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82 INTERNACIONAL DOMINGO, 30 DE SEPTIEMBRE DE 2012 abc. es internacional ABC El régimen de Teherán encarcela a dos hijos del poderoso ayatolá Rafsanjani por sus vínculos con la oposición Cerco a los Gorbachov de Irán FRANCISCO DE ANDRÉS D os hijos en la cárcel por motivos políticos y el tercero caído en desgracia es un panorama duro de aceptar para cualquier padre. En Irán no es una situación del todo inédita, pero sí lo es, y mucho, cuando se trata del hombre que durante una década fue la mano derecha del ayatolá Jomeini, y a la muerte de este aspiró a pilotar una suerte de apertura como la de Gorbachov en la moribunda Unión Soviética. Akbar Hashemi Rafsanjani, ayatolá- -máxima jerarquía en el clero musulmán chií- fundador junto a Jomeini de la República Islámica de Irán, presidente del país entre 1989 y 1997, y un nombre que todavía inspira miedo y respeto dentro del régimen, está tocado de muerte. Tiene 78 años y ha visto frustrados casi todos sus planes para recuperar el timón de la revolución iraní y llevarla a rumbos de pragmatismo y moderación. Para colmo, el sector duro, el que hoy manda sin ambages, acaba de meter en la cárcel a dos de sus hijos, en un margen de apenas de tres días. Ali Akbar Rafsanjani Principal colaborador de Jomeini y presidente entre 1989 y 1997. Hostigado por el sector integrista Mahdi Rafsanjani El hijo del ayatolá apoyó las protestas estudiantiles de verano de 2009 contra el régimen. Ha sido encarcelado esta semana Faeze Rafsanjani La hija del ayatolá- -en el centro de la imagen- -apoyó con su presencia la revuelta de 2009, reprimida brutalmente REUTERS Caída en desgracia La detención de Faeze Rafsanjani, antigua diputada y líder feminista, estaba ya anunciada desde que, el pasado mes de enero, un tribunal la condenó a seis meses de cárcel por conceder una entrevista a un medio disidente. En sus declaraciones al periódico digital Roozonline Faeze criticaba la violación de los derechos humanos en el país. Su padre logró evitarle la cárcel, pero la semana pasada el Gobierno de Ahmadineyad confirmó que había ingresado en la cárcel de Evin, cerca de Teherán. A mediados de esta semana, otro hijo del ayatolá Rafsanjani, Mahdi, regresó de Londres- -donde se encontraba refugiado desde las manifestaciones de protesta contra el régimen del verano de 2009- -y fue detenido en el mismo aeropuerto de Teherán. Las autoridades consideran a Mahdi Rafsanjani como uno de los instigadores de los disturbios, pero desde 2010 le acusan de malversación y blanqueo de capitales. Su abogado no pudo intervenir y, después de una breve presentación ante el juez, Mahdi ingresó en la misma cárcel de Evin que su hermana. El tercer hijo del ayatolá Rafsanjani, Mohsen, fue forzado por el Gobierno de Ahmadineyad a dimitir de la dirección del metro de Teherán el año pasado. Akbar Hashemi Rafsanjani ha respondido a todos los golpes contra su familia encerrándose en su habitual mutismo. Hace años el contragolpe podría haber sido fulminante, pero hoy, a sus 78 años, el veterano zorro del régimen fundamentalista iraní parece vencido. Su último pulso por desbancar a sus rivales políticos fracasó el año pasado, cuando el Líder Supremo, el ayatolá Jamenei- -a quien Rafsanjani aupó en su día a la sucesión de Jomeini- -consideró que la batalla entre los dos era a muerte. El expresidente Rafsanjani perdió entonces la jefatura de la Asamblea de Expertos, el único órgano en Irán capacitado para relevar al Líder Supremo. Su salida de ese órgano marcó el comienzo de la purga de reformistas dentro del régimen iraní, de la mano de los fieles del presidente Ahmadineyad y en último término de su patrón y el líder del sector duro integrista, el ayatolá Jamenei. La última carta en la manga El rey del pistacho puede perder la corona Rafsanjani es sinónimo en Irán de enorme poder político, con sus altibajos. Y de incuestionable poder económico. El ayatolá Rafsanjani no solo ha ostentado casi tanto poder como Jomeini en Irán- -aunque no presuma de parentesco con el profeta y deba contentarse con el turbante blanco- sino que además es inmensamente rico. Su familia tiene el monopolio del pistacho, tanto el de consumo interno como el de la exportación. El rival oficial de Akbar Rafsanjani, el presidente Ahmadineyad, le ha quitado a dos hijos y también quiere quitarle el negocio. En una reciente intervención, el presidente iraní animó a los ciudadanos a plantar pistacho en unos terrenos cercanos a una presa recientemente inaugurada junto a Teherán. Después del fiasco de la presidencia de Jatamí- -un reformista de cartón piedra, ideólogo del diálogo de civilizaciones y con los dos rivales de Ahmadineyad en las elecciones de 2009 en prisión domiciliaria, la última esperanza de un cambio dentro del régimen había vuelto al veteranísimo Rafsanjani. Pero el sector duro imperante ha decidido mostrarse implacable cebándose con su familia. El silencio de Rafsanjani puede ser un indicio de que el superviviente de la revolución jomeinista contempla ya cómo sus fuerzas se extinguen. O quizá, como apuntan algunos, de que prepara una venganza fría para ganar la última batalla.