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66 INTERNACIONAL Espionaje y sexo DOMINGO, 18 DE NOVIEMBRE DE 2012 abc. es internacional ABC El ídolo con faldas de barro Se le consideraba el general más grande desde Patton Pero eso ya es pasado. Petraeus decidió tirar por la borda todo lo conseguido en cuatro décadas de carrera y de matrimonio a cambio de unas míseras migajas de placer. Así cayó en desgracia el jefe de los servicios secretos de Estados Unidos vesados que en ficción causarían risa e incredulidad más que suspense. JUAN GÓMEZ- JURADO Puentes e incendios La vida de Petraeus comienza hace hoy 60 años y diez días en un pequeño pueblo del estado de Nueva York, a diez kilómetros de West Point, donde se graduaría en 1974. Desde entonces y hasta que entró en combate por vez primera 29 años después, Petraus fue un military scholar un hombre de gran inteligencia que hacía carrera en la administración militar. En 2003, Petraeus tuvo su primera batalla, ya como general, durante el cerco a Bagdad, al mando de la 101 Aerotransportada. Su estrella ascendente y sus decisiones juiciosas le granjearon el mando de todas las tropas de Irak en 2007. Sus esfuerzos se dirigie- A léjate de mi hombre leyó Jill Kelley la mañana de verano en la que decidió que no iba a soportarlo más. Era el decimosegundo mensaje amenazador que recibía de una celosa amante, deseosa de remarcar su propiedad sobre su hombre ¡Y qué hombre! Alejandro Magno. Eisenhower. Custer. Los más grandes nombres de la historia militar palidecían ante la arrolladora personalidad de David Petraeus, el general al que el magnate de la prensa Rupert Murdoch proclamó El más grande desde Patton, o quizás desde antes Adjetivos y alabanzas lanzados sin el más mínimo rubor- -ni sentido crítico alguno- -por los medios estadounidenses al ya ex director de la CIA. Hasta que descubrieron que sus pantalones bajaban con más rapidez que Felix Baumgartner saltando desde la estratosfera, el sonrojante culto a la personalidad de los americanos por Petraeus era en sí mismo un indicador del barro endeble con el que se esculpe esta trama. Digna de la peor novela de espías, y digo de la peor porque algunos elementos son tan enre- ron entonces a tender puentes y apagar incendios en ese terrible caldo de cultivo de intereses creados. En 2010, y tras unas desafortunadas declaraciones del general McChrystal en la revista Rolling Stone Obama encargó a Petraeus el mando en Afganistán, que abandonaría un año después para dirigir la CIA hasta la semana pasada. El aburrido párrafo anterior condensa el relato biográfico aséptico de un buen profesional desde la óptica de un periodista varón, heterosexual y europeo. Pero nada de lo que vamos a relatarles puede ser narrado sin asumir una perspectiva radicalmente distinta. Pongámonos en la piel de Paula Broadwell, graduada en West Point y en Harvard, madre de dos niños a los que lleva a jugar al fútbol cada semana. Casada con un radiólogo, vive en una casa de 900.000 dólares una vida descrita por sus vecinos como idílica Hasta que un día conoce durante una charla al general Petraeus, que le da su tarjeta y se compromete a servirle de mentor. Mantienen un contacto epistolar durante un par de años, hasta que un día Petraeus la invita a correr. En aquel momento Paula tenía 38 años y creyó que tendría que contenerse mientras trotaba junto al Potomac con aquel señor veinte años más viejo y que para más inri estaba siendo tratado con quimioterapia por un cáncer de próstata. Para su sorpresa, a los cinco minutos de comenzar el ejercicio, Paula descubrió que tendría que esforzarse para no quedarse atrás. Qué Broadwell y Jelly estuvieron en la Casa Blanca Las dos mujeres protagonistas del escándalo que costó el puesto al jefe de la CIA, el general Petraeus, hicieron varias visitas a la Casa Blanca después de la llegada a la misma de Obama, según indicó una autoridad norteamericana a France Presse. Paula Broadwell, biógrafa y amante del general, participó en reuniones sobre Afganistán y Pakistán en el complejo de la Casa Blanca, más exactamente en el edificio Eisenhower, que está al lado de la residencia presidencial, según la misma fuente que pidió el anonimato. La primera reunión tuvo lugar en junio de 2009, y Broadwell estuvo acompañada de un miembro del equipo encargado de los dos- sier afgano y paquistaní; la segunda fue en junio en 2011. La segunda mujer es Jill Kelley, cuya denuncia al FBI por amenazas de Paula Broadwell destapó el escándalo. Kelley estuvo varias veces en la Casa Blanca en los últimos años. La primera vez para una visita turística con su familia y sus hijos, y dos veces más para comer en el restaurante del personal de la Casa Blanca en compañía de un empleado.