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ABC VIERNES, 5 DE OCTUBRE DE 2012 abc. es opinion OPINIÓN 15 EL BURLADERO UNA RAYA EN EL AGUA CARLOS HERRERA JUSTICIA PARA TWITTER Hoy Pedraz es un héroe de los que escriben sin nombre, refugiados en el anonimato E L Niño Ken. Así se ha conocido al juez Santiago Pedraz en ámbitos judiciales. Ámbitos de la Audiencia Nacional, a la que pertenece laboralmente. El calificativo no es cariñoso, pero ya se sabe que en los círculos laborales se tiene tendencia a ponerle mote a todo quisque. Se le considera un Garzón Dos, lo cual no sé si es excesivamente provechoso para el personaje, pero algo me dice que a él le agrada. Ayer fue protagonista de un extemporáneo texto mediante el cual exculpaba a los detenidos en la manifestación que tenía como objetivo ocupar o, en su defecto, rodear el Congreso de los Diputados. Pedraz se vistió de manifestante con la toga y consagró a los detenidos mediante el argumento de que tales angelitos solo querían evidenciar la decadencia de la clase política. Bien. Pero semejante exordio precisa algunas puntualizaciones mediante el simple proceso de la comparación. La clase política no es mucho más decadente que la sociedad en sí. Si los políticos son decadentes, los abogados también lo son, y los periodistas, y los pescaderos, y los taxistas, y los empresarios... Y los jueces, por supuesto. Cansa un tanto el estribillo repetido hasta la nausea mediante el cual se señala a los políticos como los causantes de todos los males del país. Los políticos no son mucho peores que los ciudadanos a los que representan: hay un pim pam pun gratuito que invita a voceros sociales investidos de supuesto prestigio o a simples individuos sin relevancia ciudadana a que disparen la maledicencia sobre sujetos que dedican su vida a la gestión pública. Como sí todos fueran unos mangantes que viven a cuerpo de rey riéndose de las desventuras de los votantes a los que representan y que son elegidos por ellos mismos. Es evidente que no es así. Los políticos españoles no son peores que los franceses o que los colombianos y, en su inmensa mayoría, dedican su tiempo y hacienda a intentar mejorar las condiciones de vida de sus paisanos. Si su nivel no es el de Adenauer es debido a que Adenauer hubo uno y desarrolló su labor en épocas muy concretas. Y algo me dice que los Pedraces de su época también le hubiesen puesto peros. Los manifestantes que convocaron la asonada frente al Congreso pretendían disolver las Cortes, crear una Constitución a su medida y disolver el orden político de España. De momento no está mal. Los detenidos fueron puestos a disposición judicial por alterar violentamente el orden público y por enfrentarse con técnicas de guerrilla urbana a los policías que velaban por la inviolabilidad de los diputados, contemplada en la ley. Si con la misma ley en la mano el juez considera que no fueron culpables de delito alguno, él sabrá lo que sentencia, pero resulta de todo modo inadecuado hacer consideraciones de comentarista de internet en su resolución. El juez Pedraz, con un interesante historial a sus espaldas, ha querido dejar su sello como tuitero cuando bendice la bondad angelical de los detenidos y justifica su derecho a la asonada con el peregrino argumento de que la clase política es un excrecencia de nuestro tiempo. No ocuparon el Congreso, pero lo pretendían. Tengo entendido que existe un delito en grado de tentativa, que si el juez no ha contemplado será porque no lo ha considerado pertinente. Como sí considerara justo que se asaltará la sede de la soberanía popular. Una suerte de justicia antisistema que no cabe en el Estado de Derecho pero que tendrá grandes seguidores en las redes sociales. Hoy Pedraz, es un héroe de los que escriben sin nombre, refugiados en el anónimo, y que mañana pueden manifestarse ante la Audiencia para ocuparla por no considerarla representativa de nada ni de nadie. Busque en las redes sociales si alguien firma como El Niño Ken Igual es él. IGNACIO CAMACHO CHICHARRO Mucho peor que pedir un rescate es pedirlo y que no te lo den: asumir el estigma político y encima recibir calabazas AY algo bastante peor para un Gobierno que pedir un rescate, y no es no pedirlo, sino pedirlo y que no se lo den. Es decir, asumir el desgaste político de solicitar ayuda, someterse a las correspondientes condiciones y acabar recibiendo calabazas de algún país con derecho de veto y deuda sólida. Ésa es una posibilidad verosímil en el caso de España, y la que motiva el compás de espera de un Rajoy que ha hecho un estilo de la paciencia. En este caso resulta procedente; no se puede arriesgar al revés de un gravísimo paso en falso. El Gobierno parece haber superado ya las dos primeras dudas sobre el rescate: la de su necesidad y la del pliego de contrapartidas. Las empresas y bancos españoles están secos, sin posibilidad de financiarse en el exterior, y llevan tiempo presionando en favor de un alivio de su asfixia. La negociación con el Eurogrupo ha limado las condiciones más ásperas a cambio de unos presupuestos aún más restrictivos, una nueva vuelta de tuerca al ajuste fiscal y el inmediato retoque a la edad media de jubilación, entre otras medidas ingratas. Pero la sospecha de que algunas naciones se puedan negar a convalidar la asistencia supone un tercer obstáculo ante el que conviene pararse. Europa es un gigante de movimientos torpes y mal coordinados, y ya existe un precedente serio y problemático con el rescate bancario, que lleva meses dilatado entre auditorías, informes, contrainformes y otras quisquillosas technicalities. La burocracia comunitaria es un fárrago de deslealtades y letra pequeña en el que siempre surge una cláusula nueva. Y aunque la opinión pública atraviesa ya un estado de resignación que interioriza el asunto como mal menor, una petición de socorro- -con la negativa expresa de la oposición- -conlleva siempre una cuota inevitable de estigmatización política. El Ejecutivo tendrá que asumirla por causa de fuerza mayor pero no puede exponerse a la humillación de un ridículo que lo trituraría. La clave, como siempre, está en Alemania; si da su visto bueno minimizará cualquier posible veto de países pequeños como Finlandia, Holanda o Austria, que no suman mayoría de bloqueo. Sucede que Merkel anda en expectativas prelectorales y no desea exponerse demasiado. Su estrategia parece pasar por meter el rescate español en un paquete de salvación del euro, con Chipre y tal vez Eslovenia. No son compañía de mucho prestigio pero tenemos poco donde elegir. Hoy por hoy, España, maltratada como ejemplo negativo hasta por Romney, es un chicharro. El juego ambiguo de Rajoy, ese sí- no- tal vez en el que le gusta moverse, acabará cuando alcance un acuerdo sólido. Entonces Draghi disparará su bazooka de bonos y el Gobierno tendrá que apretarnos aún más la rosca. El margen de tanteo se está acabando y la decisión está tomada. Lo dramático del caso es que en el fondo se trata de implorar que nos administren una purga de ricino. H MÁXIMO