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12 OPINIÓN AD LIBITUM PUEBLA VIERNES, 16 DE NOVIEMBRE DE 2012 abc. es opinion ABC MANUEL MARTÍN FERRAND LA ESTÉTICA DE LA LIBERTAD Una izquierda errática y sin liderazgo y un sindicalismo caducado no debieran ser argumentos para el confort gubernamental F RACASÓ la huelga de antier. No porque fueran insuficientes los motivos que la convocaban, sino porque sus convocantes han venido a menos. El sindicalismo presente no es que sea heredero del vertical del franquismo, es que a mayor abundamiento cada día se le parece más y la profesionalidad de sus cuadros para sí la hubiera querido José Antonio Girón o José Solís. No sintonizan con la demanda social. UGT y CC. OO. han dilapidado su pasado de prestigio para convertirse en promotores de una pareja cómica- ¿perpetua? -que proclama doctrinas antañonas, incompatibles con los esquemas que marca, para bien y para mal, la Unión Europea. El fracaso disolvente del PSOE, que ha dejado al PP sin oposición efectiva, es también parte del fracaso del 14- N. En ausencia de su alternativa natural, ¿quién que no sea insensato querrá acabar con el Gobierno? Aún así, con el balance del fracaso ante los ojos, el Gobierno de Mariano Rajoy haría bien en tener presente que el inmenso páramo social y político que se crea por la debilidad de los sindicatos y de los socialistas no es terreno conquistado por ellos. Existe y late una fuerza laboral, neutralizada por cinco millones de parados, y una izquierda que, sin entrar en el pintoresquismo anacrónico de Cayo Lara, agrupa a un porcentaje significativo de la población. Al Gobierno, que tampoco tiene deberes de nodriza con los socialistas y, menos todavía, con los sindicatos, le corresponde la reconstrucción de la libertad, ingrediente fundamental de nuestro mundo cristiano y occidental, y cuidar su imagen. La libertad es un valor moral, pero también una exigencia estética. Cuando paso cerca del Congreso de los Diputados, me resuena en la memoria el ¡vivan las caenas! de los absolutistas que celebraban la vuelta de Fernando VII. Ese amontonamiento de vallas metálicas con las que se rodea el edificio es, por necesario que lo encuentre el titular de Interior, un símbolo de las caenas que gustaban a nuestros tatarabuelos. Además, ¿están ahí para que no entren los malos en la Cámara o para que los buenos no puedan salir de ella? La libertad, como la pintó Eugène Delacroix, lleva una bandera en la mano y las tetas al aire. Por eso la sigue el pueblo, pero es incompatible con el miedo fortificado del orden público que, siendo irrenunciable en una convivencia democrática, no puede convertirse en una religión para pusilánimes. Un Parlamento atrincherado, una izquierda errática y sin liderazgo y un sindicalismo caducado no debieran ser argumentos para el confort gubernamental; sino, por el contrario, un estímulo para la reconstrucción que demanda una Nación ambidiestra y plural. Lo que nos pasa, en buena medida, procede de un sistema electoral que solo gusta y conviene a los líderes de los partidos. PERDONEN LAS MOLESTIAS ARIS MORENO CAMINA O REVIENTA La Carta del Caminar, que acaba de firmar el Ayuntamiento, viene a decir que andar es la terapia sin psicoanálisis C AMINAR es lo primero que un niño quiere hacer y lo último que un anciano quiere dejar de hacer. No lo decimos nosotros. Lo dice en su primera consideración la Carta Internacional del Caminar, cuya adscripción acaba de firmar el Ayuntamiento de Córdoba. Cuando empezamos a plasmar en documentos actividades cruciales del ser humano diga usted que es la señal de que se encuentran en franco retroceso o en peligro de extinción. No sabemos si caminar está, como el lince ibérico, al borde del declive pero la planificación urbanística del último medio siglo hace todo lo posible para que así sea. Daremos un dato: el 43 por ciento de los desplazamientos de más de diez minutos se hacen a pie frente al 35 por ciento en coche. Sin embargo, el vehículo motorizado domina el 85 por ciento del espacio urbano y monopoliza la política de movilidad municipal. Lo cual quiere decir que la ciudad se diseña para el coche y no para el ciudadano común, del mismo modo que el mundo contemporáneo gira alrededor de los mercados y no del ser humano. Por ahí se desprenden algunos interrogantes para los que no hemos encontrado respuesta. Si las urbes no se ordenan para la mayoría y el planeta se mueve al ritmo que marca una casta, ¿quién diablos está al mando de la nave? La Carta Internacional que acaba de suscribir el Consistorio viene a decir (y dice) que caminar es la prescripción sin medicina, el tranquilizante sin pastillas, la terapia sin psicoanálisis, el ocio que no cuesta un céntimo. Así escrito, el enunciado resulta de una contundencia palmaria. De un sentido común arrollador. Tanto que resulta difícil comprender cómo la humanidad camina (precisamente) a pasos de gigante en la dirección contraria. Por ejemplo: entre 1991 y el año 2010, la población de Córdoba capital ha crecido en 20.000 habitantes mientras que el número de vehículos se incrementó en 60.000 unidades. Hoy día el parque móvil de la ciudad cuenta ya con 190.000 vehículos, a razón de 65 por cada 100 personas. Pudiera parecer que la cifra nos habla de un país desarrollado, con una alta capacidad de compra y un modelo avanzado de movilidad urbana. Pero observado en oblicuo, el dato evidencia que en lugar de evolucionar hacia el tercer milenio más bien parece que nos acercamos al pleistoceno. Poco más o menos. Desde ese punto de vista, podríamos decir que la humanidad abandonó hace milenios la crudeza de la jungla para acabar construyendo otra selva urbana no menos hostil. Hay días en que sólo tiene usted que asomarse a la Avenida de las Ollerías para saber de lo que estamos hablando. En el mejor de los casos, se encontrará un caos de individuos iracundos atrapados en el interior de cubículos de metal. Por ese lado, celebramos que el Ayuntamiento de Córdoba haya firmado la Carta Internacional del Caminar y se comprometa a diseñar una ciudad más acorde con el peatón. Menos volcada al asfalto. Sobre el papel, la propuesta no tiene vuelta de hoja. La música suena perfecta y la letra se entiende con claridad. Pero no es la primera vez (ni será la última) que leemos demasiada literatura en el programa de gobierno y luego nos encontramos con poca chicha sobre el terreno. Veamos.