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14 OPINIÓN POSTALES PUEBLA VIERNES, 21 DE DICIEMBRE DE 2012 abc. es opinion ABC JOSÉ MARÍA CARRASCAL EL FIN DEL MUNDO ¿Se acabará el mundo hoy? No parece probable. Lo seguro, sin embargo, es que acabará algún día ADA la coincidencia de ambas noticias- -que el mundo se acabará hoy, 21 de diciembre de 2012, según el calendario maya, y que vivimos en un universo virtual, según algunos científicos- -me pregunto si el mundo no se habrá acabado ya y somos como esos ficheros enviados a la papelera de un ordenador: entes que viven sin vivir realmente. Sería, en cierto modo, una variante de aquella teoría filosófico- teológica que considera el universo y todos los seres en él un sueño de Dios, aunque a veces pueda parecernos una pesadilla. Incluso podríamos ir más lejos, como lo fue Calderón, y considerar que nuestra vida es tan sólo un sueño, no siendo nuestros sueños más que eso, sueños, y, ya saben, los sueños, sueños son. No sonrían, por favor. Los alemanes tienen a Calderón no sólo como uno de los mejores dramaturgos universales, sino también como uno de los más grandes pensadores europeos. Volviendo al calendario maya, es más que probable que el mundo no se acabe hoy, pero ¿qué importa la fecha exacta de cuándo acabará? ¿Qué significan unos cuantos miles de millones de años frente a la eternidad? Lo aseguran todas las tradiciones y lo confirma la observación de enteras galaxias que desaparecen cuando se les acaba su combustible nuclear llegará el día en el que la nuestra, con el sol y los planetas girando en torno a él, desaparecerá también. O sea, que hay o, para ser exactos, habrá un fin del mundo Y puede que lo más importante al respecto es si nosotros, los hombres que habitamos el planeta Tierra, estamos adelantando ese día con nuestro empeño en alterar las leyes de la naturaleza que lo rigen. Pues no hay criatura en el universo conocido más depredadora y violadora de las leyes naturales que la especie humana. Todas las demás se adaptan al medio en que viven, como estudió Darwin. Nosotros lo explotamos en busca de un beneficio inmediato, que puede terminar por volvérsenos en contra, como ya está ocurriendo en algunos aspectos. Y si, según los científicos, el aleteo de una mariposa en China pudo desencadenar hace unos cuantos millones de años la Era de los Glaciares en Europa, ¿por qué la polución que estamos creando no puede provocar una catástrofe de escala no ya planetaria, sino galáctica semejante? Yo, desde luego, no me atrevería a negarlo después de haber visto emerger montañas en el antes inmaculado paisaje helado de la Antártida. Tengo incluso un amigo que lo ve mucho más sencillo: el mundo se acabará, dice, cuando la informática sobrecargada explote, y volvamos a caos. Con todo, puede que las dos citadas noticias sean las mejores de los últimos tiempos. Si el mundo se acaba hoy, se acabaron también nuestros problemas. Y si vivimos en un universo virtual, con cerrar el ordenador y volver a encenderlo, se resuelven. En cualquier caso, si ustedes leen esta postal es que el mundo sigue en su sitio, con los líos de siempre, eso sí. D PERDONEN LAS MOLESTIAS ARIS MORENO HOY ACABA TODO No podemos decir que hayamos afrontado esta efeméride con los deberes hechos. Miren, si no, el aeródromo y el centro de congresos T ODO apunta a que el fin del mundo nos cogerá con unos cuantos problemas urbanos sin resolver. Hoy, 21 de diciembre de 2012, se nos echará encima el cataclismo universal sin un aeropuerto como Dios manda. No es de recibo afrontar una fecha tan decisiva con una pista de chichinabo por la que apenas pueden operar aeronaves para 200 pasajeros. Tiempo hemos tenido para concretar un aeródromo acorde con las expectativas de una ciudad de tamaño medio. Pero nos hemos vuelto a enredar en la indefinición de no saber si tirar para adelante, recular para atrás o cruzar por la calle de enmedio mientras la profecía maya se aproximaba a pasos agigantados. Ya no hay nada que hacer. Tenemos lo que tenemos, que es ni más ni menos que una pista por la que no despegan aviones, una torre de control que no controla un pimiento, una terminal de pasajeros sin pasajeros y unas parcelaciones en el cinturón de seguridad por las que hemos pagado un yescal. Lo que quiere decir que se nos ha echado encima el día del juicio final sin un proyecto aeroportuario coherente y ni mucho menos de futuro. Por no hablar, como es natural, del centro de congresos, una infraestructura vital para un evento sin precedentes como el de hoy. ¿Cómo se puede organizar un acto de esta envergadura sin una sala con capacidad para al menos un millar de in- vitados? Pero qué falta de previsión. En esto, como en casi todo, exhibimos un cordobesismo para quitarse el sombrero. Cordobesismo en su versión más genuina, con unos cuantos proyectos de artificio, algún órdago a lo grande, maquetazos a troche y moche, zancadillas políticas un día sí y otro también, para acabar desmadejando todo y volver a embrollarlo en un recinto infrautilizado del Parque Joyero. En sólo una década no se puede ser más disparatado. Tanto desbarajuste sólo puede tener explicación en un proceso de aceleración de la historia hasta concluir en este preciso día en que, al parecer, el mundo da carpetazo a una existencia que no ha sido para tirar cohetes. ¿Ha merecido la pena este largo viaje? Que cada cual saque sus propias conclusiones. Por lo pronto, los jinetes del Apocalipsis bajarán la Cuesta de los Visos y lo primero que se encontrarán será un estadio inacabado. Admitámoslo: no es la mejor carta de presentación para una ciudad que quiere vivir del turismo. No lo decimos porque un campo de fútbol constituya un equipamiento crucial para un municipio (o sí) sino porque transmite una imagen de desgobierno y desidia muy poco edificante. Si esta gente no ha sido capaz de terminar un estadio en 20 años (pensarán los jinetes de marras) pues ya me dirá usted. No mejorará mucho su percepción de Córdoba en cuanto enfilen hacia el Balcón del Guadalquivir y se den de bruces con el DC 7 que depositó en su momento la concejala del ramo por razones que aún no han sido suficientemente aclaradas. Ahí lo tienen: un aeródromo sin actividad aérea y un avión muerto de risa en las inmediaciones del río Guadalquivir. No podemos decir, consecuentemente, que hayamos afrontado esta efeméride (quizás la última) con los deberes hechos. Por no haber no hemos siquiera logrado cobrar la multa multimillonaria que adeuda al municipio el señor Gómez y cuyo ingreso nos hubiera permitido liquidar el mundo con un tesoro municipal mínimamente saneado. Hasta en eso, el inefable constructor de Cañero se ha revelado infinitamente más rápido de reflejos. Y eso es tener visión de futuro y no lo nuestro. ¿O no?