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94 CULTURA DOMINGO, 30 DE SEPTIEMBRE DE 2012 abc. es cultura ABC Así fue posible el expolio de España Conocidos historiadores y funcionarios también ayudaron al despojo de monumentos y colecciones Inmaculada Socias documenta las prácticas de los marchantes en la correspondencia de los potentados JESÚS GARCÍA CALERO MADRID P or primera vez, un grupo de historiadores ha tenido acceso a la correspondencia que los marchantes de arte enviaban a los grandes potentados norteamericanos que compraron ingentes cantidades de obras de arte y antigüedades del patrimonio español al principio del siglo XX. Hablamos de William Randolph Hearst, el celebre magnate que inspiró Ciudadano Kane o de Archer Milton Huntington, fundador de la Hispanic Society of América. Inmaculada Socias, profesora de Historia del Arte de la Universidad de Barcelona, ha coordinado y escrito en los primeros volúmenes este triste relato de expolio, que fue consentido, cuando no animado, por destacados historiadores y responsables políticos españoles. Todos los personajes de esta historia tienen doble vida. En la cúspide encontramos exitosos historiadores, como José Pijoan; políticos y filántropos, fundadores de museos, como el marqués de la Vega- Inclán; artistas como Ricardo Madrazo, emparentado con una saga que incluye algún director del Museo del Prado, responsables de monumentos como José Gestoso o asiduos conocedores de la élite social y diplomática, como el celebérrimo Arthur Byne, que logró llevar a EE. UU. claustros y monasterios desmontados por piezas. Todos ellos le avisaban y, en ocasiones también, ejercían de marchantes a comisión. Tras la Desamortización y el 98 con una crisis económica galopante, los potentados americanos tenían decenas de ojos y oídos en España y dinero para inundar el mercado. Las autoridades no acertaron a evitar la diáspora de lo mejor del arte español, que hoy se encuentra en museos y colecciones de todo el mundo. En palabras de Jonathan Brown, incomprensiblemente, los historiadores del arte españoles han evitado hasta ahora contar la historia del expolio de Hispania un cuento triste que combinó fatal- mente la avaricia y la ignorancia. Pero el tiempo de reconstruir estos lúgubres eventos sin desmentido posible ha llegado. Permiten comprender la mentalidad de las clases altas y de los guardianes del patrimonio artístico La profesora Socías- añade- ha jugado un papel de gran relieve, su libro sobre Huntington es definitivo, fundado en una investigación exhaustiva del nutrido archivo de la Hispanic Society, que ha sido embajador permanente de la alta cultura española en EE. UU Siempre se ha dicho que Huntington no compraba obras de arte en España porque estoy en contra de importunar a dichas aves del paraíso posadas en sus alcándaras confiesa en carta a su madre. Pero lo cierto es que buena parte de su colección fue cosechada por sus agentes, decenas de ellos. Según desvela el trabajo de Inmaculada Socias, su red se extendía por otros países, e incluía marchantes profesionales, pero en España actuó de manera continua. Llegada de las piedras de Sacramenia a Everglades (Florida) en 1953 Modus operandi 1 Sacrilegio en Sacramenia La frontera entre el marchante y el historiador, entre el agente y el anticuario es difícil de definir en aquella España. Por ello, la meritoria labor de mecenazgo de Huntington debe quedar también indisolublemente asociada a su actividad comercial. A menudo costeaba a sus agentes viajes para realizar publicaciones culturales que servían además como trabajo de campo para detectar piezas valiosas. Viajar con una carta de presentación de la Hispanic Society abría muchas puertas, y de hecho Arthur Byne comenzó así sus andanzas en España. Autor directo del expolio de los monasterios de Sacramenia y Óvila, estos dos casos para Byne fueron minucias (según el profesor José Manuel Merino de Cáceres, que acaba de publicar una extensa monografía sobre el personaje W. R. Hearst: el gran acaparador en Cátedra) comparados con el cúmulo incontable de arte expoliado sin el menor escrúpulo, empezando por 80 artesonados, innumerables pinturas y miles de piezas. Lo cierto es que Byne acabaría siendo el factótum de Hearst Los agentes avisaban al coleccionista de dificultades con las autoridades que les permitían elevar el precio final de venta y, por tanto, su comisión. Las cartas revelan que siempre amenazaban con que las autoridades de Bellas Artes podían impedir la operación. Si la negociación fracasaba, también se le echaba la culpa a algún loco funcionario. En caso de éxito, Arthur Byne no dudaba en inventar sobornos, demoliciones, costes de extracción de la pieza, lo cual encarecía la pieza. Solía no repercutir estos gastos, al tiempo que convencía a Hearst que adquiriese otras piezas. Las atribuciones eran una dificultad añadida y se avalaban con la genealogía del propietario. Lo malo es que, con los años, muy pocas han resistido los análisis y quedan muy pocos Grecos y Velázquez de aquellos días con su autoría intacta. en España, operando sin dejar rastro desde su palacete madrileño de don Ramón de la Cruz, 5. Se codeó con lo mejor de nuestra sociedad y no hay más que leer la necrológica que publicó ABC (18- 081935, pág. 135; hemeroteca. abc. es) para entender la consideración que, como hispanista condecorado, se le tenía. Desgraciadamente, la ley en España fue siempre por detrás de esta realidad y nunca paró la sangría. Hasta 1911 se permitía el comercio internacional con las obras de arte españolas y, cuando se regula la legislación protectora del patrimonio, al llegar la República, el claustro de Sacramenia, desmontado y empaquetado, ya está rumbo a EE. UU. 2 Un Greco de Aranjuez Precisamente, la destructiva actividad de Byne en España es uno de los principales motivos por los que Huntington rompió con él, y hay que decirlo en su honor. Pero hay otro caso revelador, que tiene por protagonista a Francis Lathrop, otro de sus artistas agentes. En una carta a Huntington acuerdan un código para hablar de un Greco de Aranjuez que perteneció a la Infanta Cristina, pero que sus herederos se disponían a vender en 1901. Acuerdan por carta que la palabra Hold significará compra. Rye Express el Greco. Mayo son 25.000 dólares, junio 30.000, julio 35.000 y agosto 40.000. Al concretar la compra, emitirían un telegrama Hold Rye Express for July que significaba comprar el Greco de los Borbón por 35.000 dólares Pijoan, el autor de Summa artis fue 3