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14 OPINIÓN AD LIBITUM PUEBLA DOMINGO, 30 DE SEPTIEMBRE DE 2012 abc. es opinion ABC MANUEL MARTÍN FERRAND IRRESPONSABLES La asunción de la responsabilidad es algo desacostumbrado en nuestra vida pública N O se tienen noticias de que el temporal inaugural del otoño, que se ha cobrado unas cuantas vidas en la franja mediterránea, se haya llevado por delante ninguno de los puentes romanos y medievales que por allí resisten. Los puentes caídos, de impresionante imagen fotográfica, son de construcción reciente, debidos a la iniciativa del Ministerio de Fomento- -antes, de Obras Públicas- -y proyectados y levantados por empresas de mucho postín y beneficio. Ya sabemos que existe la fatalidad y que el destino conlleva caprichos que superan la previsión humana; pero, ¿qué puede explicar que la furia de la naturaleza trate de modo tan desigual a los puentes antañones que a los recién construidos? Supongo que el sentido de responsabilidad de sus constructores. Lo deseable y acostumbrado es que los ríos pasen por debajo de los puentes pero, cuando se produce la anomalía de que lo hagan por arriba, debiera generarse una inmediata exigencia de las responsabilidades políticas, empresariales y técnicas que coincidan en el caso. ¿Qué empresas fueron favorecidas por la adjudicación de las obras que, incluso antes de su periodo natural de amortización, se vienen abajo? La asunción de la responsabilidad es algo desacostumbrado en nuestra vida pública. De esa carencia viene la abundante desconfianza que los políticos, electos o designados, suscitan en el común de los ciudadanos. Ahora, por ejemplo, sabemos que Bankia, Catalunya Banc, Novagalicia y otras cuatro entidades financieras necesitan 53.700 millones para ir tirando. Lo sabemos porque nos lo dice, previo pago de su importe, un consultor internacional de campanillas, Oliver Wyman. No, como sería exigible, porque nos lo advirtiese, en tiempo y forma, la gran institución del Estado especializada en el tema, el Banco de España. ¿No hay responsables? La palma de la catástrofe financiera se la lleva, con gran merecimiento, Bankia, la colección de monstruos de la especialidad que se agrupa sobre los restos de Caja Madrid. La institución- ¡a cualquier cosa llaman chocolate las patronas! -ha sido albergue de componendas políticas y sindicales y sede de paniaguados militantes desde los albores de José María Aznar en La Moncloa. ¿Tampoco hay responsables? Catalunya Banc, con 10.825 millones de agujero, también toma razón de su condición de balneario para políticos en desuso y decadencia; pero, según parece- -como ocurre con Novagalicia y los demás- ni los beneficiarios que las rigieron ni los partidos que les colocaron han sido conducidos ante la autoridad judicial por mandato del juez de guardia a instancias de la Fiscalía Anticorrupción. Por cierto, ¿la hay procorrupción? La mala calidad de nuestra democracia se cimienta en esa generalizada irresponsabilidad, no en el destino. PRETÉRITO IMPERFECTO FRANCISCO J. POYATO CERRADO POR COMPETENCIA Justo ahora que se apostaba por la microeconomía de los servicios, dejamos intacto el paisaje de la ciudad intervenida Q UE Córdoba es una ciudad intervenida era una sensación que habitaba nuestras tertulias hace apenas tres ratos. Cuando no era una moratoria a las grandes superficies para salvar al pequeño comercio, era una queja permanente por la guerra de precios en las habitaciones de un hotel; unas extrañas maniobras en la tramoya empresarial por un inversor despistado, o las nefastas consecuencias para el consumidor de a pie, hoy ya en peligro de extinción, al toparse con determinados gremios sin competencia y bien atrincherados en las ordenanzas que reglamentan hasta la forma de dirigirse al taxista que conduce. Pasó lo que pasó. Ahora hemos visto llegar a los leroymerlines decathlones hipercores y demás vedettes de la pasarela de la distribución y sólo nos ha faltado rememorar el pintoresco rincón cinematográfico de Berlanga y su pueblito de Villar del Río. En una década, las marcas sobrevolaban Córdoba al olor de los apetitosos estudios de mercado, pero acababan pinchando en hueso. Resulta cansino ya toparse muchos domingos con el dichoso cartelito de Cerrado cuando se intenta ejercer de cicerone de una ciudad para la que los ojos que vienen de fuera tienen demasiada paciencia y generosidad con algunas de las escenas que se encuentran. El alarde gastronómico dialéctico que sirve de antesala, acaba empotrado en el portón del restaurante o la taberna de turno que ha decidido medir bien esos de los tiempos. Debe ser que a esta ciudad no le sale la vena competidora. Debe ser. Saben que el Gobierno aprobó en julio un real- decreto por el que aquellas ciudades con tirón turístico- -bajo unos parámetros de ocupación y estancia- -podrían delimitar zonas para que los comercios tuvieran libertad absoluta de horarios. Un atractivo más al visitante, un reclamo más para la caja en medio de la orfandad consumista. A fin de cuentas, una herramienta más para darle la vuelta al negocio o buscar clientes dentro de las posibilidades de cada establecimiento. La iniciativa tiene su fondo de sentido común si la extrapolamos a los actuales hábitos de consumo por los que las jornadas laborales y las casas con un matrimonio en la faena se ven abocados a buscar horarios de compra distintos a los que provienen de la noche de los tiempos. ¡Ooh, Madrid! Justo cuando el Ayuntamiento de Córdoba está haciendo todo lo posible por reactivar la microeconomía de los servicios agilizando las licencias, abriendo equipamientos públicos a la explotación privada (Mercado de la Victoria, por ejemplo) y generando una estrategia para que el turismo- -un millón de pernoctaciones- -no se nos caiga, la oportunidad de aprovechar la libertad horaria en zonas con alta afluencia venía como anillo al dedo. Más si cabe con una estancia media de risa y el reto de ocupar noches y espacios del día que no sean el grácil paseo por el Puente Romano, la Mezquita- Catedral y al autobús ligeritos. Sepan que sólo tres de cada diez turistas que pisan nuestras calles se deciden por comprar. En esas estábamos, con la sombra de la ciudad intervenida desvaneciéndose ya por la Sierra, cuando el Ayuntamiento ha decidido no variar el paisaje ni un ápice. La zona elegida con libertad de horarios es la protegida por la Unesco. Del Conservatorio a la Calahorra, de San Basilio a la calle Feria. Zona en la que ya la Ley del Comercio de Andalucía permite libertad de horarios a las tiendas con menos de 300 metros cuadrados. Es decir, casi todas. Eso sí, nos ha quedado un consenso muy apañado. Entiendo que haya comerciantes que no puedan competir con las grandes superficies. Ni ahora, con libertad de horarios, ni antes, sin ella. Otra cosa es reinventarse y adaptarse a la realidad. David le ganó a Goliat, y creo que fuera de jornada.