Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
12 OPINIÓN AD LIBITUM PUEBLA MARTES, 20 DE NOVIEMBRE DE 2012 abc. es opinion ABC MANUEL MARTÍN FERRAND UN AÑO DESPUÉS La improvisación y la chapuza, los grandes males aportados a la política nacional por el zapaterismo, no han caducado L O mejor que podía pasarnos cuando, hace un año, el PP desplazó al PSOE en su mayoría parlamentaria y, por ello, en su titularidad de Gobierno, fue el mutis de José Luis Rodríguez Zapatero, un radical de izquierdas en asuntos marginales y un sonso incapaz de comprender, desde la unidad de España a la realidad europea, ninguno de los asuntos fundamentales para el Estado, al que debilitó grandemente, y la Nación, que dejó empobrecida y hecha unos zorros. Ahora cabe hacer una pregunta inspirada en la que Ronald Reagan utilizó para pulverizar electoralmente a su predecesor, Jimmy Carter: ¿Está España mejor que hace un año? La respuesta es, inequívocamente, negativa. Estamos peor. El domingo que viene, las elecciones catalanas pueden ser la primera piedra para la construcción de un Estat Catalá, hay más parados, menos crédito y mucho desánimo. No sería justo atribuírselo a Mariano Rajoy, que se ha visto arrastrado por la herencia del último Gobierno socialista y que, con menor decisión de la debida y mayor cautela de la deseada, ha ido- -zurciendo aquí y remendando allá- -sentando las bases para que, al final de su legislatura, la respuesta a esa pregunta pueda ser: sí, evidentemente mejor. Especialmente si se abordan las precisas reformas estructurales. La improvisación y la chapuza, los grandes males aportados a la política nacional por el zapaterismo, no han caducado. Siguen siendo piezas en la política presente. Se echa a faltar un verdadero programa, un proyecto nacional que, además de afirmar la confianza colectiva, nos permita saber dónde estamos y dónde vamos. Ayer, por ejemplo, en uno de esos desayunos que conforman el nuevo folclore capitalino, el secretario de Estado de Comercio, Jaime García Legaz, anunció que el Gobierno estudia una modificación legislativa para que los extranjeros que adquieran una vivienda de precio superior a los 160.000 euros adquieran automáticamente el permiso de residencia. Aparte de que esa pudiera ser una convocatoria para que la calaña de los siete mares se de cita en España, una improvisación propia de Miguel Sebastián, ¿no sería conveniente trazar un plan lo más completo posible para evitar esa imagen de ocurrencias con la que señalábamos lo peor del zapaterismo? Un año después, que no es poco, estamos peor, pero con la recobrada esperanza de mejorar en lo económico en la medida en que Europa nos ayude y nosotros, colectivamente, no agravemos el problema con festivales de falsa democracia alborotadora. En lo político, que es tan fundamental como lo demás, las esperanzas son menores. La desunión interna de los dos grandes partidos y la de ambos entre sí asegura que la inercia de lo acostumbrado seguirá siendo la pauta del futuro y ya sabemos, desgraciadamente, los frutos que ello genera. CAL Y ARENA JOSÉ IGNACIO CUBERO LA SEMANA DE LA CIENCIA Compramos las patentes fuera, fabricamos aquí, pero los que avanzan y se quedan con el dinero son los que creen en los científicos E elegido este título a sabiendas de que habrá lectores que pasen de largo por el recuadrito. Tan de largo como han pasado los cordobeses por la Semana de la Ciencia que ha tenido lugar en nuestra ciudad. Se han tenido festivales de cine negro, de terror, africano (muy reciente uno en Córdoba) de la moda y de un sinfín de cosas con franco éxito, pero... ¡ah, la ciencia... No sé qué extraño hado la persigue en España. Desde luego los científicos no han (hemos) logrado conectar con el gran público, esto es un hecho evidente, pero es asimismo notorio que ese mismo público y sus dirigentes pasan olímpicamente de ciencia y científicos. Esto es independiente del sistema político; cuando en tiempos de Franco hubo que enfrentarse a una crisis, ¿dónde se hicieron recortes en primer lugar y sin protesta alguna por nadie... Sí señor, ¡bingo! en la investigación. ¿Les suena... Parte de la culpa recae sobre nosotros, los que nos consideramos científicos por creer que hacemos algo más que los demás. El nuestro es un trabajo como otro cualquiera en el que, en vez de desentrañar unas cuentas enredadísimas H (imaginen las de la Junta de Andalucía... se trata de intentar comprender un poco más el mundo que nos rodea. Así que unos tratan de que el debe y el haber se correspondan sin trampa ni cartón, algo que sale bien con frecuencia pero imposible a escala regional según parece, y otros tratan de que unos ciertos cálculos que hacen se correspondan con un determinado fenómeno natural, cálculos que a veces salen y otros, como en el caso de la contabilidad regional, terminan en el más rotundo fracaso. Eso por nuestra parte. Por la de los demás, no sé de dónde viene ese prurito de considerar a los científicos como seres raros, distraídos, hasta locos. Si usted, lector, ve a un pirao por la calle, seguro que es un pirao no un científico. Y no hablemos de cuando nos pintan, como en tantas películas y series de TV, como malvados que quieren dañar a la Humanidad, lo que no logran gracias a la acción del muchacho (antes militares, ahora periodistas) Es muy curiosa esta consideración porque cuando un director de cine planea una película con científicos espantosamente malos, utiliza infinitos medios que tiene a su disposición, hasta visión en relieve, gracias... a los científicos. Y cuando militares, periodistas y políticos libran a la Humanidad de las garras del malvado hombre de ciencia, utilizan medios puestos en marcha... por los científicos. Con esa manera de pensar es lógico que los empresarios españoles huyan del científico español como de la peste, y que prefieran comprar las cosas que necesitan fuera de España, en países que las tienen gracias a... sus científicos. Muy curioso. Y se van las divisas y no se sale de la crisis, porque para salir de la crisis hay que exportar cosas que otros no tengan, cosas nuevas, y esas cosas nuevas se producen por el trabajo de... los científicos. Muy curioso. Compramos las patentes fuera, fabricamos aquí, pero los que avanzan y, además, se quedan con la parte del león en dinero son los que creen en los científicos. Estupendo.