tomó la muleta en una obra perfecta de primerísima figura. Tras el principio por alto, ruletas de derechazos, norias interminables como la de París. En un palmo de terreno rotaba la pierna; con sorprendente flexibilidad, la muñeca. A derechas el delirio, con pasmosa seguridad, como un ceramista de embestidas. A izquierdas siguió in crescendo, variado siempre, desde los molinetes a la arrucina. Bestial en todo, con los riñones muy encajados y hundido sobre la tierra. Algunos pedían el indulto, pero el matador agarró con seriedad la espada. Con las dos orejas conquistadas, aplaudió a Flor de té en el arrastre. Torero gesto y triunfal vuelta al ruedo. Sebastián Castella anduvo muy por encima del peor rival y se ganó con méritos una oreja. Otra paseó un magistral Hermoso de Mendoza con el último, mientras que El Cid, Sebastián Vargas y Andrés de los Ríos se quedaron sin premio.