Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
86 GENTESTILO SÁBADO, 27 DE OCTUBRE DE 2012 abc. es estilo ABC A ESTA ALTURA Arpías Por MARTA BARROSO í. Arpías. Pequeñas arpías. Retomo la columna del jueves y me encuentro de nuevo en la peluquería haciendo esta reflexión. Me olvido por fin del sexo masculino y me centro en el mío propio para hacer un ejercicio de autocrítica. En el fondo no somos tan buenas. En este lugar, centro neurálgico de vital importancia para las mujeres, me doy cuenta de ello. Las horas pasan lentamente, cohabitas con gran diversidad de seres de tu propia especie, y descubres que compartes las mismas flaquezas. A nadie le gusta verse reflejada en el espejo como a un monstruo, pero compartir esa experiencia al menos tranquiliza. Si yo estoy fea, las demás ni te cuento. Ya empiezo. Arpía. Pequeña arpía. Siento varias miradas incrustadas en mi nuca. Hago un ejercicio de meditación y prometo no alterarme. Si la señora de al lado habla mucho y muy alto, me aguanto. Si la de en frente no acaba nunca el ¡Hola! cuento hasta cien y compro la revista en el quiosco. Si encima esconde el resto de las revistas del corazón de esa semana, me altero, y mucho, pero no lo demuestro. Si aparece la típica que siempre tiene prisa y se enrolla con mi peluquera mientras Esta me hace el flequillo, soporto el dolor, sí, pero no controlo la mirada de odio. Si la que está en la otra punta le cuenta secretos inconfesables a su peluquero, entonces me callo y escucho. Cotilleo. Si la que llega con una foto de Elle Mcpherson para que le corten el pelo exactamente igual que a Elle, mide un metro diez y es gordita, la miro y sonrío. Pobrecita. Porque yo también he caído en eso. Y he hablado con mi peluquero cuando peinaba a otra clienta, he contado mis cosillas o he escondido el ¡Hola! para que nadie me lo quitara mientras me lavaban el pelo. Porque todas somos iguales. Y más en la peluquería. Si no, que se lo pregunten a los peluqueros. ¡Lo que tienen que aguantar! El patriarca de los Loewe Enrique Loewe Knappe celebró su aniversario rodeado por familiares de tres generaciones TERESA DE LA CIERVA S Mi abuelo tiene un sentido del humor genial y una marcha insuperable afirma Sheila Loewe Boente días después de que ella y su numerosa familia celebraran los 100 años de Enrique Loewe Knappe, patriarca de un linaje que, a lo largo de varias generaciones, hizo del negocio un lujo y del lujo, un gran negocio. Aunque fue el pasado martes 23 de octubre cuando se convirtió en centenario, la celebración había tenido lugar tres días antes, el sábado 20, en una concurrida fiesta en la que se dieron cita, tras una misa de acción de gracias, hijos, nietos y biznietos en el restaurante La Favorita, en Madrid. Algunos llegados desde Barcelona, Inglaterra y Alemania. Mi padre es un hombre cuya mirada siempre está dirigida hacia donde sopla el viento cultural. Se orienta como una veleta hacía donde están la música y el arte cuenta su hijo Enrique Loewe Lynch, representante de la cuarta generación de una saga que se inició con Enrique Loewe Roessberg, un inmigrante alemán que se instaló en Madrid en la década de los 70 del siglo XIX y que fundó la marca. Su hijo fue Enrique Loewe Hinton y su nieto, Enrique Loewe Knappe, el homenajeado. Él es quien hizo realmente grande la firma y quien internacionalizó una marca que lleva grabado el sello de Made in Spain. Enrique Loewe Lynch es en la actualidad director de Fundación Loewe, dedicada principalmente a promover la música, la poesía y el diseño. Sin un varón para seguir con la tradición del nombre, Sheila Loewe, la mayor de sus tres Con los Reyes de España, por aquel entonces Príncipes de Asturias Pequeño Opa Así es como cariñosamente le llaman en privado a Enrique Loewe Knappe. Junto a estas líneas, una imagen de su infancia