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68 INTERNACIONAL Espionaje y sexo su breve etapa como director de la CIA intentó convertirla de nuevo en el cuerpo paramilitar que era en los 70, mito que Hollywood nunca ha dejado de alimentar. Eso por no hablar del escándalo del ataque en septiembre al consulado americano en Bengasi (Libia) por el que muchos querrían pedirle responsabilidades. Ninguno de estos errores creó la más mínima muesca en su beatífica armadura de héroe americano. Y sin embargo, el verde cuchillo de los celos encontró la junta de la armadura sobre la que habían rebotado las flechas más afiladas. Nada hubiese sido desvelado si una tercera mujer- -contando a Holly Petraeus como la primera y Paula Broadwell como la segunda- -no hubiese entrado en juego. Al parecer Paula no estaba nada feliz con la proximidad de la que Jill Kelley, una celebridad de Florida, gozaba tanto del general John Allen como de su propio Peaches Así que le envió una docena de e- mails en los que le preguntaba Qué clase de persona eres tú o qué pensaría tu marido del juego que te traes y le conminaba a alejarse de mi hombre Uno de ellos incluso fue dirigido al general Allen, quien se lo tomó como una broma de su amiga DOMINGO, 18 DE NOVIEMBRE DE 2012 abc. es internacional ABC Fotos al FBI sin camiseta Nada se habría sabido de toda esta trama de relaciones cruzadas si Jill Keley- -que en realidad no estaba liada con Petraeus, sino con el general Allen, hubiese denunciado el acoso de Broadwell a un amigo del FBI que, de paso, le enviaba fotos a Jill sin camiseta. Sodoma y Gomorra Si llegados a este punto usted se ha perdido, no se preocupen, es normal. De hecho en las noticias norteamericanas llevan una semana explicando esto con diagramas y flechas de colores, porque al parecer la tercera mujer en discordia, Kelley, no tenía relaciones íntimas con Petraeus sino con el general Allen, con el que habría intercambiado miles de emails inapropiados. Allen iba a ser nombrado jefe de la OTAN en Europa y ha visto cómo su ascenso caía por el mismo retrete que la carrera de su amigo Petraeus. Cuando Kelley denunció el ciberacoso que sufría a un amigo agente del FBI- -que dicho sea de paso le enviaba a Kelley sospechosas fotos sin camiseta. Lo sé, amable lector, esto es Sodoma y Gomorra- este lo puso en conocimiento de sus superiores, quienes al descubrir la trama comunicaron al Fiscal General y al director del FBI lo que estaba sucediendo a finales del verano. Un escándalo con tantas ramificaciones y tantas implicaciones políticas que se decidió en los más selectos círculos de Washington que nada de aquello debería trascender hasta después de las elecciones. Cuando los medios conocieron la noticia tuvieron que apechugar con lo que parecían un montón de mentiras evidentes. Para empezar, que Obama no hubiese sabido nada de todo esto hasta un día antes de hacerse público, siendo como era Petraeus uno de los hombres sobre el que había depositado más confianza. O que la relación entre Paula y Peaches no había comenzado hasta ¿Qué pensaría tu marido? La vida idílica de Paula Broadwell (izquierda) junto a su marido y sus hijos da un giro la mañana que Petraeus la invita a correr junto a él. Los celos por Jill Kelley (derecha) la llevan a acusarla de lo que ella misma había hecho: ¿Qué pensaría tu marido del juego que te traes? llega a escribirle. finales de 2011, ya en Estados Uni- Pero en este caso la justificación de dos, teniendo en cuenta que ambos la caída en desgracia es mayor de lo habían pasado mucho tiempo juntos habitual, ya que un jefe de espías en Oriente Medio mientras se escricomo era Petraeus era muy susbía la famosa biografía. Pero ceptible al chantaje si la inLa esas cuestiones han sido obformación de su adulterio telaraña viadas porque la telaraña hubiese caído en malas de pasiones y manos. O si la amante de pasiones, vicios y vanidades parece crecer cada descubriese cosas que no vanidades día, añadiendo nueva comle incumbían, como al pacrecía cada plejidad al análisis. recer es el caso con Paudía Desde el punto de vista eula, que en una conferencia ropeo nunca hemos dado excereciente achacó el ataque de siva importancia a dónde ponían Bengasi al intento de recuperar qué nuestros representantes públi- unos prisioneros libios retenidos por cos en su tiempo libre, algo que la rí- la CIA. Cautivos de los que de repengida moral calvinista anglosajona te nadie parece saber nada oficialno suele tragar con tanta facilidad. mente aumentando la sospecha de que ese conocimiento le viniese infuso a Paula en una charla bajo las sábanas. Por cierto, el título de la biografía de Petraeus, All in (literalmente, todo dentro) convierte el escándalo en un chascarrillo aún más divertido. Aunque su traducción correcta (una frase propia del póquer que indica jugárselo todo) es aún más reveladora de lo frágil de la condición humana, capaz de arriesgar todo lo conseguido en cuatro décadas de carrera y de matrimonio a cambio de unas míseras migajas de placer. Y todo el asunto, un recordatorio para que miremos dos veces a los ídolos, a ver si llevan faldas de barro.