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ABC SÁBADO, 27 DE OCTUBRE DE 2012 abc. es PRIMER PLANO 19 Cuatrocientas personas se concentraron contra los recortes a la llegada de autoridades y galardonados al teatro Campoamor Príncipe de Asturias Nuestros representantes políticos tienen legítimamente la gran tarea de encauzar y dar respuesta a los graves problemas que vivimos, especialmente los derivados de la crisis económica Los sacrificios que están haciendo tantos españoles, la grave preocupación e incertidumbre de otros muchos por su futuro, acentúan aún más ese deber de todas las Instituciones del Estado de servir a los ciudadanos Son tiempos extraordinariamente complejos y difíciles, sin duda. Pero también son tiempos de mirar hacia el futuro con esperanza y con responsabilidad, tiempos para la convivencia Desde 1978 millones de españoles hemos sido educados en libertad y democracia... hemos aprendido a resolver nuestras diferencias respetando las leyes en el marco de nuestro Estado de Derecho, que tantos sacrificios nos ha costado Hemos de seguir construyendo nuestro futuro paso a paso; con una decidida voluntad de superar los desencuentros, preservando los afectos y manteniendo vivas las emociones y los sentimientos que compartimos, forjados a través de nuestra larga historia común Un futuro basado en el respeto y la confianza mutua entre todos los españoles y en el que podamos trabajar cada uno con su propia personalidad y con espíritu constructivo en una empresa común, en un mismo proyecto de convivencia Los españoles vivimos momentos decisivos de nuestra historia. Estamos obligados a dar, cada uno, lo mejor de nosotros mismos Afrontar las adversidades requiere también un compromiso de todos Galería de imágenes de la entrega de los Premios Príncipe de Asturias REUTERS Gritos en el reino de la palabra en libertad MANUEL DE LA FUENTE OVIEDO EFE recho, que tantos sacrificios nos ha costado alcanzar En estos años de democracia, subrayó, los españoles han acumulado un patrimonio extraordinario de libertad, de respeto y de civismo, como nunca antes en nuestra Historia, que debemos cuidar, proteger y como en toda obra humana acrecentar y perfeccionar También animó el Príncipe a superar los desencuentros con una decidida voluntad, preservando los afectos y manteniendo vivas las emociones y los sentimientos que compartimos, forjados a través de nuestra larga historia común El mundo advirtió avanzará cada vez más hacia una mayor integración política y económica Don Felipe terminó sus palabras con una reafirmación de su compromiso: Como Heredero de la Corona desempeño mis responsabilidades con ilusión, orgullo y plena confianza en nuestro futuro; y procuro he procurado desde siempre servir a los intereses generales de España con vocación y espíritu integrador. Es, sin duda, mi obligación, es mi deber; pero es también mi convicción. Es lo que pienso, lo que siento y en lo que creo La ceremonia anual de la entrega de los Premios Príncipe de Asturias es, sin duda, uno de los días más importantes para la cultura y la vida españolas. Un día de concordia, paz y libertad, de palabras que sanan, de personalidades que en uno u otro campo intentan y consiguen que el mundo no solo siga en pie, sino que siga avanzando. Pero los tiempos vienen difíciles, y la crisis llega a todas partes, y algunos ciudadanos prefieren el grito a la esperanza, aunque haya días en los que de esta última no vayamos muy sobrados. Pero los gritos necesitan eco. Por eso, cada aparición pública de nuestros gobernantes o autoridades se convierte en punto de encuentro para que algunos intenten mostrar su descontento, siempre con la presencia ante sus quejas de los medios de comunicación, el necesitado eco. En este caso de los Premios, medios de comunicación llegados desde todo el mundo, desde Japón sin ir todavía más lejos. Grita, camarada y camarado, que lo mismo anda por ahí alguno del New York Times y titula su reportaje Vuelve la Revolución de Asturias aunque abulten más sus pancartas que sus gritos y su escasísimo número. Ayer, un puñado de ciudadanos (no más de cuatrocientas personas, tiran- do a exagerar) que sí se manifiesta y pancartea sin parar, que abuchea y vocifera, también se sumó a la fiesta de los galardones pero con la cara torcida, con el gesto tosco, chilla que te viene, chilla que te va, con varias banderas republicanas y del Partido Comunista, con bocinas y trompetas insufribles, cuyos pitidos se confundían con las gaitas que reciben a los premiados y las autoridades y, por supuesto, con los aplausos de cientos ciudadanos congregados en torno al Campoamor, que aplaudían a los galardonados, a los Príncipes y a Doña Sofía con generoso y profundísimo cariño. Cuatrocientas personas que ponen un hilo de amargura en esta semana tan especial en Asturias y en España. Gritos donde siempre ha reinado la belleza de la palabra y del conocimiento, donde se construye el futuro, no se ventan aires tricolores del pasado. No obstante (ya son muchos años por aquí) la alimaña de la crisis también se ha cernido con ganas sobre Oviedo, como te cuentan en cualquier bar, el ágora de la gente de la calle. España está jorobadamente triste y necesita más que nunca actos como este, y más que nos reconforten las palabras de Don Felipe llamándonos a cuidar la libertad, el respeto, el civismo, la convivencia y el espíritu constructivo. Esa es la esperanza, que no se prodiga a gritos. Ese es el porvenir. Manifestantes ante el teatro Campoamor