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ABC DOMINGO, 11 DE ENERO DE 2015 abc. es PRIMER PLANO 31 El pulso de la calle La amenaza yihadista Los musulmanes de ahora No quieren ser parte de Francia, ni izquierdista ni derechista, quieren recuperar el islam de sus antepasados En la actualidad Los barrios se han convertido en cerradas ciudades norteafricanas cas y religiosas. Los hijos lo intentaron. No fue fácil. Lo consiguieron algunos, fracasaron otros. Los nietos hicieron saltar todo por el aire: no queremos ser franceses, queremos el islam de nuestros antepasados. Y el islam no es República. Diciembre del 84. No había habido aún problemas serios ni con las fes ni con las indumentarias religiosas en las instituciones. Comenzó a haberlos. En una Francia a la cual el 68 había legado la más honda liberación femenina, las jóvenes musulmanas comenzaron a presentarse con velo en los Liceos. Y los jóvenes a exigir profesores sólo varones. La enseñanza pública es la República. Ningún signo religioso puede anteponerse al principio republicano que exige que, desde el momento en que traspone la verja del Liceo, nadie es distinto de nadie. Salvo por su inteligencia. Fue un conflicto brutal. Prolongado por el enmascaramiento de las mujeres musulmanas en las calles. Y hubo que legislar una evidencia: el rostro es el ciudadano; privar a un ciudadano de su rostro en el espacio público, además de plantear problemas policiales serios, es, antes que nada, atentar contra lo que define a la República: la ciudadanía. No había izquierda ni derecha en eso. Era la República. Y punto. Centros escolares y hospitales aplicaron, bien que mal, la norma. Pero los barrios musulmanes de las metrópolis fueron convirtiéndose en cerradas ciudades norteafricanas trasplantadas a la geografía francesa. La imposición del orden allí acabó por ser declinada por una Policía que se decía impotente frente a bandas militarmente armadas. Los clérigos tomaron el control. Los atentados antijudíos se multiplicaron. Los jóvenes beurs se enrolaron, primero en Afganistán, luego en Siria, para recibir formación militar al servicio del Profeta. Y retornaron. Hoy Francia sabe tener en el interior de sus ciudades un ejército de soldados de Alá. De profesionales que matan con eficacia. Matan a su enemigo: la libertad republicana. Asesinar a Charlie Hebdo era asesinar el 68. Para volver a las cavernas. Judíos, musulmanes y cristianos intentan salvar la convivencia LUIS DE VEGA ENVIADO ESPECIAL A PARÍS Flores, velas y notas escritas en papel con todo tipo de condolencias. Sobre esos tres pilares se ha ido improvisando un pequeño altar junto a una de las vallas que delimita el perímetro de seguridad en torno al supermercado judío donde un terrorista mató el viernes en París a cuatro personas antes de ser abatido. Cientos de parisinos se acercan al lugar de la tragedia. Algunos lo hacen en familia acompañados incluso por bebés y niños pequeños. La emoción les embarga y acaban derramando lágrimas en el momento de depositar las flores, encender las velas- -algunas con cruces- -o dejar hojas de papel escritas en francés o en árabe. Soy judío se lee en una de las notas que firma un musulmán francés que añade descansen en paz No esconden que son musulmanes, judíos o cristianos. Sobre el dolor y la emoción de sus testimonios reluce el deseo de no dar por perdida la batalla de la convivencia en la capital francesa. Los ataques entre el miércoles y el viernes de los hermanos Said y Cherif Kouachi, en nombre de Al Qaida, y de su amigo Amedy Coulibaly, en nombre del EI, han dejado veinte muertos incluyendo a los tres terroristas. Los objetivos, diversos: la Redacción del semanario satírico Charlie Hebdo las fuerzas de seguridad y un supermercado de comida judía. En Francia viven 3,5 millones de musulmanes y medio millón de judíos. Todos somos Charlie (en referencia al medio atacado) Apoyamos a Hiper Cacher se lee en el escaparate a pie de calle de la oficina de Mohamed Rahou, un musulmán francés de 62 años. Mientras detalla todo lo que pudo observar del ataque, muestra los vídeos que grabó desde la puerta del local con su teléfono en los primeros momentos de los disparos de Coulibaly. Estaba a treinta metros del lugar del atentado y señala que los agentes empezaron a llegar en apenas tres o cuatro minutos Carreras y gritos con los disparos de fondo. Las imágenes ya las tiene colgadas en su perfil de la red social Facebook. Miedo al futuro Desde el primer momento sabíamos que había al menos dos muertos porque nos lo decían por mensajes de teléfono desde dentro del supermercado. En este barrio convivimos musulmanes y judíos con normalidad señala Mohamed con los ojos llenos de lágrimas. Al Qaida ha anunciado que la ola de ataques no ha terminado. La población parece que se está preparando para que corra más sangre. Habrá más muertos en nuestra comunidad. Eso es evidente vaticina junto a los ramos de flores Pascal Belissa, un médico judío de 48 años, vestido con vaqueros y tocado con kipá negra. ¿Vamos a poder vivir normalmente en nuestro país? ¿Puede una familia judía vivir en Francia? Hoy, en 2015, no. Imposible. Cada día me pregunto si mis hijos van a volver a casa se lamenta Belissa a ABC.