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ABC DOMINGO, 30 DE SEPTIEMBRE DE 2012 abc. es ENFOQUE 5 Baltasar Garzón, puño en alto, junto a Cristina Almeida y los líderes de UGT y Comisiones Obreras EFE Garzón, con las víctimas de Franco Galas del sábado JESÚS LILLO Decenas de manifestantes siguen en Sol las consignas de Garzón AFP Como aquellas copleras que tuvieron que hacer las maletas y, sin billete de vuelta, cruzar el Atlántico cuando la música yeyé las dejó sin mercado en España, Baltasar Garzón tira ahora de repertorio clásico en una Iberoamérica en la que no pasa de moda su izquierda de volante y castañuela. De Nicaragua a Ecuador, pasando por Morelos, donde parece que le ha salido otra gala, el hombre que espiaba a los abogados ha sabido encontrar escenarios dignos de su arte, tan incomprendido en una España sin margen ya para seguir pendiente de ajustes de cuentas de hace sesenta y tantos años, una España que, entre recortes y privaciones, no va a tener más remedio que completar su Transición de golpe, con la calculadora en la mano y echando números. Aquí y en Barcelona. Después de cautivar al público americano, Garzón regresa con la tonadilla de siempre a ese Cantares que sin periodicidad fija presentan en Sol los líderes sindicales y que viene a explicar el trazado de una de esas brechas que rasgan la piel de España cuando, como ahora, se tensa. Montado sobre un drama personal que merece otro trato, el negocio de la memoria histórica- -como el de la ruina económica, que explota el nacionalismo- -forma parte de esa red de pequeñas y medianas empresas que funcionaron mientras hubo dinero público para prolongar una Transición que, puestos a ahorrar, convendría ir cerrando.