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98 GENTESTILO Álbum de familia Un siglo de glamour en el Archivo de ABC SÁBADO, 20 DE OCTUBRE DE 2012 abc. es estilo ABC En este sarao de fecha incierta, coincidieron (de izquierda a derecha) José Luis López Vázquez, Carmen Sevilla y Fernando Fernán Gómez con el gran Mario Moreno Cantinflas ARCHIVO ABC CARMEN ENTRE CÓMICOS ÁNGEL ANTONIO HERRERA ntre José Luis López Vázquez y Fernando Fernán Gómez, asoma una apoteósica Carmen Sevilla, muy puesta de visón con vistas. Con vistas a ella misma, en general, y a su escote, en particular. He aquí a una archiguapa nacional ejerciendo de ligue de foto de dos de nuestros grandes cómicos, tan distintos. López Vázquez, que es el señor eterno de Mingote. Y Fernán Gómez, que es un Cyrano de Madrid. Carmen es sencillamente la hermosura a la que le has puesto el abrigazo de cóctel, que viene a ser el otro mercedes de las que han triunfado, el mercedes que te dejas puesto para pasear la fiesta, cuando ya has dejado el mercedes propiamente dicho, y con chófer, en la calle. Luego está Mario Moreno Cantinflas que lucra de internacionalidad la E escena, entre el gánster de pega y un barrendero que viniera de comprarse la pajarita de nudo de saldo. La foto es un lote insólito de ilustres. Esta sí es una foto de sarao en condiciones, y no los cromos de ahora, donde siempre se cuela un ágrafo de Gran Hermano Un tipo corriente López Vázquez, con todo su carrerón diverso, reinventó el español cualquiera, el peatón hispano, el tipo común, triste y un poco salidillo que va a la oficina, ve pasar los trenes, y no se come nunca una rosca. Hasta en esta foto tiene el ademán de haberse equivocado de fiesta, y un susto sentimental en los ojos de estar mirando a una alemana de monumento que pasaba por allí. No es que López Vázquez se pareciera a sus numerosos papeles de tipo corriente, sino que de algún modo siempre llevaba al cine, o al teatro, su temperatura de hombre cualquiera, y su calvicie interior de vecino que se pone nervioso porque le salen las ilusiones, o porque no le salen. Fernán Gómez queda en el centro, aupado de su talento, con algo de pícaro de frac, y algo de la amargura de los gigantes. Diría alguien que son dos cómicos comparables, pero no hay comparación. Entre otras cosas, porque Fernán Gómez tocó con pulso maes- tro la escritura, y tuvo cátedra de libertario en todo o casi todo, desde el guión al poema, desde el whisky a la tertulia. López Vázquez está muy bien, pero como que no termina nunca de soltarse, haciendo de la mediocridad virtud. Lo que pasa es que apenas lo ves, y ya está ahí el tío con gracia que pretende no tenerla. Era un actor con el día laborable siempre por dentro. Un actor, y un hombre. Yo creo que tanto él, como Fernando, habrían logrado una obra teatral con solo salir a escena, sin guión. Y un genio con mal genio A López Vázquez alguna mujer última o penúltima lo adornó de tacaño. A Fernán Gómez nadie tuvo que airearle el mal genio. Era un cabreado ilustrado que, para mayores exotismos, salió pelirrojo, y de la Real Academia. Parece, aquí, que de repente puede ponerse a cantar el tango Caminito que le embelesaba, o bien que puede sacar la voz de tormenta para mandar a todos los presentes a la calle. Mario Moreno tiene algo de López Vázquez de rancho, y a lo mejor les echó a los presentes algún birlibirloque verbal de esos que le hicieron mexicano famoso. Carmen Sevilla, entre todos, está a lo suyo, de codiciada novia imposible. Quién iba a decir entonces que iba a acabar de musa del error en Cine de barrio Una hermosura Una apoteósica Carmen Sevilla, muy puesta de visón con vistas, ejercía de archiguapa nacional