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14 OPINIÓN AD LIBITUM PUEBLA DOMINGO, 18 DE NOVIEMBRE DE 2012 abc. es opinion ABC MANUEL MARTÍN FERRAND RECORTANDO... Ahora, cuando no queda harina en la alacena, se nos junta la mohína de tener que dar en lugar de recibir E L hecho de que España se disponga a ser, por vez primera, contribuyente neto a las arcas de la Unión Europea debiera ser un motivo de alegría nacional; pero sirve mejor para reparar en el mal uso, despilfarrador e incontrolado, que hemos venido haciendo de las aportaciones comunitarias de las que hemos sido beneficiarios en las últimas décadas. También para contrastar la debilidad de nuestra política exterior, especialmente en lo que se refiere al trato con Bruselas y las distintas instituciones europeas. Ahora, cuando no queda harina en la alacena, se nos junta la mohína de tener que dar en lugar de recibir. El Presupuesto de la Unión está todavía en el telar y, sobre el mandato de reducirlo, quedan aún recovecos en los que la gestión diplomática puede barrer unos cuantos millones para lo que eufemísticamente la UE denomina regiones en transición y que, como es el caso de Andalucía, no prosperan y se aferran a una política social de sopa boba que ahonda sus diferencias con la media continental. La nuez del problema reside en que los dos grandes partidos nacionales, o así, no son capaces de un acuerdo para un objetivo común e imprescindible. El Gobierno de Rajoy- -su partido es una sombra difuminada en la calle Génova de Madrid- -recorta menos de lo que debiera. Quiere que le quieran y ganar las próximas legislativas. Antepone ese deseo a la firme voluntad de redimir a la Nación de su paro y sus miserias. El primer partido de la oposición, lo que queda de él, tampoco tiene la entereza de asumir, de consuno con su adversario, los recortes que constituyen la única medicina capaz de salvar la situación. Es un juego que no se puede hacer con decimales y que, por impopular que resulte, constituye la principal responsabilidad de las dos marcas que suponen más del 80 por ciento del voto popular en España. Planteamientos surrealistas, como la exigencia sindical de que el Gobierno revalide con un referéndum su política económica, tienen, como evidencia de la debilidad política del momento, efectos paralizantes. Unos sindicatos subvencionados y elefantiásicos en sus estructuras, de dudosa presencia en la realidad laboral española, exigen a un Gobierno salido de las urnas el imposible de una consulta popular que refrende sus decisiones. El planteamiento es antidemocrático y, además, ¿alguien estaría dispuesto a darle el sí a un incremento del IRPF, del IVA o de los etcéteras que nos machacan el bolsillo? Cuando en los años próximos echemos en falta los 20.000 millones de ayudas europeas, serán muchos quienes adviertan que si los recortes hubieran comenzado hace un quinquenio y hubieran sido más drásticos que los abordados, ya estaría invertida la triste tendencia de nuestra economía. Recortando, que es gerundio. PRETÉRITO IMPERFECTO FRANCISCO J. POYATO HUELGA PRECOCINADA Una huelga general en Córdoba es como un evento precocinado que se sirve al microondas como un supuesto plato de éxito D ESDE que el único afán de los sindicatos es cuajar el éxito de una huelga general partiendo de la coacción y freno del derecho al trabajo de quienes no la secundan, más que en la fuerza de la convicción racional, su propia naturaleza está amputada, desvirtuada. Como la credibilidad de los propios convocantes, que cada día que pasa se desvanece, ataviados de una larga cola de latas adosadas a un bagaje que hace demasiado ruido. Últimamente, de Zapatero para acá, una huelga general en Córdoba es como un evento precocinado con escenarios, guiones, actores, épica o tramas inalterables que basta con un calentón al microondas para servirlo en la mesa como un plato de supuesto éxito. Es más, puede hacerse el ejercicio, sin temor a un craso error, de anticipar porcentajes de seguimiento, participación en la manifestación, zonas calientes de conflicto y esa primera fila de la pancartamadre que se asemeja a un balconcillo hasta la bandera en Carrera Oficial, con rostros no por inesperados habituales. No falta el ejercicio de travestismo ideológico con su merchandising revolucionario. O su parlamentaria de turno que emplea una desaforada energía y ferocidad contra la Policía y su trabajo. Atributos que, sin embargo, hicieron huelga en la comisión que investigó los ERE fraudulentos de la Junta de Andalucía dejando vivito y coleando a más de un pez gordo. Una comisión bien precocinada por IU y PSOE, por cierto, donde el dinero que los socialistas reclaman ahora para los parados, sea de donde sea, sí tuvo un destino claro. Por cierto, tomen nota. En la Junta, los jefes políticos sí hicieron huelga, pero los trabajadores no. Sólo un 18 del personal de la Administración autonómica secundó el paro. Entonces, cuando uno escucha que el éxito del pasado 14- N en Córdoba fue una cuestión meramente de tamaño, el alma se encoge. De si la cola de la manifestación en La Victoria era más larga o más corta. Y como fue un clamor de más de 45.000 personas (por desgracia en Córdoba hay 100.000 desempleados) pues todo un éxito de manifestación... general. Y eso que los sindicatos habían prescrito horas antes un seguimiento del 87 (faltó dar decimales) en la huelga, que acostumbrados al 85 que se había hecho ya indefinido en convocatorias anteriores, tuvo su punto salvaje. Aunque fuese un ratito pero hubo huelga general, pese a que a eso de las dos de la tarde aquí no había pasado nada. Los tiradores de cerveza, a pleno rendimiento. Escenarios, actores, atrezzo y extras, al sótano. Y así, a fuerza de repetir una excepcionalidad con argumentos tales como un referéndum plebiscitario que aprendimos en Historia dónde y quiénes los celebraban, estos señores empiezan sin quererlo, me imagino, a darle una impronta de normalidad, intrascendencia y camaleonismo con el paisaje urbano a estas huelgas- manifestaciones generales irreversible. El malestar de la calle es evidente y multitudinario. Es legítimo y de pura lógica que esos sacrificios desmedidos en algún caso, el cabreo y las situaciones dramáticas que a diario venimos observando (de fatales consecuencias algunas) se expresen, se manifiesten exigiendo medidas, alternativas y soluciones. Y que lo articulen unos sindicatos con los que, al menos, se puede hablar y alcanzar zonas de entendimiento- -pese a las justificadas críticas que se les acumulan- que no desbarren en las algaradas violentas y antisistemas que acaban ejerciendo el factor sorpresa y la prueba más evidente de cómo se están desmembrando piezas del edificio social. A este paso, volver a sacar una huelga general precocinada del congelador va a oler a rancio.