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ABC DOMINGO, 11 DE ENERO DE 2015 abc. es PRIMER PLANO 25 La opinión La amenaza yihadista TODOS ESTÚPIDOS Y MALVADOS POR GUY SORMAN Aquí no hay por qué En otras palabras, el Mal existe en sí, al igual que la locura asesina existe por sí misma E l atentado contra Charlie Hebdo en París coincide con el inicio en Boston del juicio del terrorista que en abril de 2013 hizo estallar una bomba en la línea de meta del Maratón y mató e hirió a cientos de corredores. En ambos casos, los asesinos dicen actuar en nombre del islam y pretenden vengar la agresión occidental contra países musulmanes, contra su civilización y contra su religión. Tanto en Francia como en EE UU, los autores son inmigrantes que parecían integrados en su sociedad de acogida. A partir de esta simple y banal observación, todo el mundo se verá tentado a racionalizar y proponer alguna explicación lógica a la locura asesina. Hay occidentales con una mala conciencia que atribuirán a las víctimas la responsabilidad de estos crímenes: No habría que haber invadido Irak, Afganistán ni conquistar Argelia en 1830. Son los mismos que dirán que Charlie Hebdo se lo buscó (a este respecto, el portavoz de Barack Obama ha lamentado los errores de juicio de Charlie Hebdo) Según estos derrotistas del pensamiento, Charlie Hebdo nunca tendría que haber ironizado sobre el islam, sino que debería haberse atenido a su actividad inicial, como caricaturizar al Papa, por ejemplo (un anticlericalismo sin riesgo) Esta autocrítica que traslada la responsabilidad del asesino a las víctimas es una forma de culparse a uno mismo muy conocida en el psicoanálisis, pero si los occidentales dejasen de inmiscuirse en los asuntos del mundo, de querer exportar la razón y de ironizar sobre todo, ¿seguirían siendo occidentales? ¿Seguiría Charlie Hebdo siendo Charlie Hebdo si se autocensurase y se volviese políticamente correcto? Esta tentación de explicar el crimen por el comportamiento de la víctima me recuerda lo que los franceses preguntaban a mis padres, que huían de los nazis: ¿Les han hecho realmente algo a los alemanes para que estén resentidos con ustedes hasta ese punto? Mis padres tenían la desgracia de ser judíos, al igual que Charlie Hebdo tiene la desgracia de ser estúpido y malvado que es el lema de la revista, o en resumidas cuentas, su razón de ser. Libertad de expresión El público asistente a un partido de rugby en París mostró ayer pancartas de solidaridad con la revista satírica Charlie Hebdo A la derecha, dos de sus portadas más mordaces os plantearemos por lo tanto, sin hacer ningún énfasis, que los crímenes de París y Boston son crímenes ante todo, que es posible describir las circunstancias y los actores, y que es posible trazar paralelismos y señalar la tergiversación del islam, la dificultad de algunos inmigrantes para integrarse, el conflicto latente entre los valores occidentales y una cierta humillación en el mundo árabe al que le cuesta entrar en la modernidad y en la globalización que se le impone. Pero todas estas observaciones, de hechos innegables, describen, pero no explican nada, porque, en el fondo, no existe una explicación. A Primo Levi, encarcelado en Auschwitz, y que quería entender la exterminación de los judíos, un soldado nazi le contestó: Aquí no hay porqué En otras palabras, el Mal existe en sí, al igual que la locura asesina existe por sí misma. Es lo que escribió Annah Arendt sobre Adolf Eichmann durante su juicio en Tel Aviv: sobre el horror de la Shoah reinaban unos pequeños burócratas, o la Banalidad del Mal. El hecho de calificar los crímenes de Boston o París de atentados terroristas equivale a otorgar una distinción casi honorífica a los asesinos. Ese término de atentado terrorista, al que se le puede añadir, si fuese necesario, el adjetivo islamista solo sirve para tranquilizarnos, para introducir racionalidad histórica y para incluir lo inconcebible en una pequeña casilla etiquetada previamente, porque resulta más tranquilizador decir atentado islamista que admitir la locura de los hombres. En Boston o en París, esta locura se ha expresado de una forma y con un vocabulario acordes con nuestra época, de la misma manera que, hace un siglo, los asesinos lanzaban bombas en recintos políticos o mataban a jefes de Estado en nombre de la anarquía, gritando Viva la anarquía que, hoy en día, es el equivalente anticuado del Alá es grande Esta locura asesina alcanzó sin duda uno de sus puntos culminantes en España cuando, en la década de 1930, el militante fascista José Millán- Astray impuso como grito de guerra a sus tropas Viva la muerte Esta promoción de la muerte que se vale de la ideología del momento siempre estará con nosotros, y el hecho de querer explicarla equivale a legitimarla, mientras que Aquí no hay porqué a respuesta adecuada a los asesinos de Charlie Hebdo será seguir siendo estúpidos y malvados o en otras palabras, irónicos, sin temor y sin hacernos ilusiones sobre la naturaleza humana. El hecho de querer explicar mediante el terrorismo, el islam, la inmigración, el abuso de los videojuegos, etcétera, etcétera, es hacerse el inteligente y adoptar una pose. Invito a los manifestantes de todas las partes del mundo que proclaman su solidaridad con Charlie Hebdo a compartir la estupidez deliberada y la maldad irónica de Charlie Hebdo, nada más. N E n el lado opuesto a aquellos que dan lecciones y culpabilizan a las víctimas, se encuentran los pseudo- racionalistas anti- islámicos que nos dicen que, como en Boston y en París los asesinos dicen actuar en nombre de Alá, el islam es por tanto la causa de su acto. Pero decir que se actúa en nombre de Alá no quiere decir que Alá haya armado a los terroristas. Si Alá es Alá, nos los imaginamos ocupándose de unas tareas más elevadas que la de hacerse cargo de la locura de los que se proclaman adeptos. Entre los 1.000 millones de musulmanes que hay en el mundo, que no obedecen a ninguna autoridad central, ni local, dudo que haya muchos que aprueben los atentados de París o de Boston. Además, una de las víctimas del atentado L en París es un policía de origen árabe y de religión musulmana. El islam en estos dramas solo es la excusa de la locura asesina, ya que actuar en nombre de una causa que le supera- -una religión o una ideología- -otorga al asesino una razón de ser, una razón para matar. Por consiguiente, no es un banal asesino, sino que se convierte, en su opinión, en un noble combatiente.