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10 OPINIÓN VIDAS EJEMPLARES PUEBLA JUEVES, 1 DE ENERO DE 2015 abc. es opinion ABC LUIS VENTOSO YOGUR GRIEGO La eterna crisis helena trae lecciones para España L OS griegos clásicos inventaron la filosofía, el teatro, la democracia y las olimpiadas. ¡Vaya arreón! Griegos fueron Platón y Aristóteles, también el padre de la medicina, Hipócrates, los matemáticos Pitágoras y Arquímedes, y por supuesto Homero, el poeta que ya dejó escritas todas las fábulas. La Grecia antigua definió un canon de belleza que nadie logró emular hasta el Renacimiento. Si nos ponemos a buscar hitos de los griegos actuales, el panorama se torna menos memorable. A bote pronto, vienen a la mente el yogur griego, la musaka, las sugerentes melodías arrabaleras del rebético y la alegre habilidad de sus contables para tergiversar las cuentas con una jeta desprejuiciada y sin límites. Si Grecia baila siempre sobre un abismo no se debe al nefando neoliberalismo salvaje ni al corsé de hierro de Merkel, ni a las perrerías de la cruel casta de la Troika y Goldman Sachs, que es lo que proclaman los comunistas de Syriza, el Podemos local. Si Grecia tiene la solidez del yogur que les da fama es solo porque los griegos no respetan sus propias normas. Han construido un país de pillos, donde cumplir con el fisco raya lo excéntrico y donde exprimir pícaramente la ubre pública constituye el ADN nacional. El periodista económico estadounidense Michael Lewis, antiguo vendedor de bonos en Wall Street, ha escrito algunos de los libros más elocuentes y divertidos sobre el carajal de malas prácticas que gestó el batacazo global del 2008. En su obra del 2012, Boomerang Lewis acude a Grecia a echar un ojo. Lo que ve explica porque ese país no puede funcionar. El lago Kopais, que lleva más de un siglo desecado, sigue contando con una oficina hidrográfica, con un tropel de funcionarios. Las profesiones de peluquero, locutor, camarero y otras 600 más han sido declaradas de alto riesgo lo que les permite prejubilarse a los 55. En el 2009, cuando la UE decidió levantar la tapa de la olla griega y olfatear, se encontró con que el déficit no era de 7.000 millones, como aseguraban sus autoridades, sino de 30.000. Dos tercios de los médicos con consulta privada no pagan impuestos. En año electoral, la hacienda helena hace la vista gorda y la ya de por sí paupérrima recaudación se desploma, porque el Gobierno de turno no quiere ser antipático con los tributos. Ahora el Gobierno ha caído, acosado por el populismo de Syriza, que promete soluciones para todo liberando al país del yugo de los mercados Si ganan los comunistas, probarán un recetario harto fracasado. Simplemente no funciona. Solo trae miseria y merma de la libertad. Los griegos, eso sí, se darán el gustazo de propinar una patada en los cataplines al establishment, a Bruselas y al FMI, como hicieron los italianos quemando sus votos estúpidamente con Beppe Grillo. Es propio de sociedades infantilizadas o iletradas pensar que alguien curará desde el Estado todos los males. Esa mentalidad ilusa, gregaria y dogmática, es la que arrojó a los europeos del siglo XX al horror del fascismo, el comunismo y el nazismo; y la que ahora da cancha a la monserga nacionalista y al odio al extranjero. Hay lecciones en la tragedia griega. CAMBIO DE GUARDIA GABRIEL ALBIAC LO QUE NO ES GRECIA Todo lo invertido en Grecia ha sido devorado por la corrupción. Es dinero perdido. Ojalá sea el último ACE tres años ya que lo escribí aquí: no existe más Grecia ya que la que persevera, eterna, en los volúmenes de las bibliotecas La Grecia que en los cantos homéricos construyó nuestra visión épica del mundo; la Grecia que, con Esquilo, Sófocles y Eurípides, nos puso ante el espejo en el cual nos supimos irremediables, frágiles y, antes que nada, paradójicos; la Grecia que, en Platón, instaló al hombre libre ante el horizonte más grandioso de la la inteligencia: afrontar esas maravillas acerca de lo uno y lo múltiple, que por estar en la esencia de la lengua nunca pueden ser agotadas y al cual él llamó filosofía; la Grecia que con Epicuro vence a la muerte; la Grecia que pervivía en el ingenio de un pensador que, en la Alejandría del siglo tercero, se niega a ser retratado porque bastante desdicha es tener ya que soportar un rostro como para añadirle un duplicado; la Grecia que, de modo paradójico, vive en la lengua y la escritura de San Pablo, en los neoplatónicos tardíos de Bizancio, última Grecia en la otra orilla... esa Grecia no existe. Sus últimas cenizas fueron aventadas, junto a las de la gran biblioteca, el día de la primavera de 1453 en que cayó Constantinopla para no volver a alzarse. Cosme de Medici invirtió cantidades suntuosas para recuperar restos de aquella biblioteca. Es lo que quedó. Un equipo de sa- H bios, a los cuales Cosme instaló en su Villa de Careggi, consumó el milagro: ordenó códices, restauró, tradujo, anotó, comentó, rehizo. Salvó Grecia. Que, a partir de ese día, es esto sólo: libros; nuestros libros. Leyenda por la cual nosotros somos. Tanta fuerza tiene esa memoria legendaria, que olvidamos lo esencial: no hay Grecia. Hace ya mucho. Hay el nombre sólo. Y ese nombre, Grecia, designa ahora otra cosa. No, el caótico país al cual hoy llamamos Grecia no es, en rigor, Europa. Esto a lo cual las convenciones diplomáticas llaman Grecia es tan sólo un Estado fallido, residuo de la quiebra del Imperio Otomano en el siglo XIX y en continuo conflicto bélico con la antigua metrópoli hasta entrado el siglo XX. La UE se negó a afrontar esa evidencia. Prefiriendo hacer rodar el peso fósil de las mitologías: aquellas en las cuales se invoca el irrevocable prestigio de la Grecia Clásica. Es como pretender que el Egipto moderno tenga algo que ver con el de los faraones. Más allá del suelo. Que es, en sí, nada. La Unión Europea y Grecia son dos mundos que se excluyen. La lógica de la UE es capitalista. La de Grecia, parasitaria. Un parásito requiere un protector que pague. Grecia, que quedó del lado de Occidente tras una guerra civil que les supuso a los griegos un coste humano más alto que el de la segunda guerra mundial y la ocupación alemana, aceptó ser cobijo estratégico de la VI Flota a cambio de una prestación equitativa: Estados Unidos cargaba con los gastos griegos. Se forjó, así, durante medio siglo, una economía subvencionada, a cuyo abrigo la corrupción fue único motor económico. Hasta el día de septiembre de 1989 en que la URSS cayó y el parapeto griego dejó de ser rentable. Acabada la guerra fría, Grecia no tiene nada que vender. Y nadie tiene motivo alguno de peso para cargar con sus gastos. La constante de todos los políticos helenos ha sido, en estos años, vivir a costa de la UE. Es culpa de la UE, que no supo desengancharla a tiempo de un proyecto económico para el cual no está capacitada. Todo lo invertido en Grecia ha sido devorado por la corrupción. Es dinero perdido. Ojalá sea el último.