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DOMINGO 24.3.2013 Editado por Diario ABC, S. L. San Álvaro, 8, 1 3, 14003 Córdoba. Diario ABC, S. L. Reservados todos los derechos. Queda prohibida la reproducción, distribución, comunicación pública y utilización, total o parcial, de los contenidos de esta publicación, en cualquier forma o modalidad, sin previa, expresa y escrita autorización, incluyendo, en particular, su mera reproducción y o puesta a disposición como resúmenes, reseñas o revistas de prensa con fines comerciales o directa o indirectamente lucrativos, a la que se manifiesta oposición expresa. Número 35.516 D. L. I: M- 13- 58 Apartado de Correos 43, Madrid. Publicidad 957 497 675 Suscripciones 901 400 900 Atención al cliente 902 530 770. 13127 8 424499 000020 PEDRO CAVADAS Españoles Retratos de ÁLVARO YBARRA ZAVALA El reconstructor de hombres Por IGNACIO CAMACHO ECÍA Oscar Wilde que a partir de cierta edad cada uno es responsable de su cara. Pero eso no es exactamente así desde que Pedro Cavadas se encerró en un quirófano durante quince horas para trasplantarle el rostro, la lengua y parte del cuello a un hombre. Ese día este médico valenciano convirtió la cirugía reconstructiva en un ejercicio casi psiquiátrico. Avanzó por los vericuetos de la identidad para dotar a un paciente destrozado no sólo de una nueva piel, sino de una nueva autoestima. Y se situó en el borde de ese abismo de lo imposible en el que el desafío científico adquiere una cierta condición demiúrgica, casi metafísica. Aunque haya trasplantado, implantado y reimplan- D tado brazos, manos y piernas, a veces por pares, Cavadas no es un moderno Frankestein ni un mecánico de reciclaje humano sino una suerte de samaritano asomado al vértigo de los límites de la medicina. Su carácter provocador, alborotado, competitivo y populista se ha ido remansando en el ejercicio de un impulso de solidaridad que le ha llevado al fondo de las carnicerías étnicas de África, donde los machetes del odio tribal actúan como una artesanal máquina de amputar miembros humanos. En ese viaje al horror, como un personaje de Conrad, ha depurado vanidades y se ha implantado a sí mismo un corazón menos ambicioso y más sereno. La engañosa cara un poco gamberra, como de incorregible y jaranero vitellone, la traía así de fábrica.