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58 CULTURA MARTES, 20 DE NOVIEMBRE DE 2012 abc. es cultura ABC La secesión no soluciona los problemas económicos, y además tendrá un coste ENTREVISTA Michael Ignatieff Escritor El intelectual y expolítico recoge hoy en Madrid el premio Francisco Cerecedo y publica su ensayo Sangre y pertenencia sobre el nacionalismo JESÚS GARCÍA CALERO MADRID S i aplicásemos a Michael Ignatieff (Toronto, 1947) la frase de Pío Baroja: El nacionalismo se cura viajando le habríamos hecho inmune. Nacido en una familia diplomática canadiense de origen ruso, no ha dejado de dar vueltas al mundo como escritor, intelectual y tal vez su viaje más apasionante como político. Fue presidente del Partido Liberal (20082011) con un perfil internacional muy activo y apoyó al Gobierno de Canadá en el despliegue de tropas en Afganistán. Viajó siempre, viajó mucho. Y, paradójicamente, una de las cosas que encontró viajando aunque rabie Pío Baroja fue el nacionalismo en todos lados. Eso bastó para intrigarle. Lo conocía en casa, como un dolor familiar, por el caso quebequés, y después lo vio sangrar en la ex Yugoslavia. Ahora publica en España su libro Sangre y pertenencia (ed. El hombre del tres) en el que recogió hace veinte años su visión de los nacionalismos en Quebec, la Alemania unificada, el Kurdistán, Serbia y Croacia, Irlanda del Norte y la Ucrania de sus ancestros... Todos distintos, pero importantes para entender una de las fuerzas que, casi siempre para mal, mueven la historia y el mundo. Al final del viaje, Ignatieff permanece liberal contra natura, conra la voracidad de los sentimientos atávicos de pertenencia, que conecta con la violencia. Pero aprende a respetar el sentimiento en sí: Lo que está mal en el mundo no es el nacionalismo, sino el tipo de nación que los nacionalistas quieren crear y los medios que utilizan para lograrlo Sangre y pertenencia está lleno de los destellos de una de las más brillantes mentes ensayísticas de nuestro tiempo. Frases que nacionalistas y antis deberían subrayar. Llega a España en vísperas de las elecciones catalanas, las del órdago secesionista de Artur Mas, que invitan a preguntarle por qué, cuando habla de España en un epílogo especial escrito en febrero de 2012, parece tan optimista con nuestro problema. Era optimista y sigo siéndolo, porque soy optimista sobre la democracia española. La España democrática ha pasado por experiencias extremadamente difíciles y por eso ya no podemos decir que es joven. Ha sobrevivido a un intento de golpe de Estado fascista, ha sobrevivido a la más terrible violencia terrorista y no se ha hecho pedazos, porque la democracia española es sólida y tengo confianza en que sabrá superar los desafíos del nacionalismo. No sabemos cuál será el resultado de las elecciones catalanas y estoy seguro de que les quedan momentos difíciles por pasar, pero tengo la fuerte convicción de que la identidad española está cambiando. ¿A qué se refiere? Es mucho más común ahora que en generaciones precedentes entender los componentes nacionales de la identidad. Lo que ya no producirá equilibrio es la definición monolítica de la identidad española, decir que o eres español o no eres nada. Lo que ha cambiado, en todas las naciones, es que las identidades se forman de mezclas muy complejas que pueden reconciliarse. Es difícil verlo en mitad de un desafío... Será difícil, las transferencias económicas traerán dificultades, será muy complicado lograr la delegación del poder, pero la identidad española parece más flexible, porque tiene que serlo, y seguramente esa flexibilidad será parte de la solución. Pero se debe exigir un mínimo. En Cataluña no se han cumplido importantes sentencias, se impugna al Tribunal Constitucional... ¿Debemos exigir un mínimo para que la flexibilidad tenga sentido? Sería impertinente por parte de un extranjero comentar temas concretos, pero es obvio que debe haber reglas. Y debe haber un respeto por las instituciones. Mire usted, una de las cosas más importantes que hemos aprendido en Canadá es que deben ser respetadas incluso por la gente que impugna la legitimidad de esas instituciones. Es una idea difícil pero es muy importante dejarlo claro. En Canadá vivimos en una situación en la que la legitimidad de nuestras instituciones federales ha sido puesta en cuestión, pero hemos aprendido que solo podemos dialogar si todo el mundo acepta las reglas del juego. De momento es distinto lo que ocurre en España. ¿Cómo cambiarlo? Es como el matrimonio. Incluso la parte que quiere dejar la relación acepta que tiene que cumplir con unas obligaciones de ese matrimonio. Y esas cosas mantienen el proceso de forma pacífi- ca. Las reglas de juego pueden ser un arbitrio pero son las reglas, deben ser respetadas a no ser que no quieras encontrar soluciones políticas, sino fuera de la política. Y nadie quiere soluciones que se encuentran fuera de la política ¿no? Usted dice que la fe nacionalista nunca ha sido erosionada por argumentos económicos Con la grave crisis que vivimos y la probable salida de la UE de una Cataluña indepen diente, ¿cree que la economía volvería a ser relevante? Lo que yo digo es que nadie quiere ser independiente solo por motivos económicos: punto 1. Y la independencia nunca es una solución para tus problemas económicos: punto 2. Puedes querer la independencia por otros motivos, por mandar en casa, porque los políticos lo- cales prefieren ser cabeza de ratón que cola de león. Tú usas la economía para decir a tu gente en Cataluña que seríamos más ricos si no tuviéramos que pagar por estos pobres españoles pero creo que eso no va a ocurrir... En España hemos descubierto la falsedad de ese debate. Somos el principal mercado de las compañías catalanas, y su privilegiado dominio en las corporaciones energéticas y de grandes bancos no podría mantenerse tras la secesión... ¿Qué opina? Debo ser muy cuidadoso en estas cosas, como extranjero. Pero la secesión no soluciona los problemas económicos, está enfocada a sus problemas de identidad, lo cual es muy distinto. Es importante subrayar el contexto europeo que no permite que los Estados que se desgajen se mantengan en la UE. En