Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC VIERNES, 21 DE DICIEMBRE DE 2012 abc. es opinion OPINIÓN 15 UNA RAYA EN EL AGUA EL BURLADERO CARLOS HERRERA TRÁGATELA OTRA VEZ, MAS ¿Será capaz por sí solo el sortilegio del referéndum de mantener unidos a sujetos tan distintos? E S cierto que la frase a la que remite esta adaptación apócrifa no figura en el guión original de Casablanca, pero de tanto haber sido manoseada por alguna que otra generación ha acabado por ser referencia inevitable de estos y aquellos. Mas, Artur, a quien le ordena ERC que asuma su programa en forma de trágala, se la ha tragado entera y, a estas horas y en el caso de que le quede una brizna de sensatez deductiva en su intelecto, estará pensando en el pésimo negocio que planeó aquella tarde en la que se asomó a la calle y vio a miles de manifestantes reclamar la independencia. Cuando observó a las masas llenas de fervor y en cantidad suficiente como para colapsar dos o tres travesías del Paseo de Gracia, Artur se preguntó seriamente por qué no se colocaba a la cabeza de todos de manera que pareciera que todos le seguían. Y, consecuentemente, convocó elecciones confiando en que todos aquellos que allí abajo vociferaban por la separación de España le votarían con el objeto de convertirlo en su Conducator. De salir bien- -y nada indicaba que no pudiera salir bien- pasados treinta o cuarenta años los niños catalanes estudiarían su nombre como los venezolanos estudian el de Bolívar. Algo falló. No le votaron. Incluso perdió peso representativo. Cualquiera con unas décimas de dignidad habría apelotonado sus cosas en una caja de cartón y, consecuentemente, habría dejado paso al siguiente. El no. Escapó hacia adelante y se aprestó a que el oso le abrazara. El resultado está a la vista: hoy Cataluña es mucho más inestable, más difícilmente gobernable y su gobierno debe tragarse las imposiciones de quienes le dejaron las cuentas públicas en la ruina. El paro es el mismo, la deuda la misma, las necesidades de financiación las mismas- -o las tres cosas algo más- -y la capacidad de maniobra para gobernar mucho menor. Un partido al que vota la derecha burguesa catalana, que es amplia, tiene que verse subiendo los impuestos a las bebidas azucaradas por la mala cabeza de su líder. Y por si no fuera poco con hacer a la Coca- Cola culpable de no sé qué, tiene que gravar las herencias, las transmisiones, los patrimonios, los supermercados y pellizcar los depósitos bancarios, es decir, invitar a algunos dubitativos a hacerse un Depardieu. Quin negoci, nen. Artur Más va a ser, formalmente, presidente del gobierno de la Generalitat, pero cada uno de sus pasos será fiscalizado por una organización no afín; por otros que lo que quieren no es esencialmente colaborar en salir del atolladero sino quedarse con la llave de palacio; por otros que le van a obligar a hacer cosas que asustan a su electorado; por otros, en suma, que van a sembrar una no desdeñable cizaña entre él y ese colgante tan formal que rodea su cuello llamado Unió. Por sí fuera poco, el mismo Estado opresor del que hay que separarse es al que hay que acudir para pagar las nóminas y el consiguiente pan nuestro de cada día, al que hay que pedir liquidez para sufragar servicios mínimos y, a la vez, al que hay que escenificarle algún desplante con el fin de alimentar a unas bases necesitadas de carga teatral, de simbolismos de opereta. Demasiado para una sola garganta. ¿Cuánto tiempo soportará una situación que se anuncia deplorable desde cualquier ángulo de visión? ¿Será capaz por sí solo el sortilegio del referéndum de mantener unidos a sujetos tan distintos? ¿Qué ocurrirá cuando todos los organismos que prevén crear- -propios de un Estado soberano- -no puedan dotarse de carga de trabajo por la sencilla razón de que el Estado no se lo va a permitir? ¿Quien será el último en tragarse los sorbos del óxido herrumbroso de la decadencia final? IGNACIO CAMACHO POSTRIMERÍAS Las crisis son propensas a las supersticiones paranoicas; no estamos ante el fin del mundo, sino ante el de una época Y MÁXIMO A sería mala suerte que el mundo terminase antes de que nos pueda tocar la lotería. Todo el año esperando la redención del azar- -a los españoles nunca se nos ocurre redimirnos trabajando y de todos modos ahora no hay dónde hacerlo- -para que el universo se desplome la víspera. Cuando los mayas profetizaron para tal día como hoy el final de su Cuenta Larga no imaginaban lo larga que se hace en este siglo y en esta Navidad la cuenta del fin de mes, con medio país en paro y el otro medio sin paga extra. Por ello merecemos siquiera una prórroga: el pago de los premios de mañana es el único compromiso que el Estado no puede eludir a cuenta del déficit y después de tantas palabras evaporadas y tantas esperanzas diluidas, el Armagedón debería permitirnos al menos la satisfacción de ver al Gobierno cumplir una promesa. Desbordada por la crédula superchería contemporánea, tan propensa a agitar mitos, bulos y alucinaciones esotéricas, la profecía maya ha sufrido un manoseo superficial que trastoca su sentido filosófico como metáfora de un cambio de era. Y en esa dirección no iba demasiado descaminada aunque tal vez errase el cálculo de las fechas. En realidad el fin del mundo, del mundo que conocíamos, ocurrió hace cinco años, el día en que se desplomó Lehman Brothers, pero entonces no quisimos darnos cuenta. No fue Zapatero el único que se negó a aceptar que aquella turbulencia financiera era el comienzo del apocalipsis de una forma de vida; agarrados a las rutinas de una prosperidad que ya había reventado nos empeñamos en seguir creyendo que todo iba a ser igual y nos convertimos en zombies de un cosmos social desaparecido en una catástrofe silenciosa. Como nadie se tiró por la ventana ni vimos caer un meteorito nos llegamos a creer a salvo y despreciamos la escala de la hecatombe. Desde entonces cada mañana se nos viene encima una entrega de este cataclismo a plazos en el que vamos sepultando, si no la evidencia del fin de los tiempos, sí la certeza del fin de una época. Esa escatología social- -escatológico significa también excrementicio porque proviene de la raíz griega skathós, que alude a los finales, a las cosas últimas, y de ahí ha pasado a definir las postrimerías del cuerpo o las de la existencia- -tiene más fundamento que la simplificación de la cábala maya que ha triunfado en la mentalidad popular porque los ciclos de crisis, zozobra y pesimismo son propensos a las paranoias y las supersticiones. Estamos viendo hundirse un sistema mientras la imaginación colectiva conjetura entre bromas y veras sobre un hecho terminal contundente y apocalíptico. Ocurre en todas las culturas y en todas las civilizaciones, que a menudo se desploman por la inercia de su propio caos. Fue bonito mientras duró aunque, como diría el jefe de la tribu de Astérix, el cielo no tiene por qué caerse sobre nuestras cabezas precisamente ahora.