Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
14 OPINIÓN POSTALES PUEBLA SÁBADO, 22 DE DICIEMBRE DE 2012 abc. es opinion ABC JOSÉ MARÍA CARRASCAL EL NUEVO GOVERN El nuevo Gobierno catalán nace, más que como un acontecimiento glorioso, como un velatorio. Y puede que lo sea H E perdido la cuenta de los gobiernos que he visto nacer en las más variadas circunstancias y lugares. No recuerdo ninguno que haya nacido con tantos recelos, dudas y prevenciones como el que Mas y Junqueras acaban de engendrar, casi como por inseminación in vitro, en Cataluña. Ni con tan poca alegría. Ni una sonrisa, ni un abrazo, ni un brindis. Caras largas por todas partes y palabras lúgubres en todos los labios. No ya en la oposición, donde sería lógico, sino en las propias filas, entre los aliados y seguidores. Lean ustedes La Vanguardia con artículos como esquelas. Y puede que lo sean. Incluso antes de que el Gobierno tome posesión, ya han surgido las primeras diferencias entre los socios. Junqueras asegura que si el Gobierno español pone dificultades para que Cataluña se independice (lo que entra en sus deberes si no quiere ser acusado de incumplirlos) habrá que adelantar la consulta Mas ni siquiera la citó. Como la palabra independencia Y ¿cómo se entiende eso de que cuanto se haga en el proceso de dar a Cataluña estructuras de Estado será legal ¿Por arte de magia o de birlibirloque? ¿Y si el Tribunal Constitucional dice que no es legal? ¿Se le desobedecerá? ¿Es legal pasarse por el arco del triunfo las sentencias del TC? Ya sabemos que a los militantes de ER les encantaría, ¿pero también a los serios señores de Convergencia, por no hablar de los más serios de Unió? Quiero decir que se han metido en un buen lío y ellos son los primeros en saberlo. De ahí las caras largas. Como el jugador que ha puesto todo el dinero que le queda a un número, con la esperanza de que un golpe de suerte les salve. Pero la suerte cuenta muy poco en política. Cuenta el poder, el respaldo, la perseverancia, que ellos no tienen. Sin que esta vez puedan echar las culpas a España. Se lo han buscado ellos solos. Antes de lo que esperan, se encontrarán acusándose mutuamente de haber perdido la oportunidad de que Cataluña se convierta en el nuevo Estado europeo Y ambos tendrán razón. Si CiU y ERC se hallan en situación límite, la del PSC es patética. Los socialistas catalanes, como no saben qué hacer, no van a hacer nada. Según dicen, no van poner palos en las ruedas del nuevo Gobierno, el que quiere separar Cataluña de España. Como si no fuera con ellos. Y todavía Rubalcaba se atreve a decir que tiene la fórmula para resolver los problemas españoles. Cuando ni siquiera es capaz de resolver los de su partido. Quién sabe si no terminan aceptando la invitación que Mas les ha hecho para unírsele. Serían capaces. A fin de cuentas, ya lo hicieron con Esquerra. Con una diferencia: ahora serían los monaguillos de los independentistas. ¿O lo fueron siempre? Por cierto, ¿saben el último chiste de Zapatero? No cree que Mas sea independentista. DESDE SIMBLIA JOSÉ CALVO POYATO ¡QUE LARGO ME LO FIÁIS! Frente a las prospecciones que lanzan pesimismo sobre España, el libre albedrío hace al ser humano impredecible E STOS días finales de diciembre son propicios a la recogida de datos que cierran el año y aún más a proyecciones sobre el futuro. Esas que se modifican continuamente, como las que, por ejemplo, señalan las cifras del Producto Interior Bruto del próximo quinquenio, la evolución y sostenimiento del sistema de pensiones para tal o cual fecha, la población activa que habrá dentro de no sé cuantas décadas... Unas proyecciones demográficas que llegan hasta 2050, pronostican un futuro lleno de pesimismo. En esta década las defunciones superarán ya a los nacimientos, lo que sumado a una corriente migratoria, con más salidas que llegadas, traerá un pérdida de población en cifras absolutas. Según esas proyecciones España perderá a razón de cien mil efectivos anuales, un millón por década. En 2050 tendrá cuarenta y un millones de habitantes. Dichas proyecciones ofrecen otros datos donde se apunta a que un tercio de los españoles será mayor de sesenta y cuatro años, los que corresponden a la actual edad de jubilación, no con la que el futuro reserve a quiénes vivan en 2050. Así mismo, se señala que por cada persona dependiente- -se entiende como tales a las que han cumplido sesenta y cuatro años- sólo habrá otra en edad laboral. Algún tertuliano ha afirmado, con contundencia, que las dificultades actuales son una especie de prologuillo respecto a lo que aguarda a los españoles a la vuelta de la esquina. Los tertulianos han hecho de profetas de calamidades. No me cabe la menor duda de que dichas proyecciones demográficas están hechas con rigor encomiable y que sus autores trabajan con modelos contrastados. Pero en las tertulias se han tomado como una verdad que inexorablemente nos conduce al despeñadero. Nadie ha aludido a los cambiantes vientos de la historia ni a lo incierto del futuro. ¿Quién iba a decirle a Luis XVI y a la nobleza de Francia, pongamos por caso en 1785, que una década después en aquella nación no habría monarquía, habrían guillotinado al rey y desaparecido los privilegios nobiliarios? ¿Quién iba a vaticinar doscientos años después, en 1985, que una década más tarde no iba a existir la Unión Soviética, que el muro de Berlín estaría derribado y que el Pacto de Varsovia habría fenecido? ¿Quién es capaz de asegurar, a cuarenta años vista, que la población española será de cuarenta y un millones, un tercio de ella tendrá más sesenta y cuatro años, y sólo otro tercio estará en edad laboral? Esas proyecciones demográficas, como hemos apuntado más arriba, estarán hechas con rigor, pero son sólo proyecciones, asentadas sobre supuestos y configuradas sobre probabilidades. Los tertulianos- -supongo que porque auguran un futuro negro- se refieren a ellas como algo ineludible. Ninguno, al menos que yo sepa, ha dedicado una palabra a señalar algo fundamental en el transcurso de la historia como es que el libre albedrío hace al ser humano impredecible. Ante la acogida dispensada en las tertulias, prefiero recordar los vaticinios de Spengler cuando auguraba mil años de vida al III Reich basándose en proyecciones históricas o afirmar como hace decir Tirso de Molina a don Juan en El burlador de Sevilla ¡Que largo me lo fiáis!