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LUNES 5.1.2015 Editado por Diario ABC, S. L. San Álvaro, 8, 1 3, 14003 Córdoba. Diario ABC, S. L. Reservados todos los derechos. Queda prohibida la reproducción, distribución, comunicación pública y utilización, total o parcial, de los contenidos de esta publicación, en cualquier forma o modalidad, sin previa, expresa y escrita autorización, incluyendo, en particular, su mera reproducción y o puesta a disposición como resúmenes, reseñas o revistas de prensa con fines comerciales o directa o indirectamente lucrativos, a la que se manifiesta oposición expresa. Número 36.165 D. L. I: M- 13- 58 Apartado de Correos 43, Madrid. Publicidad 957 497 675 Suscripciones 901 400 900 Atención al cliente 902 530 770. 15021 8 424499 000020 EL BATALLÓN DE LOS PERPLEJOS Por Álvaro Martínez Otra de Almodóvar: entre Zipi, Zape y el Pelargón Al tiempo que se inventa golpes de Estado y hambrunas, el manchego sigue haciendo películas. Dice que la próxima se llamará Silencio y no, no parece autobiográfica Su última película no estuvo entre las treinta más vistas en España en 2013 hambrunas, el director de Calzada de Calatrava sigue haciendo películas. La última se llamó Los amantes pasajeros y no figuró entre las treinta más vistas de todas las estrenadas en 2013. En el apartado de cine español le batió claramente Zipi y Zape y el club de la canica La competencia fue feroz ese año y, visto con perspectiva, no fue tan desastroso caer ante una obra que narraba las peripecias de los hijos de Pantuflo Zapatilla y doña Jaimita. En realidad fue el tercero, porque una película titulada Mamá también sedujo más al público. Pero no estuvo mal, sobre todo porque contuvo la hemorragia de espectadores que el realizador arrastra desde 2006. Si ese año con Volver consiguió sentar en la butaca a 1,9 millones personas, con Los abrazos rotos en 2010, la cosa no llegaba a 700.000. Para resarcirse y demostrar que el éxodo de seguidores solo respondía a una simple pájara, al año siguiente se deshizo de su inveterada pereza y filmó La piel que habito con la que ¡vaya por Dios! no llegó a vender 400.000 entradas. Para encontrar la cima del tirón de taquilla del creador manchego hay que remontarse a 1988, cuando con Mujeres al borde de un ataque de nervios superó los 3,3 millones de espectadores, esto es, casi diez veces más que los que fueron a ver cómo Antonio Banderas intentaba sacar lustre a la piel de Almodóvar. Por tanto, hay que meterse en su pellejo y entender su irrupción en el comentario social y la política- ficción: sus últimas producciones son vapuleadas al amanecer, a mediodía y de noche, sin misericordia, por casi toda la critica especializada, y es mejor que se hable de esto y de aquelo antes que de los trastazos en la taquilla. Vuelve Almodóvar, con exclusivas y con Silencio a medio camino entre Zipi, Zape y el Pelargón. H A vuelto. La patria de los perplejos venía echando de menos sus atinados y primorosos análisis sobre la realidad y las grandes exclusivas de lo que de verdad y de buena tinta ocurre en la escena política. Sin ir más lejos, el año pasado por marzo se cumplió una década de aquel notición del siglo con que sorprendió a media España y mandó a los albañiles a toda la profesión periodística, que no se enteró de nada: el PP intentó dar un golpe de Estado entre los atentados del 11- M (casi doscientos asesinados) y las elecciones del domingo siguiente... Y se quedó tan ancho. Esta semana ha regresado. Y lo ha hecho para anunciar otra exclusiva el título de su próxima película. Se llamará Silencio y aún tiene que elegir el reparto. Pero, aprovechando la coyuntura y el micrófono, volvió a soltarse en la prensa anglosajona: Nunca habría pensado que viviríamos una situación social como la que estamos viviendo en España, volvemos a escuchar problemas como el del hambre de los años cincuenta, cuando nací. Este Gobierno no quiere escuchar a la gente. Han sido tres años horribles, pero en las elecciones todo va a cambiar Ya lo sabe usted: España está a punto de Pelargón y se muere de hambre, como en los años cincuenta, cuando nació Pedro Almodóvar. (Que en realidad nació en los cuarenta, pero cuando uno ya tiene edad de jubiEFE lación se le disculpa su acomodo en la coquetería) Sobre estas líneas, Almodóvar. A la izquierda, Entre anunciar imaginarios golpes de Estado y un bote de Pelargón. Arriba, Zipi y Zape JEB BUSH PRECANDIDATO REPUBLICANO A LA PRESIDENCIA DE ESTADOS UNIDOS Todo queda en casa E L apelativo de Jeb por el que se le conoce es, en realidad, el acrónimo de su nombre, John Ellis Bush (Midland, Texas, 1953) que hasta hace unos días tenía larvada su carrera política desde que en 2007 dejó de ser gobernador de Florida, donde completó dos mandatos ganados en las urnas casi sin despeinarse. Desde que saliera de allí, el hijo y el hermano de George Bush pertenecía al consejo de administración de una empresa de educación por internet, asesoraba al Barclays, estaba ligado al fondo de inversión inmobiliario Rayonier y era el socio principal de la firma Jeb Bush Associates, un rumboso bufete de abogados donde aprovechó el tirón del apellido, aunque su formación fuera más bien técnica al graduarse en Ingeniería del Petróleo, que Te- xas es tanto como estudiar para ingeniero agrónomo en El Ejido. Como ventajas que impulsan su carrera hacia la Casa Blanca, cuenta con un perfil moderado (banderín de enganche del electorado independiente) haber sido virrey en Florida (que suele ser un Estado clave en las presidenciales) y que su mujer, Columba Garnica Gallo, es mexicana, lo que le acerca al cada vez más fértil vivero de votos hispanos. Con ella tiene tres hijos (George P. Noelle y John Ellis Bush, Jr. que educó en el catolicismo, fe a la que se convirtió al matrimoniar con Columba. El hablar correctamente español no le ha impedido seguir la tradición familiar en su nivel de conocimiento en política exterior, acreditado cuando, en una visita a España, agradeció al presidente de la República de España su amistad con Estados Unidos Si gana la candidatura puede que tuviera que enfrentarse en noviembre de 2016 a Hillary Clinton, en un duelo de apellidos de sobra conocidos en el número 1.600 de la avenida de Pensilvania de Washington. Gane quien gane, pues, todo quedará en casa. AFP