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ABC SÁBADO, 27 DE OCTUBRE DE 2012 abc. es opinion OPINIÓN 15 UNA RAYA EN EL AGUA EL ÁNGULO OSCURO JUAN MANUEL DE PRADA UNA CASA QUE SE DERRUMBA La retórica huera, en las cosas del comer, cabrea mucho al personal E L secretario de Estado de Economía, Fernando Jiménez Latorre, nos anuncia que en la segunda mitad de 2013 se empezaran a registrar cifras positivas en la creación de empleo; y precisa que, a diferencia de lo ocurrido en los cuatro trimestres anteriores, se ha producido una estabilización en la destrucción de empleo Pronósticos halagüeños y eufemismos superferolíticos fueron la munición que el anterior gobierno disparó en su huida hacia delante, mientras naufragaba la economía. De aquellos pronósticos (los brotes verdes que nunca llegaron) y eufemismos (la desaceleración económica progresivamente acelerada) hicieron entonces muchas chacotas y sarcasmos quienes acampaban en la oposición; y por su insistencia en tales subterfugios lingüísticos acabó aquel gobierno infausto perdiendo el escaso crédito que le restaba. La retórica huera, en las cosas del comer, cabrea mucho al personal. Increíblemente, el gobierno de Rajoy está incurriendo en el mismo achaque que cultivaron sus predecesores; y es tan triste como hacerse trampas al solitario. Sólo Dios sabe si en la segunda mitad de 2013 se empezaran a registrar cifras positivas en la creación de empleo, pues la economía no es una ciencia exacta, como ha quedado patente en los pronósticos equivocados que se han lan- zado en los últimos años; y perseverar en tamaña quimera optimista se nos antoja un suicidio. Sobre la expresión estabilización en la destrucción de empleo no comentaremos nada, salvo que suena hiriente y poco caritativa; y, dicha fríamente, puede provocar sarpullidos en quien la escucha. Como tengo entendido que todas estos circunloquios y logomaquias que los políticos emplean en sus comparecencias han sido previamente cocinados por sus asesores, propongo que nuestros gobernantes empiecen por deshacerse de los ineptos que les cocinan tales dislates. También ha dicho Jiménez Latorre que hay que darle tiempo a la reforma laboral introducida por el gobierno. Pero pensar que una reforma laboral que abarata el despido puede, con el tiempo, favorecer la economía, es tan desquiciado como creer que los boquetes que afloran en el tejado de una casa pueden repararse excavando sus cimientos y empleando la tierra sobre la que se asientan sus pilares para fabricar tejas. Todo intento de restaurar una economía que no se asiente sobre la protección del trabajo es como arar en el mar, porque el trabajo es causa eficiente primaria de las relaciones económicas; y lesionándose esa causa eficiente, las relaciones económicas no hacen sino deteriorarse. Todas las sucesivas reformas laborales que se han urdido en las últimas décadas no han servido para crear empleo; y, en cambio, han contribuido a destruir el que existía. Y suponiendo que esta última reforma lo crease, después de darle tiempo sería un empleo peor remunerado y en condiciones cada vez más precarias; y como ese empleo cada vez peor remunerado no se compensa con un descenso de los precios ni con un alivio fiscal, lo que de él salga será una depauperación de las clases medias. Para constatar esa depauperación no hace falta, por cierto, dar más tiempo; es una evidencia palpable que hace cada vez más difícil cualquier esfuerzo de recuperación económica. Cuando una casa se derrumba hay que empezar por apuntalar los cimientos que todavía resisten; pero salir al balcón a pronosticar un futuro halagüeño mientras los cimientos siguen resquebrajándose es construir castillos en al aire. IGNACIO CAMACHO EL CAMELLO Y LA AGUJA La progresía habría tratado mejor a Amancio Ortega si en vez de donar 20 millones a Cáritas hubiese atracado un mercadona N vez de arrimarle a Cáritas veinte millones de pavos que se le han caído de los bolsillos, Amancio Ortega tenía que haber atracado un mercadona y entregado el botín a cualquier ONG bolivariana de ésas que financian proyectos en la Venezuela de Chávez o a alguna fundación feminista de las que subvenciona la Junta de Andalucía para hacer estudios sobre la igualdad de género en el Chad. Entonces lo aplaudirían como benefactor de la Humanidad los progres que se han indignado con su macrodonativo y lo acusan poco menos que de blanquear beneficios como un chino de Fuenlabrada. Los mismos progres que se hartan de aplaudir a ciertos actores pancarteros que pagan sus impuestos en Estados Unidos mientras en España piden que nos los suban a los demás para que Cultura les pueda seguir subvencionando películas. Y los mismos que se ponen encantados los trapitos de Zara sin remordimiento por el presunto dumping social que permite sus precios baratos. De eso sólo se acuerdan cuando el dueño afloja la manteca para una causa filantrópica; hay que desenmascarar al demagogo capitalista que se atreve a arrebatarle a la izquierda redentora la bandera de la solidaridad con los pobres. En España es tan sospechoso el dinero que el único modo que tiene un rico de hacerse perdonar el éxito es arruinarse. Cerrar sus fábricas y sus tiendas y mandar al paro a unos cuantos miles de criaturas; entonces tampoco es que vaya a obtener una benevolencia excesiva pero al menos la gente contemplará su quiebra como una suerte de ejercicio de justicia poética. Aquí es más fácil que un camello atraviese el ojo de una aguja antes que un empresario pase por tipo respetable; el único hueco por el que queremos ver pasar a un millonario es el umbral de la cárcel. Para que la progresía lo absolviese de su pecado de industriosidad, Ortega tendría que protagonizar un descomunal descalabro. Este hombre es reo de un crimen social imprescriptible: se ha convertido en el primer empresario de España, un país en cuyas escuelas se enseña a desconfiar de las bases morales del capitalismo. La mayoría de nuestros conciudadanos piensa, sin haber leído a Dostoievky, que detrás de cada fortuna hay un delito y que el dinero sólo se puede tener por haberlo heredado o robado; y si se trata de una herencia lo robaron los padres o los abuelos. En vez de un ejemplo de progreso y pujanza, creador de empleo y beneficios sociales, cierta izquierda rancia y altermundista ve en él a un explotador de tintes negreros y le ha levantado una leyenda de esclavista de algodonal con ínfulas plutocráticas. Y encima al tío hipócrita se le ocurre donar a la beneficencia una calderilla que a saber cómo habrá ganado. Pronto iba a colar semejante impostura entre nuestra vigilante guardia ideológica; ni aunque se metiera a monje budista podría escapar de la sospecha de estar lavando su mala conciencia. E MÁXIMO