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86 CULTURA Adán y Eva, expulsados por el Arcángel San Miguel y su espada en llamas DOMINGO, 11 DE ENERO DE 2015 abc. es cultura ABC La obra maestra de Milton El Paraíso perdido en el pincel El ilustrador Pablo Auladell publica una bella versión gráfica de la gran epopeya sobre la Caída del hombre JESÚS GARCÍA CALERO MADRID C iego, muy cerca de la muerte, proscrito... Así es como John Milton (1608- 1674) dio al mundo una de las epopeyas más ambiciosas y profundamente espirituales que ningún poeta ha compuesto jamás. Se trata de El Paraíso perdido un relato épico en 10.565 versos sobre la Caída del hombre y la expulsión del Paraíso, sobre la desobediencia y la nostalgia de un mundo perfecto e inalcanzable. En estos días sangrientos y tristes, después del atentado criminal contra la redacción de Charlie Hebdo cobra actualidad una nueva versión de este libro emocionante, traducida al lenguaje de las imágenes, precisamente, que ilustran la guerra de los cielos y la astucia de Satán en el laberinto de la rebelión de los ángeles. Además, nada pa- rece más apropiado hoy que hablar de Milton, porque también es el autor de la Areopagítica la primera defensa moderna de la libertad de expresión. El artista que ha realizado esta versión en imágenes (por tanto imaginada) de la monumental obra de Milton es Pablo Auladell (Alicante, 1972) y confiesa en el prólogo de El Paraíso perdido (editorial SextoPiso) que ilustrarlo ha sido un trabajo arduo que le ha acompañado desde 2010 y que, sólo ahora que ha puesto el punto final, se siente preparado en realidad para comenzar a dibujar el encargo. Pero contemplando la última viñeta, que muestra al arcángel Miguel y la espada flameante ante las puertas cerradas para siempre del Paraíso perdido, creemos que tal vez exagera. Vayamos al principio. Nos asomamos a la portada, en la que aparece un Satán tocado con sombrero, con la cabeza ladeada, elucubrando un plan in- falible en la tiniebla del resentimiento. Abrimos el volumen, le vemos caer desde el borde del cielo, junto con los ángeles rebeldes, hasta el abismo (para Milton, el Caos) un lugar oscuro, donde queda fulminado y atónito Una región, sin embargo, donde luego se levanta e invoca su venganza, junto al resto de secuaces del Pandemónium, no ya para asaltar el cielo, sino para arrastrar al hombre, la nueva criatura del jardín creado por Dios. 10.565 versos No es una empresa fácil trasladar los 10.565 versos, divididos en doce libros, cargados de metáforas e imágenes que hunden sus raíces en la noche de los tiempos, religiosas y poéticas, a un conjunto muchísimo menor de viñetas. El cambio de una imagen por mil palabras no se cumple en este Paraíso y, sin embargo, hay en el trabajo de Auladell una propuesta literaria indudable. Algún perfume de William Blake revive, y el gran poeta e ilustrador británico del XIX asoma en esta onírica representación de la Caída del hombre. Porque hay que saber que el poeta de El Paraíso perdido es uno de los autores ingleses más influyentes de la his- toria. No fue un literato aislado, sino un ciudadano activo y audaz en sus convicciones y sus intervenciones públicas. Hemos mencionado la Areopagítica publicada en 1644, cuando el Parlamento británico se planteaba volver a aplicar en Inglaterra la censura que antes había eliminado y que existía en otros reinos, entre ellos España. Ese libro tuvo una enorme influencia, para empezar en la redacción de la Constitución de los Estados Unidos de América. Milton había nacido en un tiempo convulso. Creció en las postrimerías del reinado absoluto de Carlos I, un monarca que quiso imponer su voluntad contra todo y contra todos. No existió, probablemente, un mayor y más acérrimo defensor del derecho divino de los Reyes. Y actuó como tal, hasta chocar con el Parlamento, sucumbir a la revolución, a manos de un pueblo que hubo de apresarlo, procesarlo y, finalmente, decapitarlo el 30 de enero de 1649. El verdugo no gritó: ¡Miren la cabeza de un traidor! como era costumbre, mientras se la mostraba al pueblo. En aquel periodo de guerra civil Milton tomó claro partido y el 13 de febrero de 1649 publica un tratado que justificaba el regicidio: Tenure of Kings and Magistrates